El fabricante de coches australiano, Holden, filial de General Motors, aseguró hoy que la quiebra de la compañía estadounidense no afectará sus operaciones en Australia y Nueva Zelanda, y añadió que no hay planes de recortes en los puestos de trabajo. "Las operaciones de Holden en Australia y Nueva Zelanda no van a sufrir cambios, y esperamos que continuará así", afirmó el director gerente de la compañía, Mark Reuss, en conferencia de prensa. Holden tiene una plantilla de 6.000 personas en Australia, donde el Gobierno aprobó el pasado diciembre un fondo de 6.200 millones de dólares australianos (3.532 millones de euros o 4.952 millones de dólares) para ayudas a la industria del motor.