Los últimos movimientos en el cruce Euro/dólar, han sido otra muestra visible de lo que dirige actualmente las tendencias del mercado de divisas entre las economías desarrolladas. 
Todo está relacionado con las acciones de los bancos centrales, particularmente con las tendencias relativas de sus balances (el diferencial de los tipos ha llegado a ser mucho menos relevante en un entorno de tipos muy bajos). Basándonos en esta evaluación, seguimos esperando un euro/dólar cerca del 1,20 para finales de año. De hecho, desde 2011, las tendencias del euro/dólar se pueden explicar claramente por la evolución relativa de los balances de la FED y el BCE. Vamos a empezar con una breve recapitulación de la historia reciente para ver hacia donde podríamos estar dirigiéndonos. Desde la segunda mitad de 2010 hasta mediados de 2011, el BCE se mantuvo básicamente inmóvil dado que su balance no experimentó ningún cambio como porcentaje del PIB. Además de eso decidió elevar el tipo de refinanciación dos veces para prevenir las presiones inflacionistas… Al mismo tiempo, la Fed se encontraba en medio de su segundo programa de inyección de liquidez. El tipo de cambio euro/dólar se elevó por encima de 1,45.

Durante el verano de 2011, tuvieron lugar dos acontecimientos simultáneamente. El segundo programa de inyección de liquidez de la Fed concluyó. El BCE empezó a inyectar grandes cantidades de liquidez en el sistema bancario a medida que la crisis soberana se expandía hacia Italia y España. Entre mediados de 2011 y mediados de 2012, mientras el balance de la Fed dejaba de crecer como porcentaje del PIB, el BCE aumentaba el tamaño de su balance desde el 20% del PIB hasta más del 30%, a través de diversas operaciones (como la LTRO…). Durante ese periodo, el euro/dólar cayó cerca del 1,20 en julio de 2012.

Durante el verano pasado, la declaración de Mario Draghi de que iba a hacer todo lo necesario para salvar el euro y el anuncio del BCE del programa OMT, consiguieron relajar bastante las tensiones en el sistema financiero europeo, permitiendo al banco central dejar de aumentar su balance. Mientras tanto, la Fed lanzó en primer lugar el plan QE 2.5 (compras de activos respaldados por hipotecas) y luego introdujo el QE 3 en diciembre del año pasado, volviendo no obstante a aumentar su balance. A principios de 2013, el balance del BCE estaba incluso descendiendo debido a que algunos bancos europeos estaban devolviendo parte de las inyecciones de liquidez de la LTRO. El euro/dólar escaló de nuevo por encima del 1,35.

Desde febrero, se ha introducido en el juego otra pieza clave, la especulación sobre cuándo la Fed reducirá (o parará) sus compras de bonos, ya que los datos económicos de EEUU están bien orientados. Esto proporcionó apoyo al dólar americano, mientras que el euro se debilitaba, esta vez debido a la incertidumbre que rodeaba las elecciones italianas, la crisis de Chipre y las crecientes expectativas de que el BCE proporcionaría flexibilización adicional dado que los datos económicos permanecían muy deprimidos. El euro/dólar cayó entonces por debajo de 1,28.

A principios de abril, el BCE admitió su preocupación por la debilidad de la actividad económica en la eurozona, pero no ofreció ninguna política monetaria de flexibilización y tampoco dio ninguna pista de tener intención de hacerlo todavía. Más adelante, unos datos de empleo más débiles de lo esperado en EEUU amortiguaron las expectativas sobre una salida prematura de la Fed del programa de inyección de liquidez. El cambio euro/dólar subió al 3,31.

De cara al futuro, la tendencia todavía parece bastante clara para nosotros: el BCE tendrá que adoptar, más pronto que tarde, una postura más flexibilizadora dado que las esperanzas de que se produzca una recuperación económica en la segunda mitad de 2013, parecen ahora exageradas. Paralelamente, dado el momentum positivo para la economía de EEUU, la Fed se inclinará cada vez más hacia una política monetaria gradualmente menos acomodaticia. Una reversión en la tendencia relativa en los balances de los bancos centrales a ambos lados del atlántico, es probable sin embargo que tenga como resultado un euro más débil en contra de un dólar americano en un horizonte temporal de un año. Por el momento debemos estar atentos a los movimientos de los bancos centrales.