Después de haber sufrido descensos en los índices bursátiles de todo el mundo, los países periféricos vuelven a situarse en el ojo del huracán. Así, la prima de riesgo española, superó los 430 puntos básicos y los bonos a 10 años se situaron en rentabilidades cercanas al 6%, cifras que no se alcanzaban desde el pasado mes de noviembre. Como consecuencia, los seguros contra impago o CDS se incrementaron hasta los 480 puntos, casi replicando los niveles que éstos alcanzaron antes de las inyecciones de liquidez por parte del BCE a final del año pasado.


Son varios frentes los que están provocando esta vorágine bajista en las bolsas de Europa, pero sobre todo en los tipos de interés que países como España, Italia o Portugal tienen que pagar para poder financiarse. Los inversores de todo el mundo no se creen que la economía española sea capaz de reducir el déficit público al 5,3%, tal como dicta el Eurogrupo y a la vez generar ingresos suficientemente elevados como para hacer frente al pago de sus deudas. El gobierno actual está actuando en esta línea, tratando de reducir el gasto, aumentando los impuestos especiales y posible incremento del IVA si fallan las medidas de amnistía fiscal planteadas por el ejecutivo.

No es de extrañar que sean muchas las voces discordantes con estas medidas, entre ellas el FMI, donde aboga por incrementar el fondo de rescate europeo y en el caso de España, por una quita en la deuda de los hogares donde las hipotecas funcionan con tasas de interés variable, permitiendo a su vez la actuación de políticas monetarias que alivien las tensiones en los mercados financieros. Estas afirmaciones tienen mucho de lógica, cuando el endeudamiento privado de los españoles pasó de representar el 100% del PIB en 2001 al 200% en 2008.

Por lo tanto, con unas perspectivas de crecimiento negativo, menos gasto público, más impuestos, más que probables incrementos de la volatilidad y de las primas de riesgo, tasas de paro cercanas al 23 %, una economía sobreendeudada y con problemas de morosidad, el sector bancario con necesidades de capital y sobre todo con el crédito a familias y empresas prácticamente cerrado, hace muy difícil creer que esto tenga fácil solución o que España vaya a ser rescatada.

Pero hay que contar con varias cosas, entre ellas que pertenecemos a la Unión Europea y sobre todo a la Zona Euro con toda responsabilidad que ello conlleva. Por un lado, Alemania exige reducciones del déficit muy duras y que  lastran el crecimiento y el consumo, pero si las tensiones se intensifican, el BCE podría incrementar los estímulos macroeconómicos ya que los efectos de la LTRO a 3 años, mediante la cual los bancos españoles compraron deuda pública, están llegando a su fin. No se descarta un aumento de las compras de activos por parte del Banco Central o una bajada de tipos que ayuden a relajar las primas de riesgo y estimular el crédito y la inversión. En los escenarios posibles no se contempla una salida de los países periféricos de la moneda única, la cual provocaría una reacción en cadena no sólo en el viejo continente, sino que el efecto contagio se extendería a EEUU y resto de países emergentes.

También es cierto que no existe dinero suficiente para rescatar a España o Italia y a pesar de que estamos viviendo momentos duros y de gran incertidumbre, pensamos que el Euro no va a resquebrajarse por el bien de la economía mundial y de sus ciudadanos.

Las medidas que pueda tomar el BCE volverán a dar tiempo y un respiro a los inversores, aunque hay que tener en cuenta que estas ayudas son finitas y el fantasma de la inflación que están detrás de todas estas decisiones, está siempre presente.

Por otro lado, si el crecimiento en EEUU y la creación de empleo no son constantes, quizás se vean obligados a volver a estimular de nuevo la economía, tal como hicieron en el pasado con el QE1 y QE2. Esto, unido a las bajas perspectivas de incrementos del PIB a nivel europeo, probablemente afecte a la paridad euro/dólar reduciéndose el valor de la moneda europea, beneficiando a sus exportaciones.

Hay que destacar que la UE es uno de los principales socios comerciales de países como China, la cual no se vería beneficiada de una reducción de las importaciones europeas y menos de una pérdida del poder adquisitivo de sus ciudadanos. Es cierto que los países emergentes pronostican una desaceleración suave de su crecimiento, sin embargo, sí podrían actuar invirtiendo en países con problemas donde las empresas están a precios de saldo, o incluso comprar activos de deuda soberana beneficiándose de sus altos rendimientos, así como deuda del fondo de rescate.

Por ello, desde Aspain 11 abogamos no sólo a la actuación de los bancos centrales, si no por la reestructuración interna de las economías de cada país, empezando por no ahogar al empresario incrementando impuestos y reduciendo su margen de maniobra a la hora de invertir, innovar y emplear. La economía española necesita reinventarse, diversificarse y hacerse más competitiva a nivel internacional y si es necesario pedir ayuda a nuestros socios europeos pues debería pedirse. Estamos todos en el mismo barco y los compromisos a la hora de conseguir los objetivos son muy serios. No sólo necesitamos tiempo, sino también cambios que nos permitan crecer en el futuro y que no sigan destruyendo empleo provocando que los jóvenes tengan que buscarse la vida en otros países e intentando no acabar con el estado de bienestar que tanto esfuerzo ha costado crear.