El Gobierno alemán ha ligado el destino de las operaciones europeas de General Motors a la titubeante economía rusa al elegir al proveedor de componentes Magna International  como socio para Adam Opel. El plan de Magna -respaldado por la financiación de Moscú- depende de los ambiciosos objetivos de ventas para Rusia y aunque el mercado automovilístico está en camino de convertirse en el mayor de Europa, también ha sido uno de los más rápidos en contraerse desde que comenzó la recesión el pasado otoño. GM ya vende uno de cada nueve de sus automóviles en Rusia, pero los medios locales sugieren que Magna quiere triplicar las ventas anuales de la compañía en el país hasta un millón de unidades, un objetivo que muchos analistas no consideran realista. El plan de Magna podría también traer problemas para el segmento de producción. La oferta ha sido posible gracias a la entidad financiera rusa OAO Sberbank, controlada por el Estado, y el Gobierno quiere que se desplieguen líneas de producción nacional para fabricar modelos de GM. Sin embargo, la propia planta de GM en Rusia ha estado parada durante la mayor parte del año y el Gobierno germano no permitirá que la compañía ganadora varíe la producción en el extranjero.