El permanente y creciente compromiso con la sostenibilidad y la respuesta a la demanda energética invitan a una reflexión sobre el papel que la industria de los hidrocarburos representa hoy y el que representará mañana en el modelo energético global.

Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) el consumo energético en el mundo se incrementará en un 40% hasta 2030 y, para entonces, un 80% de la energía primaria será cubierta por combustibles fósiles, sobre todo en el sector transporte.

A modo de ejemplo para entender y enmarcar estas magnitudes, en Europa Occidental tenemos un coche por cada dos personas. En China donde hay un sólo vehículo por cada cincuenta habitantes, las previsiones apuntan a que se alcancen 65 coches por cada mil habitantes en 2025. Este pequeño aumento supone que el gigante asiático va a crear en quince años el equivalente a la suma de los parques automovilísticos actuales de España, Portugal, Francia e Italia, con el incremento energético que ello supone.

A esta creciente demanda se une la necesidad de proporcionar energía más barata y sostenible, de forma que permita el desarrollo social necesario para dar calidad de vida, educación, salud e igualdad de oportunidades a los miles de millones de personas que hoy viven fuera de nuestros estándares.

Este suministro no puede ser respondido solamente por un tipo de recursos. Necesitamos que coexistan todos los tipos de energía, las convencionales y las alternativas, producidas en términos justos y equilibrados para el sistema energético y de un modo cada vez más eficiente y sostenible.

El nuevo modelo energético global requiere una transformación, y no hay motor de cambio más poderoso que la tecnología. Por ello en Repsol apostamos por el liderazgo tecnológico para afrontar el doble reto de proporcionar la energía necesaria para el bienestar de las generaciones futuras, y la obligación de facilitar esta energía de la forma más limpia y respetuosa.