El presidente de EEUU, George W. Bush, dejará a su sucesor un país endeudado hasta el cuello, un dólar hundido en la miseria y una nación cuya estructura de clases va camino de parecerse a la de México o Brasil. Así lo asegura el premio Nobel de Economía de 2001, Joseph Stiglitz, en un artículo del número de diciembre de "Vanity Fair" que aparece en la página web de la prestigiosa revista.
"Cuando miremos en retrospectiva a la catástrofe que fue la Administración Bush, pensaremos en muchas cosas", dice Stiglitz, quien menciona "la tragedia de la guerra de Irak, la vergüenza de Guantánamo y Abu Ghraib y la erosión de las libertades civiles". El experto, que imparte clases en la Universidad de Columbia (Nueva York), destaca que aunque "el daño infringido a la economía estadounidense no aparece cada día en los titulares", sus repercusiones "se dejarán sentir más allá de la vida de cualquiera que esté leyendo esta página". Insiste en que el hecho de que la economía no haya entrado en recesión durante los casi siete años de Bush en la Casa Blanca o el que la tasa de desempleo esté en un respetable 4,6%, pueden hacer pensar que el actual presidente realizó una buena labor. Pero Stiglitz llama la atención sobre la otra cara de la moneda. Destaca, en ese sentido, un sistema fiscal que favorece "terriblemente" a los ricos, una deuda nacional que "probablemente" habrá aumentado un 70% cuando el actual presidente deje el poder, una enorme morosidad en el sector inmobiliario y unos precios del petróleo más altos que nunca debido, en gran medida, a la inestabilidad en Oriente Medio. A ello hay que sumar "un dólar tan débil que comprar un café en Londres o París se ha convertido en una operación de altas finanzas". Esto no acaba ahí, ya que, según Stiglitz, "tras casi siete años de este presidente, Estados Unidos está peor preparado que nunca para afrontar el futuro". El Nobel recuerda que el país no ha invertido lo suficiente en educar a ingenieros y científicos, "a la gente con las cualidades necesarias para competir con China e India". "No hemos invertido en el tipo de investigación que nos convirtió en la potencia tecnológica del siglo XX y, aunque el presidente entiende ahora -o al menos eso dice- que debemos de alejarnos del hábito de usar petróleo y carbón, durante su mandato hemos aumentado la dependencia de ambos", destaca el académico. Stiglitz hace hincapié en que cuando Bush llegó a la Casa Blanca, en enero de 2001, Estados Unidos tenía un superávit de 2,2 billones de dólares, que pudieron haberse invertido en áreas clave. "Pero la Administración Bush tenía sus propias ideas", dice Stiglitz, que recuerda que la primera gran iniciativa económica del presidente fue un masivo recorte fiscal para los ricos en junio del 2001, al que le siguió otro en el 2003. "Los que tenían ingresos por encima del millón de dólares recibieron un recorte fiscal de 18.000 dólares, más de 30 veces superior que el que recibió el estadounidense medio", dice el autor. El artículo apunta que el crecimiento económico ha favorecido a los que no necesitaban ayuda y destaca que un estadounidense de 30 años tiene unos ingresos, ajustados por inflación, un 12% inferiores a los que tenía su padre hace 30 años. Además, unos 5,3 millones más de estadounidenses viven ahora en la pobreza que cuando Bush fue elegido presidente, lo que lleva a Stiglitz a concluir que "la estructura de clase de EEUU (...) sigue la dirección de Brasil y México". A lo anterior hay que añadir el enorme coste de la guerra en Irak, que según las cifras oficiales supera ya el medio billón de dólares, pero que según Stiglitz podría superar en cuatro veces esa cantidad si se añaden cifras como los incentivos para reclutar soldados o las pensiones vitalicias a soldados heridos. "Es normal preguntarse, ¿qué habríamos hecho con ese dinero si lo hubiéramos gastado en otras cosas?", dice el autor, quien recuerda que la ayuda estadounidense a Africa ronda los 5.000 millones de dólares anuales, el equivalente a menos de dos semanas de gastos en Irak.