
Al frente de todas las economías, Estados Unidos con un volumen de deuda que supera los 38 billones de dólares, lo que supone el 125% de su Producto Interior Bruto (PIB). Le sigue China con unos 18,7 billones de dólares (93% del PIB), aunque si a esa cifra se le suma la deuda privada y corporativa se alcanza el 300%. Y un caso llamativo y crónico es el de Japón con 10 billones de dólares de deuda, en torno al 230% de su PIB.
El conjunto de la Unión Europea se mueve en torno al 81% del PIB y en caso de España se alcanza el 100% (1,7 billones de euros), con mayor endeudamiento todavía para Italia o Francia. El miedo a que esta deuda tenga problemas para refinanciarse salta de tanto en tanto en los mercados como una gigantesca amenaza para los inversores y puede también explicar parcialmente la fortaleza de inversiones reales como el oro físico.
Pero las previsiones de los agoreros sobre la deuda mundial, que según el Fondo Monetario Internacional (FMI) alcanzará el 100% del PIB mundial a final de esta década, nunca termina de cumplirse. Se viven sustos momentáneos como el episodio más reciente de Francia, el temor a que los bonos estadounidenses suban mucho sus rentabilidades por la salida de inversores o un Japón con una abultadísima deuda crónica.
Una canción que se repite año tras año pero que no termina de sonar. Las pérdidas en los mercados de deuda obedecieron a las tensiones inflacionistas tras la pandemia de la Covid-19, pero el pasado año volvieron las ganancias a estos mercados, fruto de unos tipos de interés más bajos y de la apreciación del bono para ajustarse a esa realidad. Y en este 2026 pese a la acumulada depreciación del dólar que hace poco interesante invertir en el billete verde, los tipos de interés de su deuda caen ligeramente, generando otra vez plusvalías en el precio del bono que actualmente ofrece una rentabilidad del 4,098%, cuando comenzó el año en el 4,153%. Lo mismo podría decirse del bono español, ahora con una rentabilidad del 3,182% que al cierre de 2025 se movía en el 3,292%. Incluso el bono francés a 10 años también ha bajado desde el 3,56% de diciembre hasta el 3,32% actual (ya nos hemos acostumbrado a que los franceses paguen más por su deuda que nosotros).
Una evolución en el mercado secundario de deuda que muestra fortaleza con compra de los bonos que permiten rebajar las rentabilidades. Y, de momento, no se habla de intervenciones de los bancos centrales que resultarían inútiles en caso de una salida masiva de inversores.
El problema del endeudamiento público esta ahí y nadie puede tapar esas gigantescas cifras que año tras año van creciendo con el aumento de los déficits. Pero el esperado crack nunca llega. Aparte de consideraciones políticas, de un mercado muchas veces intervenido durante las crisis, gran parte del mercado financiero está montado sobre esta deuda.
El ingente dinero de los fondos de inversión de renta fija se nutre principalmente de este papel público. Las entidades financieras cuentan con abultadas inversiones en bonos de distintos Estados. A nadie le interesa abrir el melón de la capacidad de pago de la deuda mientras se vayan cobrando los intereses (muchas veces con emisión de más deuda). El lobo feroz de la deuda sigue sin aparecer en el cuento de Pedrito, aunque esté ahí cada vez más robusto y acechante.

