Los bancos centrales de los países del G-10, formado por las principales potencias del mundo, creen que la economía mundial tiene un alto potencial de crecimiento pese a la actual crisis de los mercados financieros. Tras el encuentro bimestral del G-10 en la sede del Banco de Pagos Internacionales (BPI) en Basilea (Suiza), el presidente del Banco Central Europeo (BCE) y portavoz del grupo, Jean-Claude Trichet, afirmó que los acontecimientos actuales de los mercados financieros requieren una "observación muy atenta".
Trichet pronosticó que la "época de oro" de la economía mundial aún no ha terminado, ya que se dan las condiciones económicas para un crecimiento fuerte en muchos países industriales y emergentes, si bien advirtió de que los riesgos coyunturales han aumentado. El presidente del BCE señaló que las principales potencias mundiales observan las perspectivas coyunturales globales atentamente y consideran "importante" que los mercados de dinero funcionen correctamente. En las últimas semanas, los bancos centrales mundiales han inyectado liquidez para asegurar la estabilidad en los mercados de dinero, aunque los miembros del G-10 no consideraron que estén rescatando a los inversores con estas acciones, ya que "sacar de apuros a malos inversores sería lo peor que se puede hacer", dijo Trichet. "Observamos que tendremos que seguir con mucho cuidado lo que ocurra, en particular, en EEUU", ya que el impacto de la crisis en la economía de ese país influirá en la economía mundial, que, según los bancos centrales, tiene "una base sólida". Los gobernadores de los bancos centrales del G-10 y de algunas economías emergentes se reúnen cada dos meses en la sede del Banco de Pagos Internacionales (BPI) en Basilea para analizar la situación de la economía mundial. Los miembros del G-10 son en realidad once países: Alemania, Bélgica, Canadá, EEUU, Francia, Holanda, Italia, Japón, el Reino Unido, Suecia y Suiza.