Tercera mayor caída anual del Ibex, que cierra por debajo del soporte de los 9.200 puntos, y que acelera su cita con los mínimos anuales de los 8.850 puntos. Por debajo de este nivel, las cotas inferiores quedan muy lejos. En la jornada de hoy, todo lo que podía ir mal, salió mal. Todo empezó por un mal cierre de Wall Street de ayer que, lejos de confirmar el rebote europeo superior al 1,5% en la jornada del lunes, acabó en negativo, presionado por el sector petrolero ante la disipación del peligro del huracán Alex, que podía afectar a las plantes del Golfo de México.
Pero especialmente negativo fue lo ocurrido en Asia durante la madrugada. El Nikkei de Tokyo perdía el 1,3% de la mano de un muy mal dato de empleo, aumentando en el mes de mayo hasta el 5,2%, y una importante subida del Yen, que castigaba a las exportadoras, el sector más importante de la economía nipona. Aunque lo realmente grave tenía lugar en China.

El gigante asiático se ha convertido este año en protagonista, abandonando su papel secundario. Frente a las malas noticias provenientes de EEUU (relativas a la regulación financiera) y a las peores noticias europeas (problemas de deuda soberana), China suministraba a los mercados balones de oxígeno de la mano de su crecimiento y de las expectativas sobre el futuro de éste. Hace una semana, con la semiliberalización del Yuan, y la lectura que Occidente hacía de ello, lo pudimos comprobar. Pero hoy ha ocurrido lo contrario. El Indicador de abril de la Conference Board adelantaba un menor crecimiento en el país asiático, y las cotizaciones de las materias primas (que tienen en esa región su mayor consumo) caían con fuerza. Además, se especulaba con un precio menor de lo previsto en las acciones del Agricultural Bank of China, cuarto y último de los grandes bancos chinos que no cotizaba en bolsa, y que comenzará hacerlo este miércoles.

A la apertura de Europa, por tanto, el sector de recursos básicos, las petroleras y el sector bancario tenían presión bajista, originada desde Asia. Y a esto hemos añadido los problemas domésticos, como la preocupación por el vencimiento de liquidez de 450.000 millones de Euros inyectado por el BCE hace un año, y que va a resultar improrrogable. La especulación de que los bancos de los países más afectados iban a tener serios problemas atraía rápidamente la secuencia de especulación que ya conocemos desde hace meses: Euro a la baja, CDS y Spreads de deuda al alza, y caídas en los valores financieros, amenazados también por los proyectos sobre gravámenes a su actividad, y que podrían llegar a ser del 15% de los beneficios en el caso de los bancos alemanes.

Los dos grandes bancos españoles, Santander y BBVA, son los que mayor castigo suelen tener en este tipo de jornadas, por una razón sencilla: de todos los valores de los países afectados por problemas (Grecia, Portugal, España, Italia), son los dos más líquidos y, por tanto, los más fáciles de especular en su contra, tomando acciones prestadas, y concentrando la especulación contra todo el sector.

Las constructoras se unían también a las bajadas (y aquí es EEUU el que peor noticias proporciona últimamente, con datos de venta de vivienda muy negativos).

En la apertura de Wall Street, conocíamos el dato de Confianza del Consumidor de la Conference Board de mayo, que quedaba mucho peor de lo esperado, y coronaba una jornada para olvidar.

Desde el pasado miércoles, al conocerse el discurso de la FED mucho más pesimista que de costumbre, el sentimiento imperante es netamente negativo. Y esto en una semana en la que hay emisiones de deuda por parte de varios países, entre ellos España el jueves.



Daniel Pingarrón Salazar, Estratega de Mercados de IG Markets