Con los tipos de interés oficiales por los suelos, aquellos productos de renta fija que nos ofrecen cupones anuales del 9% deberían llamar nuestra atención acerca de si incluyen algo más que un simple bono. Normalmente dichos productos llevan ligados opciones que elevan tanto su posible rentabilidad como el riesgo que se asume.
Hace unos días llamó mucho mi atención el caso de Leona Miller que leí en la web de Bloomberg. Se trataba de una esteticista retirada de 84 años, residente de San Diego, quien hace dos años contaba con algunos ahorros y pretendía invertirlos en algún producto de poco riesgo que le pudiera proporcionar alguna rentabilidad no muy alta, pero sí permanente. Su broker, Wachovia Corp. le recomendó un producto de renta fija que le proporcionaba unos intereses anuales del 9%. En tan sólo seis meses, la señora Miller había perdido ya el 30% de su inversión inicial de 20,000 dólares, y los bonos iniciales fueron convertidos en acciones de Merk & Co. Aquella pensionista, quien no podía entender qué es lo que había ocurrido con sus ahorros, había adquirido unos bonos estructurados que incluían un producto derivado (en concreto, opciones put).

Según un estudio realizado por Blooomberg, durante el pasado mes de agosto la oferta de este tipo de bonos estructurados se había incrementado en un 58% llegando a una "colocación" total de casi 32,000 millones de dólares. Y es que actualmente, en EEUU, con los tipos de interés oficiales casi en el 0%, los inversores, cada vez más,están centrando su atención en productos derivados de renta fija como los "reverse-convertible notes" los cuáles llevan incorporados opciones ligadas a la evolución de una acción. Es decir, nada que ver con los productos tradicionales de renta fija que nos ofrecen un cupón fijo anual (mayor o menor, dependiendo del rating del emisor). En este caso concreto, si la acción de Merck no caía por debajo de un cierto nivel, la señora Miller hubiera recibido un cupón del 9%; pero como se pueden imaginar, dicha acción cayó por debajo del nivel "knock-in" y se le entregaron acciones de dicha compañía por un 70% del valor incial. Aquí está la "trampa", lo que se vende como una inversión de renta fija, al incluir derivados (en este caso una opción put ligada a la evolución de una acción concreta), puede convertirse en un producto de renta variable 100%.

Lógicamente muchos inversores con poco conocimiento de los mercados financieros, se dejan seducir por estos productos derivados tan atractivos "a priori". Pero cuando los tipos oficiales están muy cerca del 0%, el hecho de que nos ofrezcan un producto de renta fija que nos paga un cupón anual del 9%, debería hacer saltar todas nuestras alarmas. Dichos productos, para poder ofrecer ese tipo de rentabilidades, llevan asociados una opción. Eso quiere decir que ya estamos asumiendo un riesgo más elevado. Cuando compramos una opción, estamos haciendo una apuesta sobre la evolución de algún subyacente, por lo que si el mercado se mueve al contrario de nuestros intereses, perdemos la prima que hemos pagado por dicha opción. Mucho más riesgo asumimos cuando vendemos dicha opción, ya que las pérdidas no se pueden conocer de entrada.
 
Dicho esto, vamos a destacar dos consejos muy importantes que debemos de seguir a la hora de invertir nuestros ahorros: 1) Elegir un buen asesor. Una persona o entidad fiable y de contrastada reputación. Algo muy importante es que sean independientes. Muchas veces dichos asesores se llevan mejores comisiones en función de los productos "que colocan" a las personas que asesoran. Por lo tanto, tener un asesor de confianza es fundamental. Alguien que conozca muy bien nuestro perfil de riesgo, y que sea capaz de crear una cartera diversificada y que sea la más adecuada a nuestras necesidades. 2) Elegir un producto que podamos entender: La labor de nuestro asesor financiero es la de explicarnos el funcionamiento de aquel producto que nos está ofreciendo. Así y todo, conviene recordar que ninguna inversión es segura al 100%.

Sigue a Miguel Freijo en twitter.com/migfreijo