Antes de que las instituciones europeas y el FMI articularan el plan de rescate griego en mayo, la situación del país heleno era, a grandes rasgos,  la siguiente: déficit público por encima del 15%; deuda pública en el 127%; spread frente al bono alemán en 570 puntos (poco después del primer rescate de 110.000 millones, alcanzó más de 1000 puntos, y su CDS más de 900).
 
Bien. Si proyectamos esos mismos indicadores para Irlanda, nos encontramos lo siguiente: déficit público por encima del 30% después del rescate al Anglo Irish Bank; la deuda pública podría rozar el 100% del PIB al acabar el 2010; spread respecto a bono alemán en 620 puntos, CDS, en 600.
 
El hecho de que Irlanda sea una economía un 30% más pequeña que Grecia (siendo Grecia ya de por sí un país pequeño), hace que cualquier problema se magnifique aún más. Los 50.000 millones inyectados por Irlanda en su sistema bancario han ocasionado unos perjuicios para las arcas públicas enormes (tan solo las inyecciones en el Anglo Irish Bank ha supuesto el 15% del PIB irlandés).
 
Además, parece que el sistema financiero irlandés aun no está salvado, y que puede necesitar más ayudas, máxime cuando se calcula que el 30% de las hipotecas concedidas por los bancos irlandeses valen más que las propiedades sobre las que están denominadas.
 
Así pues, los indicadores objetivos, adelantan que Irlanda debería ser rescatada.
 
Pero en este tipo de situaciones resulta más importante, si cabe, la parte subjetiva, que responde a los intereses creados. Y lo cierto es que los intereses particulares en rescatar a Grecia eran mayores que los intereses en rescatar a Irlanda.
 
Antes de producirse el rescate de Grecia, los bancos alemanes y franceses poseían más de 100.000 millones de euros en bonos griegos. En el caso de los bonos irlandeses, estos están en manos de los bancos irlandeses y británicos (RBS, Allied Irish Bank, Bank of Ireland, HSBC).
 
De tal manera que el efecto contagio es muy distinto. Además, esta nueva crisis irlandesa se ha desatada en un momento donde el Euro se encontraba en niveles elevados, en el entorno de 1,43 con su cambio frente al Dólar, tipo de cambio que perjudica notablemente a Alemania, a la que le interesaría ver una depreciación en el Euro, como la que está sucediendo desde el estallido de la crisis irlandesa.
 
En este sentido, la canciller Merkel propuso que, a partir de 2013, los tenedores de deuda afectada por reestructuraciones, no tuvieran ayudas públicas, y sufrieran las quitas o haircuts relativos a los activos que poseen. Estas declaraciones contribuyeron a incrementar los nervios de los mercados sobre la situación Irlandesa, poniendo más trabas a cualquier rescate.
 
Esta mañana, representantes europeos han denegado la propuesta de Merkel, lo que ha sido muy bien acogido. A raíz de esas declaraciones, las posiciones especulativas contra los activos sobre los que existen dudas se han cerrado, relajado mucho los spreads de deuda, CDS, Euro, bancos y bolsas europeas. Al igual que durante la crisis griega, esta crisis tiene un alto porcentaje de artificialidad, proveniente de la especulación.
 
En caso de que Irlanda se acogiera a un plan de ayuda, tendría que, en primer lugar, alertar a Juncker, presidente del Eurogrupo. Después, representantes de la Unión Europea, el BCE y el FMI deberían evaluar durante semanas cuáles son exactamente las necesidades de Irlanda. De tal manera que es poco probable que un rescate se produjera de manera inminente sino que, posiblemente, se necesitarían varias semanas para que éste se produjera.
 
Además, los gobernantes irlandeses tampoco muestran mucho interés en acogerse a ningún plan de rescate europeo, por dos razones principales.
 
La primera de ellas es que el acogerse a un plan de rescate lleva aparejados elevados costes e intereses sobre el capital prestado, lo que empaña de dudas la viabilidad del mismo. Los 16 países participantes en la creación del Fondo de rescate (EFSF), establecieron mecanismos para rentabilizar sus aportaciones al fondo.
 
La segunda razón consiste en que el gobierno irlandés considera que el calendario les beneficia. Durante 2011, las necesidades financieras de Irlanda rondan los 23.500 millones de euros, necesidades que se concentran en la segunda mitad del 2011.
 
En resumen, los dos actores principales de esta crisis, Irlanda y Alemania, son los dos más reacios a la idea del rescate, que podría resolverse con 80.000 millones de euros.