"La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena; es necesaria y funciona. La codicia clarifica y capta la esencia del espíritu de evolución. La codicia en todas sus formas: la codicia de vivir, de saber, de amor, de dinero; es lo que ha marcado la vida de la humanidad."
Gordon Gekko



Las relaciones sociales son uno de los factores más importantes de nuestra sociedad. Vivimos en una era en la que nos movemos por interés. El individuo no es autosuficiente y necesitamos relacionarnos y ampliar nuestra red de contactos para poder crecer y mejorar nuestro status social. Cada persona tiene un interés y cada relación se fundamenta por dicho interés. No es malo que los intereses muevan nuestra sociedad aunque sí lo es ser un interesado. Al fin y al cabo todo tiene una razón de ser y las relaciones “win to win”, siempre son las que suelen llegar a buen puerto. Podemos pensar que tener interés pude ser sinónimo de ser una persona egoísta, pero con un poco de cinismo y sentido común, podemos llegar a la conclusión de que al fin y al cabo un trato es el acuerdo de dos intereses distintos. Podemos relacionar el interés con la defenestrada codicia y entender que sin interés y sin codicia el progreso de nuestra sociedad sería inexistente. La codicia de la especie humana nos ha llevado a puntos clave evolutivos como el fuego, la rueda, la imprenta, la electricidad,… No toda codicia es monetaria y no todo interés es malintencionado. A veces, incluso, el interés de un tercero puede ser bien intencionado pero dañino, como puede ser un castigo de un padre a un hijo que no tiene otro interés que mejorar la educación de un hijo.

El interés es lo que ha llevado a Europa a una gran depresión. En 2.008 empezó una recesión que todavía sigue vigente y gracias al reequilibrio macroeconómico global con la demanda de las economías emergentes y las medidas de un audaz Bernanke han evitado que la tragedia bursátil en España, haya sido mucho peor de lo que hubiera podido ser. Y hablando de interés, mi peculiar cinismo me lleva a pensar de forma indirecta en Angela Merkel. Alemania y las autoridades del BCE se han escudado bajo la premisa de un unidireccional mandato del Banco Central Europeo, controlar la inflación, para llevar a cabo un proyecto de reformas y recortes presupuestarios nunca visto. Las políticas de austeridad tienen un objetivo claro, sanear las economías de los países que han vivido por encima de sus posibilidades en la primera década del siglo XXI, gracias a una expansión crediticia que no ha hecho más que financiar una ilusoria riqueza creada por la exageración del precio de los activos.

El interés de Alemania está claro, rescatar a Europa de la quiebra. Europa tiene un sentido social y político que se fundamenta tras el fracaso de las naciones, vivido tras las dos guerras mundiales. Sin embargo, a pesar de ello, sabemos que en este último trienio, Alemania se ha financiado a un tipo de interés muy cercano al 0%, mientras la periferia ha tenido que pagar intereses más propios de un high yield que de un investment grade. Sin embargo, todo tiene un fin y tras sumir a Francia bajo recesión, parece que Alemania ha encontrado el equilibrio entre las ventajas de financiarse gratis y los inconvenientes de que Europa entera entre en una gran recesión. Es cierto que controlar la inflación es el propósito del BCE, pero la estabilidad de precios pasa tanto por evitar la subida de los precios como la deflación. Con una economía emergente de lleno en una desaceleración económica y una economía americana recuperándose de forma anémica, no puedo pensar bajo ningún concepto en tensiones inflacionistas. El desendeudamiento global es la norma y mientras eso suceda, los bancos centrales deben impulsar a toda costa el crecimiento económico. Sin crecimiento económico no hay salida a la crisis, ya que el peor enemigo de la deuda es la deflación. Entrar en el bucle austeridad/deuda, es pernicioso, puesto que cortar el gasto para no incrementar la deuda, también genera menores ingresos que empeoran la situación, como hemos comprobado con Grecia.
El BoJ y la FED no han dudado en impulsar el crecimiento, ahora tenemos un problema en la demanda y hay que impulsarla con medidas monetarias que impulsen a su vez los precios de los activos para que el consumidor tome el relevo de los estados.



Esta semana he visto señales convincentes por parte del mercado y por parte de las autoridades políticas. Alemania ha dado mensajes que me hacen pensar en nuevas rebajas en los tipos de interés, hasta el 0.50% y llegan de Bruselas esperanzadores mensajes en los que se permitiría a España alargar en dos años las exigencias en la reducción del déficit.
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Estos rumores, como decía se deben al interés, de una Alemania que al fin empieza a temer por el 40% de sus exportaciones que vienen de Europa y que ello lleve a los alemanes a recesión. Pero el interés Alemán, aunque beneficioso para la propia Alemania, para nada es criticable, puesto que al fin y al cabo, este menor coste de su deuda, permitirá en parte apagar los incendios varios que se han focalizado en el sur de Europa. Lícito y comprensible e incluso defendible para alguien que estuviera en la misma posición. Las cosas siempre tienen un inicio y un fin. Y las cosas no terminan siempre para mal, pueden evolucionar para bien.

La menor exigencia por parte del mercado en la última subasta de deuda pública es una magnífica noticia para la bolsa española. No tanto por una mejora de las finanzas públicas, pues al fin y al cabo es una mera colocación. Más bien por la tendencia bajista de una prima de riesgo que empieza a acercarse a lo razonable y que permite que los inversores empiecen a ver en el dividendo una opción de rentabilidad más interesante que el yield del bono español. Este suceso mejoraría el coste de emisión de deuda de las empresas y el coste financiero de los préstamos. Es un primer paso y probablemente, esta buena noticia la deberíamos entender en la decidida y audaz reforma del sector bancario español, que al fin ha entendido el verdadero estado de nuestra economía.

En este contexto, el IBEX 35 ha rebotado en el soporte de los 7.800 puntos mirando de nuevo hacia los 8.800, resistencia clave para pensar en cotas mayores, niveles en los que debemos aspirar, ya que a pesar del negativismo y de la negación de la evidencia que provoca entrar en momentos extraordinariamente buenos para las acciones, el mercado español está barato y podemos encontrar oportunidades de trading direccional más que interesantes en el largo plazo.

Como decía al comienzo del presente artículo, la codicia, a falta de una palabra mejor es buena y el interés de los inversores debería radicar en entender los condicionantes monetarios que afectan a la estructura propia del mercado, que se mueve entre estados emocionales, como la euforia y el pánico, pero que se sirven de la expansión monetaria para poder fluctuar. Al fin y al cabo, la bolsa no deja de ser un mercado de capitales y si hay capital el precio sube y si no hay capital el precio baja, es meramente una cuestión de oferta y demanda, de codicia y de interés. ¡Cosas del libre mercado! Pero ahora, más que nunca debemos mirar hacia arriba, pues al fin y al cabo los condicionantes que mueven el mercado están más a favor que en febrero de 2.012 y van más allá del temor propio de una sociedad que vive en el recuerdo de la gravedad de la crisis.

El mercado podría estar preparado para poder batir cotas relevantes y volverse codicioso, momento en el que probablemente… Ya sea tarde entrar.

Gisela Turazzini
Blackbird