A nadie se le escapa que Ruíz Mateos tiene, repartidos por toda España, un amplio grupo de seguidores. Gente de bien que creen que el gobierno socialista hizo con él una gran injusticia y que opinan que este hombre y sus hijos son empresarios de raza, capaces de generar valor en lugares donde otros han fracasado.
Pero las empresas y las inversiones que las sostienen son algo más que sentimiento, son números y proyecciones de futuro. Y en este campo todo juega en contra de esta familia de emprendedores. Aunque es loable su energía y valentía para intentar escapar del circuito bancario y obtener financiación directa, también es profundamente sospechoso.

Nueva Rumasa nos tenía acostumbrados a recurrir a la opinión pública para obtener financiación a corto o medio plazo, pero en el caso de Clesa observamos que lo que busca es financiación perpetua. Si perpetua, porque eso es lo que supone entrar como accionista en una empresa que no cotiza ni espera hacerlo en ningún mercado bursátil. Alguno dirá, “Ruíz Mateos no será capaz de dejarnos tirados, doy por hecho que buscará mecanismos de liquidez”. Los que opinen así han de explicarse porque las joyas de Clesa se están usando para fortalecer Cacaolat y no al revés. No tiene sentido intentar captar capital para una sociedad y en paralelo desviar los mejores activos hacia otra empresa del grupo, la que por cierto si tiene interés en salir a un mercado regulado y supervisado, más específicamente al MAB ¿Qué ocurre? Está claro. En el MAB el recurso político sentimental de apuesta ciega a una persona no sirve. Hacen falta datos que convenzan a un reducido grupo de inversores altamente especializados. Nueva Rumasa debería explicar por qué desde primeros del año 2011, tanto la planta catalana como la planta zaragozana de Utebo, que comercializa la marca Sali, se han integrado, al menos contablemente, en Cacaolat.


Esta no es la única pregunta que debería responder la propiedad de Clesa, debería explicarnos que ocurre en Sevilla y por qué el comité de empresa ha interpuesto una reclamación ante el Servicio Extrajudicial de Resolución de Conflictos Laborales de Andalucía (Sercla). O por qué la Junta de Castilla y León, a través de la Consejería de Agricultura y Ganadería, está manteniendo contactos con Clesa y las Cooperativas Avigase y San José de Casavieja para solucionar el retraso en el pago a los ganaderos. También sería necesario que nos hablase del ERE temporal que quieren aplicar a 500 trabajadores de esta empresa. Demasiados nubarrones negros para una empresa que desea ampliar capital.

Las sociedades, por lo general, desean obtener financiación para expandirse. Este es al menos el discurso del 100% de las empresas que salen a un mercado organizado. En este caso Clesa llama a nuestra puerta porque quiere que le ayudemos a sobrevivir y aun lo que es peor, su intención de no cotizar en ningún mercado le dan patente de corso para no responder a ninguna de las múltiples preguntas que le pudiéramos hacer.