Las dudas del Gobierno de Pedro Sánchez al proyecto y la incertidumbre electoral han demorado la concesión de estas últimas autorizaciones. Berkeley Energía apunta en su informe anual que todavía espera la licencia urbanística del Ayuntamiento de Retortillo y el informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). 

 

Berkeley sale de pérdidas y cierra su año fiscal con 34,4 millones de beneficio

 

Berkeley se ha comprometido a invertir 330 millones de euros en la mina que ocupa una superficie de de 650 hectáreas, de los que 80 millones de euros ya se han desembolsado. La empresa calcula que la mina de Retortillo generará entre 450 y 550 empleos durante la fase de construcción y 450 puestos de trabajo directos cuando el ‘Proyecto Salamanca’ esté en plena producción. 

La empresa calcula que la mina podrá entrar en explotación entre dieciséis y dieciocho meses después de obtener los últimos permisos, recoge EFE.

La minera australiana ha abierto su oficina central en Madrid y busca ahora un director gerente español tras su debut en la bolsa nacional en julio de 2018 y la dimisión de su anterior consejero delegado Paul Atherley el pasado mes de julio. El motivo de la renuncia, según se comunicó en su día, es que Atherley está centrado ahora en sus otros negocios en el sector de las materias primas.

Robert Behets, director no ejecutivo, ha asumido el cargo de director gerente interino y cuenta con la asistencia en España de Francisco Bellón, director de operaciones de la minera.

Sale de pérdidas

Berkeley cerró su año fiscal en junio con un beneficio de 34,4 millones de dólares (31,4 millones de euros), frente a las pérdidas de 4,7 millones de dólares (4,3 millones de euros) que tuvo el pasado año 2018. 

Berkeley se anota este beneficio después de que el cambio en la valoración de sus pasivos financieros haya aumentado de 15,8 millones de dólares hasta 38,12 millones de dólares. Sin embargo, los ingresos operativos de la compañía fueron de 2,34 millones de dólares, lo que supone un aumento del 126% sobre la facturación de 1,034 millones de dólares de su anterior año fiscal. 

La compañía explica que estos 38,12 millones de dólares corresponden a la disminución del valor razonable de sus pasivos financieros.

Estos pasivos son opciones no cotizadas emitidas por el fondo soberano de Omán, SGRF, y deuda convertible en acciones. “Estos pasivos financieros aumentan o disminuyen de valor en relación al precio de las acciones de la compañía. Con el precio de la acción disminuyendo sustancialmente durante el año, el tamaño del pasivo financiero ha disminuido significativamente, lo que da como resultado una gran ganancia de valor razonable para el período”, según consta en el hecho relevante remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

 

“Como las opciones y la deuda convertible se convierten en acciones, los pasivos se reclasificarán como fondos propios y no requerirán liquidación en efectivo por parte de la compañía”, señala Berkeley.

Las acciones de Berkeley se revalorizan en lo que va de año un 37%. Los títulos de Berkeley están condicionados, entre otras cuestiones, a la evolución del precio del uranio, un mercado que se debilitó en los últimos meses debido al intento de Donald Trump de poner aranceles a la importación de uranio. Sin embargo, estos aranceles no se han materializado.

Berkeley apunta que sigue con su estrategia de exploración que incluye un programa de perforación inicial de seis pozos de litio, cobalto, estaño, wolframio y elementos de tierras raras para dar respuesta a la demanda de baterías para los vehículos eléctricos.