
Siempre habrá caídas en los mercados. Es más, cada año los mercados aparecen teñidos de rojo en algún momento del año. no son momentos de huir, sino de entrar con mayor fuerza. Lo hemos visto en el 2022, pero más recientemente en el 2025 con el agitado comienzo de año de los aranceles, con caídas del -19%. Y terminar el año con un casi +18%. Incluso el año del COVID vimos caídas del -34% y terminar el año en un +18,4%.
¿Sabes qué ocurrió en los 12 meses posteriores a esas caídas? Rentabilidades de doble dígito en todos los años. Incluso del 40%, 60% o más. La caída es dolorosa, sí, pero la recuperación puede ser fulgurante.

Fuente: Carlos Arenas Laorga
Muchas de las caídas bruscas suelen estar impulsadas por el miedo y el ruido de mercado, no por la destrucción real de valor. Y cuando el miedo se disipa, los inversores vuelven en masa.
Mira el gráfico que he preparado. La recuperación posterior tiene una media del +45%en tan solo 12 meses y, normalmente, cuanto más grande ha sido la caída, mayor ha sido la subida posterior.
Detrás de estas recuperaciones espectaculares hay varios factores. Cuando el mercado cae, los precios de las acciones descuentan escenarios catastróficos que rara vez se materializan. Comprar en ese momento es como encontrar rebajas en productos que siguen siendo igual de buenos. También hay otro motivo que seguro que conoces. Tras una crisis, los bancos centrales suelen actuar rápido y con contundencia. Bajadas de tipos, inyecciones de liquidez, estímulos fiscales… todo eso es gasolina para los mercados. Y hay más… cuando se dice que hay sangre en las calles, muchos inversores grandes entran en el mercado, impulsando los precios al alza, o se esfuma el ruido de mercado, o no se materializa el temido cisne negro que trajo las caídas, o…
Y no hay que caer en el clásico error de esperar a entrar cuando creas que lo peor ha pasado porque eso es entrar tarde o no entrar nunca. El mercado no espera confirmaciones, se anticipa. Si inviertes cuando haya más visibilidad, lo más probable es que ya estés pagando precios mucho más altos.
En el fondo, todo esto refuerza una idea fundamental: estar siempre invertido es una estrategia mucho más rentable (y menos estresante) que intentar adivinar los movimientos del mercado. No es ignorar los riesgos, sino saber que el riesgo más grande es quedarse fuera.
Si estás bien diversificado y con una estrategia clara, no necesitas hacer grandes cambios cada vez que el mercado tropieza.Pero si el miedo aún te pesa, entra en el mercado poco a poco. Pero entra. Porque esperar indefinidamente también es una forma de perder. Y confía en el tiempo, no en el timing. Lo difícil no es invertir cuando todo sube, sino mantener la cabeza fría cuando todo cae. Y ahí es donde se marcan las diferencias.
Invertir no es fácil, pero entender que las caídas no son el enemigo es un paso crucial. Son, en realidad, oportunidades disfrazadas, como las he llamado en alguna ocasión. Y aunque duelen en el corto plazo, en el largo plazo son el motor de las mejores rentabilidades.
Si mantienes la calma, es muy probable que dentro de un año le estés dando las gracias a tu yo valiente del pasado. Basta echar la mirada al 2025.

