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Vanguard ve sobre la mesa tres schocks importantes que acontecen en los mercados financieros.

La IA, energía y los bonos 

El primero viene de la mano de la IA y sus consecuencias, el más importante y que puede seguir movimiento los mercados al alza en los próximos 12-18 meses. El segundo pasa por la energía, el impacto en el mercado y la subida sobre todo del gas, pero también del petróleo.Y el tercero, viene derivado del tensionamiento del mercado de bonos, de forma global, pero especialmente por su efecto en los valores del Tesoro americano a 10 y 30 años, con rentabilidades no vistas en décadas. 

Consideran que en el entorno de 12 a 18 meses, la fuerza de la IA seguirá dando alegrías a los mercados financieros, con inversiones billonarias concentradas sobre todo en la inversión de las grandes empresas. Y esperan además, que esa inversión crezca a niveles muy superiores, incluso del 10%, más allá del consenso del 2%. 

Destacan que en renta variable se distingue entre dos fases de la IA. La primera es la actual: una fase de inversión en infraestructuras y capacidad, muy concentrada en grandes compañías estadounidenses y algunas asiáticas.

La segunda sería una fase de difusión y adopción, en la que los beneficios de la tecnología se extenderían a empresas más pequeñas y a compañías fuera de Estados Unidos.

Por ello, a diez años vista, la tesis de Vanguard favorece relativamente a value y small caps estadounidenses frente a growth, y a mercados desarrollados fuera de Estados Unidos. La idea es que estas compañías podrían beneficiarse más de la adopción de la IA sin tener que soportar todo el coste de haber financiado la primera gran oleada de inversión.

De facto, los niveles de rentabilidad alcanzarían para el mercado de renta variable americano del 5,2%, para el value un mayor nivel de aumento, del 7,4%, para los activos de growth un 4,6%, las Small Caps un 5,7% y las grandes empresas, un 5,1%. 

Ya en el caso de la renta fija, posiciona un incremento de las rentabilidades del 5,2% para el high yield o grado de inversión de los activos, mientras que para los activos del Tesoro americano, los de más corto plazo podrían alcanzar porcentajes del 4 y los de largo subir hasta el 5,7%. 

Por qué Europa resulta atractiva

Europa aparece como un posible contrapeso al “AI trade” estadounidense. El mercado estadounidense está muy concentrado en unas pocas grandes compañías tecnológicas ligadas a la IA, mientras que Europa presenta una composición sectorial más diversificada, con mayor presencia de financieras, energía y otros sectores.

Además, las compañías europeas tendrían, en agregado, una posición de free cash flow relativamente más cómoda frente a algunas grandes tecnológicas estadounidenses, cuyo flujo de caja disponible se ha reducido al intensificarse el capex relacionado con IA.

La tesis no es que Europa vaya a quedar aislada ante una corrección global de la IA, sino que podría caer menos al tener menor exposición directa y mayor diversificación sectorial.

Principal riesgo de la tesis europea

El inconveniente es que la renta variable europea es tradicionalmente más sensible al ciclo macroeconómico global. Si una decepción con la IA acabara desencadenando una recesión mundial, Europa podría comportarse peor que Estados Unidos pese a estar menos expuesta directamente al sector tecnológico.

También se señalan como riesgos la incertidumbre fiscal y política europea, incluyendo las tensiones en los mercados de deuda de países como Francia e Italia.

IA, deuda y coste de financiación

Otro de los temas centrales es cómo se financiará el gigantesco ciclo de inversión en IA. Inicialmente, muchas grandes compañías podían recurrir a abundante caja propia. A medida que la inversión se vuelve más permanente, están aumentando también las emisiones de deuda.

Esto genera una doble cuestión: por un lado, una mayor demanda de capital podría contribuir a mantener los tipos reales y los rendimientos de los bonos a largo plazo elevados; por otro, el creciente coste financiero podría terminar presionando las valoraciones de las compañías.

Sin embargo, para los próximos 12–18 meses, la visión presentada sigue siendo relativamente constructiva: los beneficios y el cash flow de las grandes compañías serían suficientes para financiar buena parte de la inversión. La incertidumbre aumenta posteriormente, cuando será necesario demostrar que las enormes inversiones en IA generan suficientes ingresos, productividad y beneficios.

El interrogante fundamental sobre la IA

La discusión no cuestiona que la IA esté siendo adoptada. La gran incógnita es cuánto valor económico producirá realmente:

  • cuánto aumentará la productividad;
  • cuánto incrementará los ingresos empresariales;
  • cómo afectará al mercado laboral;
  • cómo reaccionarán empresas y gobiernos;
  • qué restricciones regulatorias aparecerán;
  • y hasta qué punto las tensiones entre Estados Unidos y China limitarán su desarrollo.

Por eso, aunque se espera una corrección de las valoraciones en algún momento del medio plazo, no se intenta cuantificar su magnitud: dependerá fundamentalmente del catalizador que la provoque y de cómo evolucione la monetización de la IA.

Mensaje macro final

La subida reciente de los rendimientos de los bonos se interpreta como una combinación de factores, no como una única causa: inflación persistentemente elevada, sorprendente resistencia de la actividad económica, mayor incertidumbre fiscal y política y posiblemente una tasa neutral real, estructuralmente más alta que podría superar el 4-4,5%.

En conjunto, el mensaje de inversión puede condensarse así: tipos estructuralmente más altos, renta fija nuevamente atractiva, cautela ante la concentración del mercado estadounidense y oportunidades relativas en value, small caps y mercados desarrollados fuera de EE. UU., especialmente Europa.