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Se hizo el silencio y yo, violento por la situación y el más madurito de los plumillas presentes, me atreví a aventurar que el dólar subiría, tal y como ha ocurrido: todo lo contrario de lo que esperaban los expertos. El argumento que utilicé para tamaña osadía es el del flujo de dinero que acude tanto a los mercados de acciones como de deuda pública y corporativa. Las gigantescas emisiones de bonos ligadas a la Inteligencia Artificial, además de las OPVs previstas (ahora cada vez más lejanas ante el temor a una tecnología exterminadora) provocarían la compra de dólares. También sus bonos públicos son atractivos con el 10 años en el 5,2% y el de 30 años superando el 5,6%.

Sí, la deuda pública estadounidense es muy elevada (supera los 40 billones de dólares y representa el 124% del PIB), cada año se incrementa con el aumento de su déficit público. Esto es sabido por todos. Los países más endeudados actualmente tardarían decenas y decenas de años en pagar su deuda y ahora, para colmo de males, los intereses más altos alargarían mucho más el proceso.

Salvo el caso de la tranquila Suiza y de algunas países centroeuropeos que llevan a gala su disciplina en el gasto, las deudas se abordan con gran parsimonia y al final cuando a un inversor le dan a elegir entre un bono a 10 años del Tesoro estadounidense al 5,23% o un alemán al 3,44% se lo piensa. Alemania tiene mucho más controladas sus finanzas públicas, pero ofrece menor interés, crece menos y tiene por delante una reconversión o adaptación de su modelo industrial a los agresivos compradores asiáticos.

Cuenta también con algunas firmas tecnológicas relevantes (SAP, Siemens AG, Infineon), pero nada que ver en tamaño, diversificación y liderazgo con los grandes valores de Wall Street, inmersos en una carrera que se juega en billones de dólares de capitalización bursátil. El elefante y la hormiga. Y tampoco resulta especialmente negativa la política de la verborrea que practica Donald Trump. Estados Unidos sigue siendo un polo de atracción para los capitales de todo el mundo que además ven que su economía crece más de la media mundial. ¿Cómo no va a subir el dólar?

Y es que como me dijo hace mucho tiempo un jefe al que querían echar a la calle… “desean que me vaya, pero cuando me enfrentan a un candidato concreto con nombres y apellidos, le acabo ganando”. Por comparación, la economía estadounidense siempre gana. Se escribe mucho sobre la pujanza asiática y especialmente China que sí podría hacer sombra a Estados Unidos y que superará al gigante americano en pocos años. Seguro que llevan razón. De momento, el país comunista tiene una moneda intervenida que no expone al fuego cruzado de los mercados. La intervención estatal en empresas o sobre empresarios que disientan o busquen caminos alternativos a las consignas del último congreso del Partido Comunista, marca una diferencia abismal con EE.UU.

Sí, ya sé que el dólar cayó el pasado año con respecto al euro. Por una moneda europea te daban casi 1,190 dólares frente a los 1,12 actuales. Y también pesan los problemas presupuestarios de Francia y la dificultad para recortar gastos. Crisis gala que también ayuda a dólar. Pero, a mi modo de ver, lo del dólar transciende los datos concretos y puntuales de unas y otras economías. Un fenómeno mucho más vasto al que todavía le queda cuerda para rato.