
En efecto, desde que se castigó a Rusia con la confiscación de sus activos denominados en euros y dólares, la banca central ha venido adquiriendo mucho oro. Y no olvidemos que los enormes déficits y deudas nacionales hacen que la credibilidad de la moneda fiat esté por los suelos. Eso hace que se adquiera oro.
Además, todo esto ha coincidido y alimentado una revalorización del metal como pocas veces hemos visto. Aunque no voy a hablar sobre esto, porque ya hemos hecho algunos artículos al respecto.
Desde 2022, las compras netas de oro de los bancos centrales han superado las 1.000 toneladas anuales durante tres años consecutivos, aproximadamente el doble del promedio de la década anterior.
Ahora bien, justo cuando los bancos centrales han acumulado oro para protegerse de un mundo más incierto, aparece una nueva tentación: vender parte de ese oro, o monetizar sus plusvalías, para financiar el nuevo ciclo de gasto en defensa.

Fuente: Carlos Arenas Laorga
El caso de Polonia es el más interesante porque resume perfectamente esta nueva lógica. El Banco Nacional de Polonia fue el mayor comprador neto de oro entre bancos centrales en 2025, y al cierre de ese año sus reservas ascendían a 550,2 toneladas, valoradas en 275.600 millones de zlotys, el 28,2% del total de sus reservas oficiales. El gobernador Adam Glapìnski dijo en marzo (de 2026) que las plusvalías no realizadas de ese oro habían alcanzado 197.000 millones de zlotys. Es una cifra enorme. Una parte muy relevante del fortalecimiento patrimonial del banco central ha venido simplemente de la revalorización del metal.
Y ahí entra la defensa. Reuters informó de que Polonia contemplaba utilizar esas plusvalías del oro para financiar gasto militar, y eso que Polonia ya lidera el esfuerzo en defensa dentro de la OTAN por peso sobre PIB. Bloomberg, además, informó de una propuesta para obtener hasta 48.000 millones de zlotys mediante ventas de oro. Traducido al tamaño actual de la posición, sería monetizar aproximadamente el 17% del valor de las reservas de oro, equivalente a unas 96 toneladas al precio de valoración de cierre de 2025.
Polonia quiere acelerar su capacidad defensiva sin depender tanto de más deuda. Si uno ya tiene un activo muy líquido, muy revalorizado y libre de cupón, la tentación de convertir lingotes en capacidad militar es grande.
Pero cuidado, vender oro para pagar defensa no es crear riqueza, es transformar un activo de reserva en gasto presente. Desde el punto de vista contable puede parecer interesante, pero no desde el económico. No es muy distinto a vender parte de la parcela para pagar una reforma urgente. No deja de ser una descapitalización.
Alemania y Estados Unidos también quiero mencionarlos, pero destacan por otra razón. Alemania posee 3.352 toneladas de oro, la segunda mayor reserva del mundo. En el Eurosistema, además, el oro se revalúa a precios de mercado y las ganancias no realizadas van a cuentas de revalorización, no a beneficio distribuible. Es decir, existe plusvalía latente, pero no es una caja disponible sin más; contablemente está reconocida, pero no convertida en ingreso ordinario. A precios actuales del oro, esas 3.352 toneladas valen del orden de 508.000 millones de dólares.
En Estados Unidos el caso es distinto, y todavía más llamativo. El Tesoro sigue valorando su oro al precio legal de 42,22 dólares por onza, una reliquia contable de otra época. La Reserva Federal explica que ese precio estatutario no fluctúa con el mercado y que el valor en libros del oro del Tesoro se determina con ese criterio. Con unas reservas oficiales de 261,5 millones de onzas, el valor contable ronda los 11.000 millones de dólares. Pero al precio spot que he mencionado antes, el valor de mercado supera los 1,23 billones de dólares. La diferencia entre una cifra y la otra no es una errata, es una diferencia de más de 1,22 billones.
El oro se ha disparado. Al mismo tiempo, el mercado ya ha empezado a descontar el nuevo ciclo de rearme, especialmente en Europa. No digo más.
Para un Estado con necesidades estratégicas urgentes de defensa, vender oro puede parecer una decisión fácil y buena: evita más endeudamiento, no obliga a subir impuestos de inmediato y permite movilizar un activo líquido justo cuando su precio está muy alto. Pero, aunque para un político sea perfecto, en realidad no lo es tanto. El oro forma parte de la reserva estratégica del Estado. Es un activo que no depende de la solvencia ajena, que sirve como seguro monetario y geopolítico, y que precisamente cobra valor cuando el entorno se deteriora. Venderlo para financiar gasto militar es cambiar ahorro acumulado por consumo presente, aunque ese consumo se llame defensa nacional.
Cuando un activo empieza a ser contemplado como fuente de financiación fiscal, deja de ser únicamente un refugio; se convierte también en una reserva de poder político. Y esto me da un poco de miedo, lo reconozco.
El oro sigue imparable. Pero no sé yo si seguirá en las cámaras acorazadas de los bancos centrales o lo empezarán a utilizar para los cañones.

