Hoy se cumplen dos meses del conflicto entre Irán y Estados Unidos. Pese a la volatilidad vivida, el balance es claro: Wall Street está en máximos y Europa se mantiene cerca de niveles previos al conflicto. No hay una desconexión total entre geopolítica y mercado. Más bien, los inversores asumen que el conflicto es grave, pero limitado y sin capacidad —por ahora— de romper el ciclo de beneficios. Tras la corrección inicial, el Nasdaq Composite ha recuperado impulsado por la tecnología y expectativas diplomáticas. Desde el punto de vista fundamental, hay varios factores clave que están pesando más que la guerra. Primero, los beneficios: el S&P 500 muestra una temporada sólida, con la mayoría de empresas superando previsiones y crecimiento cercano al 15%. Segundo, la liquidez: no hay tensiones de crédito y el mercado confía en la capacidad de contener el impacto energético. Tercero, los tipos: aunque elevados, siguen siendo compatibles con la renta variable mientras no reflejen una crisis de crecimiento. A esto se suma la ventaja estructural de EE. UU., con fuerte peso en tecnología, frente a una Europa más expuesta a la energía y con menor crecimiento. En resumen, el mercado no ignora la guerra: la considera un riesgo controlado. El problema vendría si el petróleo se mantiene alto durante mucho tiempo o si la política monetaria se endurece más de lo esperado.

Por otro lado, esta semana es clave para los Bancos Centrales. Desde iBroker, el escenario central es bastante claro: pausa en tipos por parte de los bancos centrales, pero con mensajes relevantes. En el caso de la Reserva Federal de Estados Unidos, el mercado da por hecho que mantendrá el rango actual. Más que la decisión, el foco estará en el discurso de Jerome Powell: inflación energética, evolución del petróleo y señales sobre crecimiento. La idea dominante es que la Fed no está en modo subida, pero tampoco cerca de recortar tipos. De hecho, el consenso retrasa posibles bajadas hacia finales de año. Lo más probable es un mensaje de prudencia: reconocer presiones inflacionistas, pero insistir en “esperar y ver”. En Europa, el Banco Central Europeo también apunta a mantener tipos sin cambios, tras los niveles fijados en marzo. Sin embargo, el tono puede ser algo más incómodo o vigilante. La institución es más sensible al impacto energético y quiere mantener todas las opciones abiertas si la inflación se vuelve más persistente. En resumen, no se esperan movimientos inmediatos, pero sí un matiz importante: mientras la Fed insistirá en la paciencia, el BCE podría endurecer ligeramente el discurso. El mercado, de hecho, ha pasado de anticipar recortes a contemplar que aún podría haber alguna subida adicional antes de que estos lleguen.

En el apartado micro, los resultados del IBEX 35 cogen carrerilla esta semana. Más que una semana de cifras aisladas, es una semana donde el mercado español se juega validar ese liderazgo relativo que ha venido mostrando en los últimos meses. En banca, que sigue siendo el gran motor del índice, el foco va a estar muy claro. En Banco Santander, el mercado espera un trimestre sólido, pero más allá de los números lo importante será ver si mantiene la tracción comercial, cómo evoluciona el coste del riesgo y qué mensaje deja sobre su negocio en Estados Unidos; ahí hay una parte relevante de la historia bursátil del banco ahora mismo. En BBVA, el listón está incluso algo más alto; el mercado da por hecho que seguirá mostrando una rentabilidad superior a la media europea, pero va a vigilar mucho dos cosas: México —que sigue siendo el principal motor— y el nivel de provisiones. Si ambas variables aguantan, el comportamiento debería seguir siendo positivo. En el caso de Caixabank, la lectura va a ser algo más fina; se esperan resultados sólidos, sí, pero con más atención al margen de intereses, que podría empezar a notar cierta presión por el entorno de tipos. La clave será si consigue compensarlo con volumen, comisiones y calidad de balance. En energía, Repsol debería presentar un trimestre razonable, apoyado en refino y upstream. Con el petróleo en niveles superiores a los contemplados en su plan, no debería tener problemas en sostener caja y retribución al accionista; aquí el mercado va a mirar sobre todo si confirma esa hoja de ruta más que el dato puntual. Y en utilities, Iberdrola seguirá siendo una historia de solidez. Se espera otro trimestre consistente, con el foco puesto en redes, inversión y visibilidad del crecimiento; de hecho, el mercado la valora más como una compañía de calidad y recurrencia que como una utility defensiva clásica. En conjunto, no se esperan malos resultados para el IBEX 35 pero sí un mercado más exigente. La sensación es que ya no basta con cumplir: se va a premiar mucho más la guía, la visibilidad y la calidad del crecimiento que la cifra puntual del trimestre.