No es una noticia que se sepa ahora: España es uno de los países que peor ahorra para su jubilación. Peor entendido como el que menos conciencia toma de que, para vivir mejor en el futuro, habrá que hacer un esfuerzo mayor en la etapa del trabajo. Y es que, a pesar de que en sólo quince años España será el país más envejecido del mundo – según datos de la ONU- y con un sistema de previsión social en entredicho, los españoles somos los ciudadanos del mundo a los que menos preocupa su jubilación. No es de extrañar si se ve la evolución de los planes de pensiones. Pero esto podría cambiar.

Sobre todo si el inversor no sólo asume algo más de riesgo en su cartera – el español es uno de los ahorradores más conservadores – sino que además aboga por una gestión algo más activa. Aunque es cierto que la recesión que ha experimentado la economía española en los últimos años ha dado al traste con los esfuerzos existentes para preparar la jubilación en España. Especialmente en lo que al elevado nivel de desempleo se refiere y los bajos salarios del trabajador español medio, uno de los más bajos de los países de la OCDE. Y a ello se suma la dificultad que tiene en este entorno alcanzar en la jubilación alrededor de un 69% de los ingresos del trabajo, lo necesario a juicio de Aegon.

En España se han producido varias reformas del sistema de pensiones aunque éstos podrían no ser suficientes, según explican desde BBVA, pues la mejora en la sostenibilidad de las pensiones públicas se consigue a costa de reducir considerablemente el valor de la pensión media. Según los cálculos, en 2050 en la Economía el valor real de la pensión media será del 95% de la pensión media en 2010. De hecho, los cambios realizados serán suficientes para resolver los problemas a corto y medio plazo pero insuficientes para hacerlos sostenibles en el largo plazo.  Con el incremento de la edad de jubilación hasta los 67 años, ahora será necesario tener cotizados 37 años para poder cobrar la pensión máxima, frente a los 35 exigidos anteriormente.

Además, se encuentra el Factor de Sostenibilidad para 2019, que es uno de los ejes de reforma de pensiones en España. Una medida que se aplicará a partir de 2019 y con ella se añadirán factores como la esperanza de vida, entre otros. En lo que se refiere a sostenibilidad, se relaciona revalorización de las pensiones con salud de las arcas públicas, con lo que las pensiones sólo subirán si aumentan los ingresos del sistema por encima de la tasa de crecimiento del número de pensiones. Una tasa que se moverá entre un mínimo del 0,25% y un máximo del IPC del 0,50%. En Óptima calculan que en 2020 la pensión máxima podría rondar los 1.400 euros frente a los 2.560 actuales, mientras que la mínima podría estar en torno a 700 euros.

Este escenario ha provocado que incluso instituciones como el Banco de España se hayan mostrado partidarios de complementar el sistema público de pensiones con uno privado. El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, señalaba recientemente ante la Comisión de Economía del Congreso que los españoles deben saber lo que pueden esperar del sistema actual. Un problema que no se resuelve con un decreto o una ley sino que se trata de un “tema muy profundo”. Hasta entonces, la recomendación pasa por mirar las mejores alternativas en los fondos y planes de pensiones privados.

Pero ¿en cuáles? Las recomendaciones aquí son claras: depende de cuánto quede para la jubilación –el horizonte de inversión – pues un plazo más largo permite ser algo más agresivo que si el período para jubilarnos es menor.
Los fondos de pensiones en nuestro país incrementaron su patrimonio en un 2,42% entre los meses de enero y septiembre, según los datos de VDOS, con lo que el tercer trimestre del año se cerró con un volumen gestionado de 64.977 millones de euros. Y eso que las turbulencias vividas en los mercados durante los meses de verano provocó una disminución de 617 millones en el patrimonio gestionado.

Pues bien, todo parece dispuesto a que los planes de pensiones de renta variable sean clave en las carteras en próximos años. Más en un entorno “en el que no se ha roto la credibilidad de los bancos centrales y porque no estamos en recesión económica, aunque el crecimiento siga siendo bajo”, reconoce José María Luna, director de análisis de Profim EAFI. En este sentido, renta variable sí y europea, también.


Los expertos tienen claro que, aunque a medio-largo plazo va a ser difícil obtener rentabilidades de dos dígitos, el inversor tendrá que asumir el riesgo de la bolsa si se quiere rentabilidad. Y eso supone añadir una volatilidad extra a la cartera.

Y aquí la teoría dice que para un ahorrador joven, aparte de las aportaciones periódicas, es positivo aprovechar caídas en los mercados para realizar alguna aportación extraordinaria. Así estaremos entrando a un menor valor. Sin embargo, un ahorrador de mediana edad – a unos 10 ó 15 años de la jubilación – deberá tener algo de cautela pues aunque caídas en bolsa no comprometerán de forma importante su jubilación, no tienen un gran colchón temporal. Con lo que la idea sería moverse hacia estrategias más prudentes. Por otra parte, el ahorrador que se encuentra más cerca de la jubilación, no debería estar expuesto a este tipo de activos, con lo que los activos libres de riesgo – previa renuncia a una parte importante de la rentabilidad- deberían ser su foco de interés.

No corren la misma suerte los planes de pensiones de renta fija. Suponen el 24% del total que hay en el sistema de capitalización individual pero es una de las categorías en la que más fuga de dinero hay. Tiene sentido si pensamos en lo que favorece a la renta variable – los tipos de interés – y que la categoría pierde en torno a un 0,7% de media en lo que va de año, lo que ha provocado salidas por valor de 1.100 millones de euros, según las cifras de Morningstar.

Y lo peor es que se espera que este comportamiento continúe pues los planes de pensiones de renta fija, sobre todo los de mayor duración, son muy sensibles a las variaciones de tipos de interés y, dado que éstos están en mínimos históricos, es difícil imaginar que se libren de pérdidas a no ser que la inflación en la Eurozona se mantenga muy baja o los diferenciales de crédito se estrechen. En este sentido, los expertos recomiendan dejar este tipo de productos y centrarse en otras alternativas pues la rentabilidad cada vez será más limitada en renta fija.

Mejores planes renta fija

Y aquí las recomendaciones son casi coincidentes: hay que mirar hacia los planes mixtos con una gestión flexible. Es la categoría en la que llevamos incidiendo en los últimos meses para los fondos de inversión y, ¿por qué no?, también es válido para los planes de pensiones. De hecho es la categoría que más captaciones netas tuvo durante el mes de septiembre, con 6.500 millones de euros, que supone una variación de más del 30% en el año. El patrimonio acumulado en la categoría, según datos de VDOS, es de 26.698 millones de euros.  En esta categoría, el experto de Profim EAFI recomienda fondos como el Bankinter Mixto 50 o Mixto 75, un plan que puede tener desde un 35% hasta un 70% invertido en renta variable. Fondos que llevan el apellido de flexible.

Con lo que, si su plan de pensiones no funciona, cambie. Porque cambiar de plan no está penalizado. Sin embargo hay otro punto que los expertos destacan y que no ha favorecido en demasía a los planes: la regulación.

Recientemente, los expertos de Abante explicaban que las sucesivas modificaciones de la tributación de los planes de pensiones “han ido restando atractivo y opciones a estos productos, pensamos para compensar la caída de ingresos tras la jubilación”. De hecho, si hasta 2003 la aportación máxima podía alcanzar los 48.500 euros, en los años siguientes se ha limitado el importe, hasta situarse en los 8.000 euros anuales.

Eso sí, aunque las aportaciones a planes supongan un “ahorro fiscal”, a la hora de rescatar el producto sí que habrá que pasar por caja. De hecho, los expertos de Inverco recuerdan que puramente no es una desgravación sino un diferimiento en el pago de impuestos. Cuando el partícipe comienza a rescatarlo en la edad de jubilación, esos ingresos computarán como renta del trabajo y se les aplicará el correspondiente tramo del IRPF, superior por lo general al tipo del ahorro.  Pero si quiere un consejo, tenga en cuenta que los planes de pensiones son vehículos de inversión a largo plazo, no alternativas para recibir regalos ni para deducir a hacienda, con lo que hay que tomárselo en serio pues está en juego el ahorro de nuestro futuro.


 

Por añadir algo positivo, son los únicos vehículos que permiten la reducción de la base imponible y, a raíz de la última reforma, se podrán hacer líquidos a partir de 2025.

Otro factor a tener en cuenta son las comisiones que cobra la gestora. Esto es clave para seleccionar un producto, especialmente si hablamos de los más conservadores pues, con un entorno de tipos de interés en mínimos históricos, las rentabilidades que ofrecen los bonos son cercanos a cero y la comisión puede hacer no sólo que se reduzca esta escasa rentabilidad sino que incluso se pierda dinero. Recientemente el Ministerio de Economía impulsó una rebaja de las comisiones máximas de gestión, hasta un 1,5% anual, y de depósito hasta el 0,25%. En las comisiones de gestión que se aplican en función de resultados, el tope será el 1,25% anual sobre patrimonio más el 9% del resultado obtenido.

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