
Los movimientos más bruscos se han producido en el petróleo y en el oro, mientras el bitcoin juega al despiste con movimientos erráticos al alza o a la baja. El actual panorama para las bolsas y la renta fija recuerda mucho lo acontecido en 2022 donde ambos activos sufrieron recortes, provocando pérdidas generalizadas en los fondos de inversión expuestos a plazos más largos en la curva de tipos.
Los analistas corren prestos a descartar que este año se produzca el mismo comportamiento de hace cuatro años. Además, nos encontramos en el primer trimestre del año y se baraja la posibilidad de que las hostilidades terminen lo antes posible. De momento, se ha dado un importante vuelco en las expectativas que había a principios de año sobre los bancos centrales: se ha pasado de hablar del número de bajadas en el precio del dinero a esperar moderadas subidas para contener los precios. El petróleo Brent por encima de los 100 dólares provoca tensiones inflacionistas en bienes y servicios y existe la convicción de que dar la vuelta a este problema llevará más tiempo que el fin del conflicto bélico.
A diferencia de lo que ocurre con las acciones cotizadas, los mercados de bonos descuentan rápidamente el giro en la política de tipos y las expectativas de un aumento significativo de los precios. Los planes de incremento del gasto público en Alemania y el coste de la guerra para Estados Unidos son también elementos que favorecen tipos más altos para atraer a los inversores. Así, el bono alemán a 10 años que se movía este viernes en el 3,12% de rentabilidad, ha sufrido una caída de su precio en torno al 8% respecto al comienzo del año, les sigue el bono a 10 años de Estados Unidos con un retroceso en valor de casi el 6%, en el 4,46%. En el caso del España, con una rentabilidad que ronda el 3,66%, la caída de precio ronda el 4,5%. Retrocesos que, por supuesto, quedarán reflejados en las valoraciones de los fondos de inversión, es decir, sus partícipes están palmando dinero.
También en la Bolsa los tipos son un elemento clave en cuanto a valoración de las compañías, el incremento del coste financiero y la competencia que supone la deuda pública o la privada de mayor calidad frente al riesgo superior (al menos en la teoría) de adquirir acciones. Sin embargo, las acciones tienen un factor adicional: la evolución de sus beneficios.
Tal vez, el mejor comportamiento de las bolsas frente a los bonos obedezca a que la traslación de los problemas a las cuentas de resultados tardará más tiempo y que, además, muchos sectores pueden salir beneficiados en el contexto actual como está ocurriendo con las petroleras y en buena medida también con las armamentísticas, y la inercia de un ciclo de aumento de los resultados.
Los analistas más avezados explicaban las declaraciones del presidente Donald Trump en el sentido de dar una tregua y comenzar las conversaciones con Irán, más acuciado por los mercados de bonos que por las pérdidas de la Bolsa. Estamos en elecciones de medio mandato y si es importante que el ciudadano estadounidense no tenga sensación de pérdida de riqueza, más acuciante es el alza de tipos que además de crear ese mismo problema recae sobre una economía sobreendeudada que ya antes se cuestionaba por su elevado déficit público.

