Desde la elección de Donald Trump como presidente de EEUU, los análisis sobre los mercados emergentes han estado divididos, aunque con más opiniones negativas. Por un lado, los indicadores económicos están mejorando pero, por otro, las amenazas de “represalias” comerciales de Trump justifican un enfoque prudente.


En esta confrontación de argumentos, encontramos una mejora de las perspectivas económicas por primera vez desde hace varios años, con una revisión al alza de las previsiones de crecimiento para los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) hasta el 5,4% en 2017, frente al 4,75% que alcanzaron en 2016. El contexto macroeconómico ha sido favorable para la deuda soberana emergente, pero aún es necesario que desaparezcan los riesgos de guerras comerciales o que, al menos, se reduzcan considerablemente las probabilidades.  Por su parte, el análisis de las propuestas electorales de Trump, especialmente las reformas internas y la política comercial agresiva contra países como China y México, puso en evidencia la dificultad de abrir varios frentes simultáneamente. Durante la campaña no hubo indicaciones sobre el calendario para estas medidas y por ahora se están priorizando las cuestiones internas.

Al mismo tiempo, EEUU ha relajado la tensión con los socios comerciales: ahora se habla de la apertura de negociaciones con México y Canadá en vez de salir del NAFTA. Además, se habría acordado mantener conversaciones periódicamente con China o incluso organizar un encuentro con Xi Jinping. Aún persisten algunos asuntos delicados entre China y EEUU pero el escenario central es un pacto de no agresión y evitar una guerra comercial.

También hemos asistido a un cambio positivo en la política de algunos países emergentes, como India, donde la victoria de Modi en las elecciones de Uttar Pradesh refuerza su poder y lo sitúa como favorito para las generales, o Brasil, con las reformas implementadas por Temer, que han sido bien acogidas por el Congreso. En cuanto a China, se espera que XIX Congreso del Partido en otoño lleve a las autoridades a controlar su economía y mercados financieros.

Esta evolución positiva de los riesgos políticos devuelto las cotizaciones de las bolsas emergentes a niveles anteriores a las elecciones estadounidenses, con la mayoría de los índices en sus máximos de los últimos cinco años. Para que esta tendencia continúe, es necesaria una mejora de los resultados, balances y gobierno corporativo en las empresas de los países emergentes. Los tres últimos meses han ofrecido indicios positivos en cuanto a márgenes, endeudamiento en relación con el Ebitda y ventas, mientras los equipos directivos cada vez otorgan una mayor importancia al (buen) trato a los accionistas minoritarios.

¿Y los riesgos? Encontramos tres: un cambio radical de la política comercial estadounidense, una fuerte caída de los precios del petróleo y los metales y la perspectiva de una recesión en EEUU, que alteraría significativamente el valor de los activos emergentes (crédito, deuda soberana y renta variable). Pero el mayor riesgo podría ser la suma de un poco de los tres.

La cuestión es si podemos quedarnos al margen de unos mercados que representan el 58% del PIB mundial (en paridad de poder adquisitivo) y un tercio de la capitalización bursátil según el Banco Mundial. Pese al rechazo que sufrieron a finales de 2016 y principios de 2017, la renta variable y la deuda de mercados emergentes registran (según datos a 15 de marzo) las mejores rentabilidades en euros de sus clases de activos: un 8,8% y un 1,75%, respectivamente. Además, la mayoría de las divisas emergentes siguen infravaloradas, un atractivo adicional para los inversores en euros o dólares.

Laurent Denize, Co-CIO de Oddo Meriten AM