La característica principal en las economías de los países desarrollados es una política monetaria históricamente acomodaticia.
Solo Nueva Zelanda es la única excepción después de dos subidas de tipos. La situación presenta más contrastes en la zona emergente donde tanto Turquía como India han subido tipos.

Dentro de los países del G4, el Banco de Inglaterra ha sido el primero en alertar al mercado de que la reducción del desempleo junto con unos mayores precios inmobiliarios significaría tipos de referencia más altos en los próximos meses. Sin embargo, su presidente, Mark Carney, tiene la intención de limitar el impacto en los mercados de bonos remarcando que el ciclo de endurecimiento sería menos pronunciado que en el pasado.

En Estados Unidos, Janet Yellen ha seguido subrayando la atipicidad de la mejora en el mercado laboral. Al mismo tiempo, también ha minimizado el importante aumento que se ha producido en los índices de inflación en los últimos tres meses. La brecha con el objetivo de la FED de inflación al 2% y desempleo al 5,4% ha seguido reduciéndose con cada dato publicado.

El Comité de Mercado Abierto probablemente tendrá que aclarar en otoño la futura dirección de los tipos de los fondos federales, cuando la reducción de las compras de activos llegue a su fin.

Sin embargo, el Banco de Japón y el Banco Central Europeo están todavía lejos de este punto de inflexión. El Banco de Japón sigue preparado para incrementar la compra de bonos si la inflación empieza a caer otra vez. Y la puerta del BCE está claramente abierta a la compra de activos respaldados, incluso aunque este segmento de mercado necesite un ajuste regulatorio antes de que se introduzca cualquier plan significativo.