La rentabilidad de los bonos estadounidenses a diez años alcanzó el 3% en abril por primera vez desde 2013. A pesar de que es un hecho más simbólico que sintomático de un cambio amplio de sentimiento en los mercados financieros, es de todos modos un acontecimiento significativo que proviene y refuerza la percepción del mercado de que la inflación aumentará.

 

¿Qué está pasando con la inflación y los tipos de interés?

Este cambio en la percepción de la inflación y de los tipos ha marcado un punto importante de inflexión en los mercados de inversión. De hecho, consideramos que las presiones inflacionistas cíclicas deberían seguir desarrollándose gradualmente, especialmente en Estados Unidos. Si bien la Reserva Federal ya ha ajustado sus previsiones, podría verse obligada a moverse todavía más rápido que lo que actualmente espera el mercado, sobre todo teniendo en cuenta que las nuevas reformas fiscales aumentan el riesgo de que la economía estadounidense se recaliente.

Además, después de seis años de expansión cuantitativa sin precedentes, las condiciones económicas son propicias para cambiar y, aunque los bancos centrales mantienen la flexibilidad de ajustar sus políticas y paralizar la subida de tipos si es necesario, el futuro próximo tiende a endurecerse más que cualquier otra cosa.

A lo largo de los años de expansión cuantitativa, los bonos proporcionaron una cobertura casi perfecta para los activos de riesgo

Sin embargo, ahora que el riesgo principal es un choque inflacionista y que el entorno ha cambiado a un contexto de subida de tipos, nos vemos obligados a evaluar de nuevo las características de los bonos globales y a reconsiderar las asignaciones de renta fija. El riesgo de la tenencia de bonos ha cambiado y es necesario adoptar un posicionamiento más defensivo. Los bonos gubernamentales de mercados desarrollados ofrecen actualmente bajos rendimientos sostenibles, se encuentran en un entorno económico desfavorable y no ofrecen recompensas por asumir riesgos de duración. El punto de inflexión en los mercados significa que debemos comenzar a pensar más creativamente: si los bonos son ahora un activo de riesgo en lugar de refugio como fueron en tiempos pasados, en la medida en que cualquier inversión pueda considerarse segura (que como sabemos nunca los es al 100%), los nuevos activos “seguros” bien podrían encontrarse en lugares inexplorados previamente.

Y esto quiere decir que no toda la esperanza está perdida para la renta fija

De hecho, a pesar de que actualmente la renta variable sea considerada como el único refugio en un contexto de normalización de las políticas monetarias, los inversores que invierten en bonos tienen varias opciones. Pueden optar por asignaciones más defensivas, por ejemplo con estrategias de corta duración o con estrategias de retorno absoluto que pueden tomar posiciones extremadamente defensivas.

Los bonos vinculados a la inflación y los bonos flotantes también pueden ofrecer protección contra la inflación y los tipos. Además, las estrategias de interés flotante como las ABS (asset backed-securities) ayudan a diversificar las carteras porque tienen bajas correlaciones con los activos tradicionales de renta fija. Finalmente, los inversores pueden medir la duración de sus asignaciones, por ejemplo a través de estrategias de rendimiento total.

Por supuesto, no existe una solución única que ofrezca a los inversores la máxima protección en todas las circunstancias y las diferentes estrategias funcionarán en diferentes escenarios, por lo que las reglas básicas de inversión siguen vigentes: diversidad, diversidad y diversidad.

Por ejemplo, los inversores podrían considerar la posibilidad de combinar una asignación a más largo plazo, como los bonos vinculados a la inflación, con una estrategia a más corto plazo como las ABS de interés flotante. Si se diera una desaceleración económica, los bonos a largo plazo podrían generar rendimientos más significativos que las ABS, mientras que las ABS podrían ofrecer un repunte frente al efectivo en el corto plazo. Cada inversor necesita revisar las opciones y decidir su asignación dependiendo del escenario económico e inflacionista en el que crean. Muchas de estas son también inversiones relativamente complejas y necesitan ser estudiadas cuidadosamente, para comprender sus ventajas y riesgos únicos, y realizar las asignaciones que mejor se adapten al escenario central de cada inversor.

Nuestra opinión sigue siendo la de una "expansión equilibrada" que implica buenas noticias continuas para la economía y un riesgo muy bajo de recesión, aunque otros prefieran ser más defensivos dado el riesgo de subidas de tipos e inflación. Independientemente de su punto de vista, los inversores deberían revisar y posiblemente modificar su estrategia de inversión para hacer frente a un nuevo equilibrio de crecimiento y cierta inflación cíclica. La buena noticia es que tienen más de una opción.