El escenario actual marcado por la incertidumbre geopolítica, especialmente en torno a Oriente Medio y la falta de visibilidad sobre la evolución de la crisis en la región, complica la toma de decisiones de los bancos centrales. En teoría, no sería el momento más adecuado para subir tipos, aunque sí para preparar al mercado. De hecho, el Banco de Japón ha optado por mantenerlos en el 0,75%, con una mayoría clara dentro de su comité a favor de la prudencia ante el deterioro de las perspectivas de inflación y crecimiento. En este contexto, no se descarta que tanto el Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo puedan iniciar subidas de tipos en los próximos meses. También se espera movimiento en la Reserva Federal, en un momento de transición tras la salida de Jerome Powell. Todo apunta a un entorno más complejo desde el punto de vista de la política monetaria.
Sin embargo, en el plano microeconómico, los resultados empresariales del primer trimestre están siendo más positivos. En Estados Unidos, las compañías están superando expectativas, con un crecimiento estimado del 16,1% en el primer trimestre, frente al 2,8% en Europa. Esta diferencia está inclinando claramente la balanza a favor de Wall Street frente al STOXX 600. En Europa, la situación es más débil, especialmente en Alemania, donde se ha revisado a la baja la previsión de crecimiento para 2026. Incluso existe el riesgo de que la economía alemana vuelva a entrar en recesión, afectada por su elevada dependencia energética y el deterioro de los indicadores de confianza.
En España, el peso del sector bancario sigue siendo determinante en el IBEX 35. La pasada semana, entidades como Bankinter presentaron resultados que, sin ser negativos, no lograron evitar caídas en bolsa debido a la recogida de beneficios. Una reacción similar se ha observado en otras entidades europeas como Barclays o algunos bancos franceses, reflejando un patrón común: el mercado empieza a asumir que los resultados de 2026 de la banca no alcanzarán la fortaleza de los de 2025. La explicación radica en una base comparativa muy exigente y en un contexto macroeconómico menos favorable. Aunque los tipos de interés podrían seguir subiendo, la inflación actual —impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía— difiere de la inflación clásica derivada de un exceso de demanda. En este escenario, las subidas de tipos no tienen el mismo efecto positivo sobre el negocio bancario, ya que no vienen acompañadas de un crecimiento sólido del crédito. Al contrario, este entorno puede generar efectos adversos: incremento de la morosidad, mayor cautela en la concesión de préstamos y una posible restricción del crédito. A diferencia de otros ciclos, los bancos no encuentran una demanda suficientemente fuerte que justifique una expansión agresiva del negocio, lo que limita su capacidad de crecimiento. En este contexto, se espera que entidades como BBVA, Banco Santander o Caixabank presenten resultados razonables, aunque difícilmente superiores a los registrados en el último tramo de 2025. Así, la evolución del mercado español dependerá en buena medida del comportamiento del sector financiero, aunque sin grandes sorpresas al alza.
También en el Ibex 35, se espera que sectores como utilities mantengan un comportamiento sólido. En energía, Repsol ha adelantado cifras preliminares positivas, en línea con BP, impulsadas por un precio del crudo que se mantiene en torno a los 111 dólares por barril.
En términos generales, se prevé que los resultados empresariales en España mantengan una línea estable: sin grandes sorpresas positivas, pero también sin caídas significativas en las cotizaciones.
Mientras, en Estados Unidos, el foco sigue estando en la tecnología. El sector ha retomado su fortaleza tras el paréntesis provocado por las tensiones geopolíticas, con el índice de semiconductores de Filadelfia marcando una racha histórica. Además, el mercado anticipa importantes salidas a bolsa en el ámbito de la inteligencia artificial, con compañías como OpenAI, Anthropic o SpaceX generando gran expectación. A pesar de las dudas sobre la rentabilidad a corto plazo de las fuertes inversiones en inteligencia artificial, el mercado parece asumir que estos proyectos requieren tiempo para madurar. Las grandes tecnológicas, como Amazon o Alphabet, siguen mostrando un comportamiento sólido, apoyadas en balances robustos.
En definitiva, la bolsa estadounidense se mantiene en una posición de fortaleza, favorecida por su menor exposición a la crisis energética y por la solidez de sus grandes compañías. El optimismo se mantiene, especialmente en el sector tecnológico, que continúa siendo una apuesta estructural para los inversores.

