El pasado 15 de abril fallecía Mark Mobius, considerado el padre de la inversión en mercados emergentes. Probablemente no necesita presentación, pero sí nos gustaría recordar la relevancia que ha tenido para el sector y para este tipo de mercados. ¿Qué le debemos a Mobius y cuál fue realmente su aportación?
Victoria Torre: Muchísimas cosas. Estamos hablando de una figura clave que, además, falleció con 89 años dejando un legado enorme. Como bien decías, fue un auténtico pionero de la inversión en mercados emergentes. Supo ver oportunidades donde otros solo veían riesgo. Hasta su llegada, los mercados emergentes apenas se incorporaban en las carteras de inversión. Él empezó a incluir países que hasta entonces prácticamente no se tenían en cuenta, y eso transformó por completo la forma de construir carteras.
Una de sus grandes virtudes era pensar de manera diferente. Consideraba que la volatilidad era una oportunidad y defendía la importancia de buscar valor fuera del consenso, en aquellos lugares donde el mercado todavía no estaba mirando. Para él, las ineficiencias del mercado eran precisamente el terreno ideal para encontrar oportunidades.
Además, tenía muy claras algunas tendencias de largo plazo. Aunque entonces no se hablaba todavía de “megatendencias”, él ya intuía que factores como el crecimiento demográfico o el avance tecnológico iban a ser determinantes. Y también anticipó el peso que tendrían economías como China o India en el futuro global.
Por eso, más que hablar de un gestor, en el caso de Mobius hablamos de un auténtico visionario.
Y muchas de esas ideas que planteaba se están cumpliendo hoy. En el caso de Self Bank, ¿mantenéis una visión positiva sobre los mercados emergentes actualmente?
Victoria Torre: Sí, en estos momentos nuestros expertos son positivos con emergentes, especialmente con Asia emergente.
Hay varios motivos. Uno de los principales es el boom de los semiconductores. Si observamos el MSCI Asia Emerging Markets, vemos que las compañías tecnológicas representan alrededor del 50% del índice. Desde finales del año pasado, el crecimiento de beneficios se ha disparado cerca de un 24%, impulsado precisamente por la fuerte demanda de semiconductores.
Los índices también han subido, aunque en menor medida, alrededor de un 10%. Eso ha provocado que muchos mercados sigan cotizando a valoraciones bastante atractivas. El PER de la región ronda las 13,5 veces, y especialmente mercados como China o Corea presentan valoraciones interesantes.
Además, creemos que el mercado está descontando una normalización demasiado rápida tanto de la demanda como de las valoraciones. Sin embargo, las previsiones apuntan a que la demanda de semiconductores seguirá siendo muy sólida, impulsada por las necesidades crecientes de los centros de datos, la inteligencia artificial y el desarrollo de memorias y procesadores cada vez más potentes y eficientes.
A esto se suma que en Asia existen negocios muy difíciles de replicar y una enorme capacidad de crecimiento estructural. Seguimos viendo mucho dinamismo económico en toda la región ASEAN y creemos que estas megatendencias mantendrán su fortaleza.
Por todo ello, consideramos que la renta variable emergente asiática puede tener un papel interesante dentro de una cartera diversificada para inversores con cierta tolerancia al riesgo.
Victoria mencionaba algunos de los grandes catalizadores, como el auge de los semiconductores y el incremento de beneficios empresariales. Desde Schroders, ¿qué factores veis vosotros como impulsores de la región emergente?
Pilar Vila: Coincidimos plenamente con la visión que comentaba Victoria. Por añadir otros factores, es importante recordar que Asia es una gran importadora de materias primas: energía, fertilizantes o alimentos. Por eso, resulta clave que los conflictos geopolíticos actuales se estabilicen y que se pueda avanzar en la reconstrucción de infraestructuras dañadas. Eso ayudaría a evitar presiones inflacionistas descontroladas y permitiría que los catalizadores estructurales continúen desarrollándose.
Entre esos catalizadores destaca el enorme gasto en capital —el famoso capex— que están realizando las grandes tecnológicas estadounidenses, los llamados hiperescaladores. Aquí Corea y Taiwán juegan un papel fundamental, porque cuentan con compañías líderes mundiales y con muy poca competencia en determinados segmentos estratégicos.
Eso nos da bastante visibilidad sobre los libros de pedidos tanto para este año como para el próximo, especialmente en todo lo relacionado con semiconductores y componentes tecnológicos.
Otro aspecto importante es China. Aún no hemos visto una recuperación sólida del consumo interno y creemos que serían necesarias medidas más contundentes por parte del Gobierno para estabilizar la confianza del consumidor y reactivar la inflación de forma saludable.
La clave es que el crecimiento chino no dependa únicamente de la liquidez o de una expansión de múltiplos, sino de una recuperación real de la economía y de los beneficios empresariales.
Vosotros gestionáis el fondo Schroders Emerging Asia. ¿Cómo están posicionados actualmente los gestores?
Pilar Vila: Ahora mismo, la clave para los gestores es la selección. Aunque las valoraciones son más atractivas que hace unos meses, el mercado ha subido con fuerza —cerca de un 16% en lo que va de año— y eso obliga a ser especialmente selectivos a la hora de invertir.
Actualmente tenemos una exposición importante a China y Hong Kong, principalmente en compañías industriales líderes globales y exportadoras, relativamente inmunes a la situación doméstica china. Por ejemplo, nos gustan algunos subsectores relacionados con materiales eléctricos.
También vemos oportunidades muy selectivas en compañías vinculadas a la inteligencia artificial y al comercio electrónico. Además, estamos observando ciertas medidas del Gobierno chino destinadas a aportar mayor estabilidad y visibilidad regulatoria al sector tecnológico, algo importante después de la incertidumbre vivida en los últimos años.
Otro sector que nos gusta es el healthcare. China está demostrando una gran capacidad de innovación en salud, algo que quizá hace años no habríamos imaginado, porque el mercado estaba más asociado a fabricantes de genéricos. Ahora estamos viendo compañías realmente innovadoras.
También valoramos positivamente empresas que están mejorando la remuneración al accionista mediante recompras de acciones o incrementos de dividendos.
En Corea y Taiwán seguimos siendo positivos, especialmente por las grandes compañías de semiconductores, memorias y circuitos eléctricos. Aunque, debido a nuestro enfoque bottom-up, mantenemos una ligera infraponderación a nivel agregado. En Corea también vemos oportunidades interesantes en defensa.
En cuanto a India, seguimos viendo historias estructurales muy atractivas ligadas al crecimiento del consumo interno y algunas compañías financieras o inmobiliarias. Sin embargo, somos más prudentes porque las valoraciones continúan siendo elevadas y el país está algo menos expuesto al auge de la inteligencia artificial.
Por último, mantenemos algunas posiciones en Singapur, especialmente en entidades financieras. Singapur sigue consolidándose como el gran hub financiero de Asia y encontramos compañías muy estables, con dividendos atractivos, que además ayudan a equilibrar la cartera más allá de la temática de inteligencia artificial.

