Uno de los cambios más importantes es nuestra propia concepción de los mercados emergentes. En el pasado, tenía sentido agrupar a varios países bajo la denominación «mercados emergentes», ya que muchos de ellos presentaban una escasa correlación con el mundo desarrollado. Por otro lado, el análisis de las empresas exigía unos recursos muy diferentes: había que ir a conocer personalmente las empresas y los países en los que se situaban, porque había muy poca información al respecto.

En general, el gobierno corporativo de estas empresas era bastante deficiente y las economías de los respectivos países no eran bien conocidas ni estaban bien gestionadas. Todo esto, en su mayor parte, es cosa del pasado. En la actualidad el acceso a la información resulta mucho más fácil, ya que contamos con una base de datos que incluye información de cada una de las empresas de mercados emergentes. Mientras que en el pasado las economías mantenían enfoques muy diferenciados entre sí, hoy en día las normativas, la responsabilidad fiscal y las herramientas para atraer el capital resultan mucho más uniformes. Hace diez años no era así. No es que ya no sea necesario realizar análisis sobre el terreno, porque dicho análisis sigue resultando muy valioso; pero es cierto que hoy en día tenemos acceso a mucha más información.

Quizás el ejemplo más evidente de lo engañoso que puede resultar agrupar a países tan distintos es el caso de los BRIC. Este acrónimo, tan popular durante algún tiempo, ha dejado ya de utilizarse, porque las características y la evolución de los cuatro países a los que hace referencia son tremendamente diferentes. Las economías de Brasil y Rusia se basan en las materias primas, mientras que las de China e India se orientan más hacia el consumo. Las tasas de crecimiento de las economías china e india son más favorables que las de Rusia y Brasil, mientras que la demografía de Brasil, Rusia y China es baja en relación con la de India. Estos cambios en los mercados emergentes han tenido un gran peso en la forma de invertir en los mismos, ya que en la actualidad, los mercados de renta variable están más conectados y tienden a evolucionar de forma pareja. El atractivo de los mercados emergentes se basa en las oportunidades que ofrece cada uno de los países.

Respecto a la evolución de estos mercados, uno de los principales aspectos que deberemos tener en cuenta durante los próximos años es nuestra concepción de China, que actualmente constituye una parte importante del índice de renta variable de los mercados emergentes.

Son muy pocas las razones que nos llevan a seguir considerando a China un mercado emergente, salvo por el hecho de que aún mantiene restricciones de inversión. Así ocurre también con Corea del Sur y Taiwán. Estos países podrían considerarse mercados desarrollados en lo que respecta a su producto interior bruto, renta per cápita y condiciones de vida. Conforme vayan creciendo, las restricciones de inversión que les afectan también evolucionarán, y llegará un momento en el que Corea del Sur, Taiwán y China dejen de considerarse mercados emergentes y dejen paso a otros países más dinámicos.

Otro factor que va a seguir influyendo en los mercados emergentes es la globalización. Internet está igualando las reglas del juego. Antes, algunas regiones como Estados Unidos o Europa contaban con una ventaja competitiva gracias a la información de la que disponían y a cómo la iban divulgando a lo largo del tiempo. Hoy en día, la información llega a todo el mundo, lo que cambia las reglas del juego. Hay otros ejemplos que demuestran cómo la tecnología ofrece el potencial necesario para que las economías en vías de desarrollo avancen a un ritmo muy superior al previsto. La globalización sigue haciendo al mundo más pequeño y permite que los países en vías de desarrollo se esfuercen en conseguir lo que ya tienen los países desarrollados. Todo esto añade dinamismo al sistema.