Son muchos los expertos que advierten de que el dato del PIB del segundo trimestre podría ser especialmente malo y la antesala de la recuperación en el siguiente periodo por la reanudación de más actividades económicas. Dado que los números y las oscilaciones son abrumadoras, hemos creído conveniente ofrecer a los inversores una guía sobre lo que miden exactamente algunos indicadores macroeconómicos y así comprender su alcance

Los principales datos mensuales que se publican en muchos países son las ventas al por menor y la producción industrial. El primero mide cuánto gasta la gente en tiendas físicas y electrónicas, incluyendo algunos países los restaurantes; los hay, asimismo, que informan de la cantidad de bienes facturas para ajustar la información a la inflación y los descuentos ofrecidos, mientras que otros solo muestran el precio de los productos; también suelen presentarse ambos datos combinados. En determinados países hay organizaciones privadas que ofrecen datos más próximos en el tiempo –con menos retraso que las públicas–, si bien con una muestra menos representativa, de la evolución de la facturación.

Cómo interpretar los datos económicos: una guía para inversores

Por ejemplo, en el Reino Unido, el Consorcio Británico de Minoristas entrevista a menos empresas que la Oficina Nacional de Estadística, pero difunde sus conclusiones aproximadamente una semana antes de que se den a conocer los datos oficiales. Barclaycard, por su parte, dispone de una metodología propia según la cual calcula las ventas minoristas a partir de las transacciones efectuadas con tarjetas bancarias; otras entidades miden el tránsito de clientes en las tiendas.

Por otro lado, la producción industrial normalmente informa de los bienes fabricados, y abarca la producción manufacturera, los suministros públicos y la minería. Alemania, entre otros, da cuenta de los pedidos recibidos: un indicador adelantado de la propia producción, en opinión de muchos expertos, ya que los pedidos de hoy son la producción de mañana. 

El otro indicador mensual de gran popularidad en el sector y la prensa económica es el índice de gestores de compras (o PMI, por sus siglas en inglés): una encuesta que trata de estimar el número de empresas cuya actividad aumenta. De las mediciones superiores a los 50 puntos se desprende que más de la mitad de las empresas están creciendo, un fenómeno que las instituciones encargadas de su publicación, básicamente IHS Markit y el Instituto de Gestión de la Oferta de EE.UU., consideran indisociable de un contexto de expansión económica. Para cada país suelen elaborarse tres PMI: industrial, del sector servicios y uno compuesto que pondera los dos primeros –en algunos casos, además, también otro referido a la construcción–.

Se trata de un índice que incluye varios parámetros como los pedidos, el empleo creado o los precios pagados a los proveedores, si bien, a nuestro juicio, el primero quizá sea el que ofrece una perspectiva más enfocada hacia el futuro; el PMI compuesto, sin embargo, mide solo la producción, conque su aportación no es tan valiosa. La experiencia nos dice que el éxito de los índices radica sobre todo en que es el indicador mensual que se publica con mayor antelación. Su primera estimación, que IHS Markit calcula para las principales economías, suele divulgarse en la tercera semana del mes en curso.

El dato final del sector industrial suele darse a conocer el primer día hábil del mes siguiente, dejándose para dos días más tarde el del sector servicios y el compuesto. Consideramos que son indicadores útiles, aunque debemos resaltar que no miden el crecimiento de un país, sino su extensión. 

Otros indicadores que acaparan la atención de los expertos últimamente son los de alta frecuencia o a tiempo real, cuya actualización se realiza a diario o semanalmente. Se están revelando especialmente útiles en el seguimiento del fulminante impacto económico de la covid-19 y se refieren, entre otros asuntos, al tráfico rodado, los vuelos comerciales, las compras con tarjetas de crédito o las reservas en restaurantes. Pese a sus ventajas y gran notoriedad actual, a los inversores solo les sirven para percibir el estado de ánimo y las expectativas económicas generales.

Muchos de estos datos económicos se presentan como tasas de variación –el incremento o reducción desde un periodo de referencia anterior en términos porcentuales–, siendo cuatro las más habituales: intermensual, intertrimestral, interanual y anualizada. La primera se refiere a la evolución relativa entre el mes sobre el que se está informando y el anterior; normalmente incorpora lo que los estadísticos denominan ajustes estacionales para tener en cuenta los factores climáticos y del calendario. Así, los periodos en que año tras año se dan repuntes o caídas por cuestiones pasajeras, como cuando en fechas señaladas de diciembre tiene lugar un fuerte incremento de las ventas, no sesgan los resultados. La mayoría de la información sobre facturación minorista y producción industrial incorpora dichos ajustes estacionales. Otro tanto hacen las variaciones trimestrales, que suelen usarse para presentar los datos del PIB.

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La tasa interanual, por su parte, que representa el cambio porcentual entre un mes o trimestre respecto al mismo periodo un año antes, es la idónea cuando no hay ajustes estacionales disponibles; además, es menos volátil que el dato intermensual, por lo que algunos analistas lo prefieren al exhibir las tendencias con mayor claridad. No obstante, somos de la opinión de que observar los números así sesga mucho la información otorgándole mucho peso al pasado y ocultando la evolución más reciente.

Por último, las tasas de variación anualizadas o el crecimiento que resultaría al final de un año si se mantuviera una determinada tendencia intermensual o intertrimestral durante el periodo completo; Estados Unidos y Japón se sirven de este método para facilitar el PIB, mientras que la mayoría de los países de Europa y el Reino Unido recurren a los intertrimestrales e interanuales. A la hora de realizar comparaciones, asegúrese de que está utilizando los mismos indicadores, sobre todo si proceden de diferentes fuentes. Por ejemplo, confrontar el crecimiento anualizado del PIB de los Estados Unidos con el intertrimestral de la eurozona podría abocarle a conclusiones erróneas. 

Los inversores deben tener en cuenta algunas consideraciones que conviene tener presentes en los próximos meses. Los datos económicos seguirán registrando importantes vaivenes, incluidos retrocesos espectaculares. Nuestra expectativa para el trimestre que cubre desde abril a junio va a ser desastroso, tal vez el peor de la historia en términos de PIB. Muchos analistas prevén que el dato de Estados Unidos, por mencionar un ejemplo, declinará más de un 25% anualizado. No debe olvidarse que se trata de información anualizada.

Una caída de esta magnitud es enorme sin paliativos, pero no significa que la producción económica del país se haya reducido a tres cuartos del total, aparte que cabe esperar enormes rebotes a medida que las economías continúen su proceso de reapertura. Ya estamos apreciando este fenómeno en el tráfico aéreo, las ventas al por menor y otros indicadores.

Estos enormes repuntes se deben a la forma de calcular los datos: comparar periodos de cierta reactivación económica con otros de absoluta parálisis, como por ejemplo abril, va a producir esos grandes saltos. No va a implicar que la economía mundial haya retomado el auge de repente, sino que parte desde una cifra muy baja. Ahora bien, algunos expertos podrían interpretar la magnitud de la caída o el efecto de base como un argumento para el pesimismo, pero no son más que datos del pasado, por lo que no predicen la coyuntura económica del futuro. Tampoco dicen mucho sobre el mercado de renta variable, el cual, según nuestro criterio, tiende a formar sus expectativas económicas con vistas a un intervalo temporal de entre 3 y 30 meses. En última instancia, seguramente el porvenir de la bolsa y de la economía dependerán en gran medida de la reanudación de la actividad de las empresas. 

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