Deustche Bank no levanta cabeza. Después de haber protagonizado el mayor susto al sector financiero europeo y mundial a principios de este año, acaba de ser multado por las autoridades americanas, que le piden 14.000 millones de dólares por comercializar productos subprime.
 
Como no podía ser de otra manera, la bolsa europea reacciona con caídas. Se trata de un nuevo misil en la línea de flotación del que el FMI declaró como mayor banco sistémico del mundo hace solo unas semanas.

El alto endeudamiento y sus problemas para estabilizar el negocio y hacer frente a los costes legales han hecho que el mundo entero mire de reojo a la entidad por si le ocurriera algo grave. Si así fuera deberíamos estar preparados para apagar un un auténtico incendio en los mercados.

Cuando Deutsche Bank anunció a principios de este año que había perdido 6.800 millones de euros en 2015 las bolsas de todo el mundo se pusieron en alerta. Una parte de esas pérdidas ya se habían descontado cuando en octubre del año pasado la mayor entidad financiera alemana anunció un plan de reestructuración que incluía el despido de 9.000 personas y la retirada del negocio en más de 10 países.

El plan se había proyectado tras conocer que tenía que hacer frente a una multa por manipular el Libor.  Sin embargo cuando a finales de enero la empresa anunció las pérdidas multimillonarias,  sus títulos comenzaron a desplomarse dejando una sensación de que las caídas eran imparables, tanto que su cotización se situó en mínimos de 1984. Bloomberg calcula que Deutsche Bank ha tenido que hacer frente a multas por malas prácticas por unos 8.000 millones de euros y unos gastos legales que habrían alcanzado los 7.000 millones de euros.

Las malas cifras de Deustche Bank se mezclaron con otros comentarios que preocupaban incluso más. Había expertos que comenzaron a sospechar que con esos datos el banco alemán iba a ser incapaz de hacer frente a los pagos de los Cocos (los bonos convertibles en acciones) que tiene que desembolsar este año y el próximo.

La evolución de la entidad ha sido una auténtica montaña rusa que se movía tanto por las propias noticias del sector como de la misma firma. Unas semanas después de los problemas de febrero, Deutsche Bank anunciaba que su posición en el mercado de derivados era de 52 billones de euros, una cantidad 20 veces superior al PIB de Alemania. En total la firma tiene en su balance el 13% de todos los derivados del mundo invertidos fundamentalmente en materias primas y petróleo. Aunque estos activos tienen sus colaterales, el destrozo que podría provocar un colapso de los mercados en sus cuentas podría ser infinito.

Deutsche Bank


En junio, por si fuera poco, un analista de Berenberg alertaba a los inversores que la quiebra de Deutsche Bank sería inasumible incluso para el Estado alemán porque el grado de apalancamiento era de 40 veces, muy superior al de Lehman Brothers el día antes de su suspensión de pagos. Algo que preocupa porque como explica el FMI, la firma es la más sistémica en el mundo y su desplome implicaría probablemente el derrumbe del sector.

La política de tipos bajos tipos de interés y el aumento de la regulación tras la crisis financiera abrieron una brecha en la línea de flotación del sector que cada vez tiene menos herramientas para hacer rentable un negocio que se basa en prestar dinero y cobrar un interés por él. Este problema no afecta solamente a Deutsche Bank, sino que es común a la industria tanto en Estados Unidos como en Europa.

Por eso no extraña cuando se miran los ratios del banco, que tiene una rentabilidad sobre activos propios (ROE) de menos de un 1%, al nivel del Popular. Su eficiencia, es decir, el dinero que gasta para ganar dinero es del 89%, es decir, le cuesta mucho obtener un euro. Esto ha provocado que su valor en libros sea de poco más de 0,3 veces, por debajo de la media en Europa.

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