El inversor norteamericano sigue siendo fiel a su estrategia y vuelve a emplear un discurso agresivo para obtener el mayor beneficio posible, en este caso, en relación a Family Dollar.
Carl Icahn vuelve al escenario y como suele ser habitual en él por la puerta grande. Como siempre, busca rizar el rizo para que poder obtener las mayores ganancias posibles. En este caso, pretende que la cadena minorista Family Dollar se ponga a la venta inmediatamente, amenazando con una guerra de poder reemplazar todo el directorio de la empresa si no se ha iniciado ese proceso.

Icahn, que se convirtió en el mayor accionista de la compañía a principios de este mes, también pidió que tres de sus representantes entrasen en la junta directiva de la empresa inmediatamente y ser parte del nuevo comité encargado de encontrar un comprador.

"Aunque apreciamos el carácter cordial de nuestra discusión en la cena de la noche anterior, era evidente que tenemos una fuerte diferencia de opinión en cuanto al futuro de nuestra compañía", aseguró el multimillonario y CEO de la firma, Howard Levine.

El inversor de Queens aseguró que creía que la compañía atraería interés significativo de compradores estratégicos y financieros, puesto que se trataba de "un momento perfecto para vender, dado la situación en la que se encuentra el mercado y el entorno de tipos de interés".

En este sentido, advirtió que se acercaría a los accionistas directamente iniciando una solicitud de consentimiento por escrito dentro de las próximas semanas si la empresa no actúa de inmediato.

Cuando Icahn reveló sus planes, propuso que consideraba que sería buena idea fusionarse con su rival Dollar General Corp.

Las acciones de la compañía ha aumentado casi un 8 % en el último año, muy por debajo del aumento del 20% en el índice S&P 500. Icahn mencionó esto en su carta, añadiendo que Family Dollar tiene un rendimiento inferior en la mayoría.