Los activos globales gestionados profesionalmente, siguiendo estrategias de inversión responsables, suman en la actualidad 70 billones de dólares. Una tendencia al alza que, según el brazo de gestión financiera del nórdico Nordea Bank, servirá de ‘embudo’ para el mercado empresarial.

Los activos ESG (por sus siglas en inglés) o  'factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo' lejos de sacrificar la rentabilidad la posibilitan a largo plazo. Al menos es lo que aseguran los fondos de activos globales gestionados profesionalmente bajo estas premisas (los llamados fondos responsables) y que han pasado de cincuenta en 2006 a 1.600 a cierre del año pasado. Son los signatarios de los principios para la Inversión Responsable (PRI) que representan en la actualidad 70 billones en activos bajo gestión.

No sólo crece la inversión responsable (según laGlobal Sustainable Investment Allianz estos activos globales crecieron un 25% entre 2014 y 2015) sino que también crecen los filtros de exclusión, lo que para el especialista senior de Producto de Nordea AM significa que las cosas están cambiando. “Nosotros, por ejemplo, empezamos descartando a las compañías cuyos ingresos procediesen en más del 70 % de la minería del carbón. Hoy en día, con que sobrepasen el 30% queda automáticamente prohibida la inversión”, afirma Cristian Balteo.

 

 

Hoy en día el comportamiento responsable de una compañía no parece una opción ante un futuro en el que la demanda minorista cada vez es más exigente con este tipo de principios. Conseguir conciliar las rentabilidades atractivas a largo plazo con los objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (SDGs) se antoja complicado porque “no le podemos pedir a las compañías que hagan lo que no está en su mano, pero sí exigirles que hagan todo lo posible por minimizar los riesgos” asegura Balteo que se esfuerza por diferenciar el concepto de inversión ética e inversión ESG. Es un mundo que “no entiende de blanco y negro, sino de grises; y en nuestra cartera sólo entran los grises caros o casi. El resto queda descartado” asevera.

Las estrategias que siguen los profesionales de la gestión de activos ESG también son diferentes. Aunque todos los signatarios de los Principios para la Inversión Responsable comparten un enfoque parecido a nivel corporativo (exculsivo), no todos llegan a implementarlo también en el producto (inclusivo), de momento.

Distintos enfoques para la Inversión Responsable

En el nivel corporativo, conseguir el compromiso con la ESG de las compañías a través del diálogo es el primer paso, adoptando el ejercicio de los derechos y requerimientos del accionista de manera activa. De esta manera se influye en las actividades y el comportamiento de las empresas en las que se invierte o en las que se considera invertir. Es lo que en NAM denominan activismo cuyo máximo exponente es el voto en las juntas generales y que los fondos responsables suelen publicar para facilitar la transparencia.  

También se utilizan los filtros negativos o de exclusión de ciertos sectores, empresas o prácticas basadas en criterios específicos de ESG. “Nosotros, por ejemplo no excluimos a las compañías de telefonía porque utilicen el coltan para la fabricación de los terminales porque no está en su mano. Pero sí les exigimos que nos demuestren que hacen todo lo que pueden por minimizar los riesgos y garantizar la responsabilidad de sus actuaciones”, aclara el especialista de producto de NAM. Este fondo nórdico sí excluye categóricamente empresas que producen armas ilegales o controvertidas y apuesta por el diálogo activo con las corporaciones para que optimicen sus sistemas de gestión, rendimiento medioambiental, social y de gobernanza (MSG) y sus comunicaciónes.

En este sentido, la firma con sede en Helsinki se ha marcado como objetivo integrar las cuestiones de MSG para tomar mejores decisiones de inversión, ya que los datos relativos a MSG suelen ser una fuente valiosa de información sobre los riesgos potenciales a largo plazo a los que se puede enfrentar una empresa. Un buen ejemplo de incumplimiento de este criterio fue el sonado caso de Facebook. Nordea sacó de su cartera a la compañía de Mark Zukerberg, aún a sabiendas de que en pocos días se repondría con creces a las pérdidas ocasionadas tras el escándalo de Cambridge Analytica. “Tras pedirles explicaciones y medidas adicionales de control y responsabilidad no nos convencieron sus respuestas y decidimos salir”, explica Cristian Balteo que, sin embargo, argumenta la buena disposición que mantuvo Samsung. “Fuimos uno de los dos únicos fondos globales que se reunieron con la coreana después de que uno de los herederos de la compañía fuese detenido. No pararon de agradecérnoslo” dice Balteo.   

Más allá del entorno corporativo la estrategia del brazo de gestión de activos del banco nórdico pasa por una solución de inversión construida con el objetivo de batir al índice de referencia añadiendo valor al tratar de mejorar las rentabilidad a largo plazo con la inversión en compañías que cumplen y demuestran su compromiso con los criterios de sostenibilidad (líderes con rating A y aquellas con un perfil de sostenibilidad al alza). Es decir, aquellos activos que integren un óptimo análisis fundamental y cumplan los principios de ESG, para generar rentabilidades por encima del mercado.

Para ello, se analizan así los costos de cambio, la ventaja de estructura de costos, los activos intangibles, los efectos de red, la eficiencia de la escalar, la cultura corporativa, los riesgos regulatorios, las innovaciones disruptivas y, finalmente la ESG (se identifican y analizan los factores claves para incorporar su impacto material dentro del análisis estratégico y se cuantifica su impacto en la valoración).

 

La estrategia estrella

Los fondos Star son  uno de los clásicos cuando se habla de fondos de inversión socialmente responsables: denominación de origen nórdica y, sólo el año pasado, una rentabilidad del 30,44%. En la actualidad, bajo esta estrategia se gestionana 224 millones de euros (el 50% de clientes terceros) bajo la batuta del carismático Sasja Bislek. Un refugiado bosnio que huyó del genocidio de su país en 1993 para llegar a Polonia durmiendo de parque en parque. Perseguido por los Muhaidines y cien marcos alemanes en el bolsillo se compró un pasaje en el primer barco que zarpaba. Así fue como llegó a Suecia. Tenía 19 años.

Cumplió los treinta convertido en el CEO del mayor fondo de inversión responsable de Suecia, después de pasar por varios campos de refugiados, la Universidad de Estocolmo (dónde estudió Económicas y Periodismo) y varios conflictos bélicos que cubrió como corresponsal de guerra para Cruz Roja.

En 2011, mientras era Consejero Delegado de Nordea Investment Funds Sweden, lanzó los nuevos fondos Stars de la compañía enfocados en la sostenibilidad, con un horizonte de amortización de siete años. La decisión condujo a una revuelta en la junta directiva, pero Beslik se mantuvo firme y el Stars Fund fue elegido como el mejor fondo de renta variable global de Suecia en 2017, la primera vez que un fondo sostenible recibía tal honor.