En ausencia de especulación, es muy posible que tanto Grecia como Irlanda también precisaran un rescate. En el caso del país heleno, antes del rescate, la deuda pública alcanzaba el 127% del PIB y su déficit era del15%. Su problema era estructural, teniendo un sector público descontrolado, con un aparato funcionarial insostenible; todo ello agravado por el temor de que sus datos reales fueran incluso peores de los conocidos, conociéndose que Goldman Sachs había contribuido a estructurar y ocultar parte de su deuda.


En el caso de Irlanda (primer país en hacer recortes presupuestarios) el problema no radicaba en sus finanzas públicas (era el segundo país de Europa con mayor renta per cápita) sino en su sistema bancario, que concentraba un exceso de activos tóxicos o de difícil cobro. Así, el pequeño tamaño de la economía irlandesa limitaba el margen para absorber la nacionalización de sus bancos; nacionalización que ha extremado el déficit público hasta el 32%. Así pues, la sostenibilidad de estos dos países no era factible sin la contribución de sus socios europeos.

El caso de Portugal, y sobre todo de España, es muy distinto. Atendiendo a razones económicamente justas, la Península Ibérica quedaría eximida de cualquier peligro. En estos dos países, la deuda pública está controlada (en España, está previsto que 2010 acabe con el 63% de deuda, por un 75% de Alemania) y el déficit, que sí que ha subido de manera preocupante, se va a ver paliado por las medidas ya tomadas, acercándose a la media europea del 7%. En el país luso, el hecho de no haber vivido ninguna burbuja inmobiliaria (cuando desde 2002 a 2007 España crecía por encima de 4%, Portugal apenas lo hacía), convierte a sus bancos en actores saneados.

España, que posiblemente haya tenido una de las burbujas inmobiliarias más nocivas del mundo, cuenta con unos bancos bien provisionados, cuyos ingresos son en gran medida de procedencia foránea, con capacidad para absorber los excesos inmobiliarios sin necesidad de recurrir a nacionalizaciones (sólo ha existido un caso de intervención pública, muy por debajo de otros países más solventes como Alemania). Sin embargo, los prejuicios internacionales a la ribera mediterránea animan una especulación de trazo grueso que tiende a homogeneizar realidades incomparables.

El procedimiento es el siguiente: un grupo de especuladores, de gran tamaño y sofisticación, se coordina para provocar un triple ataque; posiciones cortas en los valores bancarios de los países con dudas (especialmente Santander y BBVA por su gran liquidez); compra de CDS de los bonos problemáticos y venta de futuros de esos mismos bonos. Estas tres acciones, que se realizan de manera apalancada (moviendo así un nominal más elevado) contribuyen a que cunda el pánico, pánico que es recogido por los inversores “convencionales” que deshacen posiciones, agravando el castigo. De esta manera, con cierta rapidez, se amplían los spreads de deuda, que acercan a los países al rescate, al impedir una financiación sostenible.

Así pues, en ausencia de estos movimientos especulativos, no existiría ninguna posibilidad real de que ni España ni Portugal se acogiesen a ningún plan de contingencia. Portugal tiene un plus de peligrosidad, al tener un tamaño abordable para los especuladores. Pero España (noveno PIB mundial, equivalente al doble de la suma de los PIB de Irlanda, Grecia y Portugal) presenta mejores condiciones para aguantar los ataques. Pese a que hoy Weber ha insinuado que la cantidad del fondo de 750.000 millones de Euros se puede ver ampliada, dicho fondo no está preparado para tener que rescatar a España. Tampoco lo están el Euro, ni la UE, ni el mundo. Así que habrá que inventar algo que ahuyente la especulación.