Este año más que pedir, nos hemos inclinado por rogar que las cosas no sean tan malas como auguran los más pesimistas que –desconocemos el motivo- se cuentan por legión. Además, nuestro estado de ánimo para su llegada es más bien dubitativo y algo decepcionado tras las promesas incumplidas del año anterior. Nada de lo que pedimos en 2011 se hizo realidad y rebasó con mucho nuestras peores pesadillas. Aún así, haciendo uso de nuestra inocencia, en 2012 hemos querido suscribir el eslogan que el Ayuntamiento de Madrid ha utilizado en la cabalgata de ayer, algo así como ‘El regalo de la inocencia’.

Por eso, nuestra lista de regalos comienza por el ansiado rebote de los mercados. ¿No ha sufrido ya bastante la banca? A todos los inversores les gustan de cuando en cuando las cosas baratas, pero tres años de rebajas, ¿no resulta algo excesivo? Con todos los índices en mínimos tan sólo queremos la vuelta de la tendencia al alza. Eso sí, avisen antes, no sea que el rebote, por miedo, lo pillemos a deshora, mal y tarde. Lo de nuestros bancos es aún peor si cabe. El año pasado por estas fechas soñaban –ingenuos ellos- con los 8 euros, hoy casi imploran por mantener los cinco.

¿Creen que podrían de paso relajar la prima de riesgo? Nadie –los banqueros- sabe por qué, pero lo cierto es que España despierta una desconfianza que no se basa en los balances. Si hay algo que tapar, tápenlo, que los españoles nos hemos ganado un respiro, ¿no creen?
 
Además, el flamante ministro de Economía, Luis de Guindos, se ha puesto también a hacer su lista de peticiones: 50.000 millones de euros que pretende que los banqueros aflojen al Feoga para hacer frente a posibles enmiendos del sector. Por lo visto se ha dado cuenta de la generosidad del anterior gobierno con la CAM que ha dejado vacías las arcas públicas. Pero bueno... no vamos a pedir aquí por boca del Sr. Rajoy que como aplique en su casa todo lo que exige para 'la casa de todos' este año sus niños se pueden dar con un canto si reciben una bolsa de carbón. Con este panorama, tan poco es plan de pedir imposibles, pero no estaría de más que dado que la recesión se encuentra ya entre nosotros (shhh...y que no se enteren los de fuera) podrían llevársela allá por el verano para evitar otro año en negro en nuestra economía.

Ya han visto nuestra generosidad hacia nuestros conciudadanos, ¿no? Toca algo para nosotros ahora. Queremos un saco de monedas, a poder ser sin fondo, para poder hacer frente a la batería de impuestos que nos van a subir este año, partiendo encima de sueldos congelados y con una inflación galopante, que puede no ser excesivamente elevada...es sólo que es algo extraño que no sea más reducida teniendo en cuenta la tasa de paro. Pregunten sino a los sabios que conocen a la perfección la relación inversa entre ambos indicadores.

Y ojito de cómo lo van a pagar porque nada de soltar a toca teja una barbaridad de dinero en la fábrica de juguetes. La noticia igual les pilla de nuevas, pero reducir la cantidad de pago en efectivo es la última idea del gobierno para luchar contra el fraude fiscal. El dinero, al banco, que ya sabemos que están necesitados de él al igual que nosotros de los banqueros, aunque la relación diste mucho de ser comparable.

Si el oro repuntase, el euro/dólar cediese de una vez -que vamos a acabar en Semana Santa con los analistas repitiendo hasta la extenuaciación su tendencia bajista y nada...- y los cíclicos diesen sus frutos serían unos regalos perfectos. Ahora bien, teniendo en cuenta que mis abuelos, los mayores de 75 años en general, han sido los que más dinero se han gastado en la Lotería de El Niño y que todos mis familiares por debajo de 35 años o están en paro o su salario no llega ni a los 1.000 euros, tengo pocas esperanzas puestas en ustedes. Apelen a la piedad si quieren, pero, ¡por Dios!, que no estoy pidiendo imposibles, el paro lo he dejado de lado a sabiendas de que estamos en crisis...