La salida del euro de Grecia cada vez se hace más plausible tras la declaración de intenciones de Papandreu acerca del referéndum sobre las condiciones exigidas por Europa para su rescate, seguramente por considerar que lo que están dispuestos a recortar los bancos será insuficiente y con la intención de desvincularse de responsabilidad, “pasando la patata caliente” al ciudadano heleno. Cabe mencionar que no es la primera vez que un acuerdo alcanzado en Europa da marcha atrás por los resultados o expectativas negativas de un referéndum. De hecho, ya se han paralizado las ayudas hasta que Grecia no cumpla los requisitos exigidos.

En el día de hoy, el primer ministro ha anunciado que este referéndum se celebrará el domingo 4 de diciembre, además de declarar que espera un resultado positivo, pero el mercado desconfía de esta previsión calificándola seguramente de improbable o ficticia, teniendo en cuenta las múltiples huelgas generales y protestas de la población helena.

Además, la situación política en Grecia se desquebraja, dejando a la cumbre del G20 en una segundo plano. El primer ministro ha perdido la mayoría absoluta en el Congreso justamente antes de la moción de confianza y la palabra dimisión no cesa de sonar. De hecho, la BBC británica asegura que ofrecerá su renuncia a cambio de un Gobierno de Coalición.

A pesar de todo ello, la Comisión Europea a través de su portavoz, Karolina Kottova, ha declarado que creen en Grecia dentro del euro ya que se aferran al acuerdo alcanzado. Aunque, el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Junker, ha asegurado que se están preparando para una posible salida del euro con el fin de poder frenar los azotes que recibirían el resto de economías europeas. Por tanto, no se descarta la salida, de hecho ya se están diseñando medidas para paliar sus posibles efectos.
Entre datos negativos de empleo en Europa y tensiones en el caso de que la quita helena no sea del 50%, sino que incluso llegue al 100%, el nuevo presidente del Banco Central, Mario Draghi, ha dado una bocanada de aire a la economía real bajando, por fin, los tipos de referencia en 25 pb, del 1,5% al 1,25%.

La vuelta del dracma supondría como es lógico una reacción en cadena. Así, la caída del sistema financiero heleno arrastraría al sistema empresarial, debido a la marcada depreciación de la nueva moneda frente a sus principales cruces. A continuación o, más bien al mismo tiempo, habría una huida masiva de capitales y bancos, lo que lastraría la financiación tanto pública como privada. Con lo que un problema financiero se convertiría en un gravísimo problema real, sin el colchón de Europa. El pánico en los mercados se propagaría al resto de países, sobre todo a los periféricos y especialmente a Italia. La crisis vivida con Lehman Brother´s quedaría en segundo plano con la que se produciría si Grecia sale del Euro.