El principal obstáculo para que la Reserva Federal de Estados Unidos siga al BCE e incremente tipos de interés es el desempleo.
La recesión sufrida por Estados Unidos ha sido más profunda que la ocurrida en Europa, no olvidemos que su tasa de desempleo se ha llegado a duplicar (alcanzó la cifra de 10.1% a finales de 2009), mientras que en Europa el desempleo “solamente” subió un 40% durante la crisis. La cifra actual de desempleo en EEUU (8,8%) es todavía elevada para lo que la Fed puede considerar normal (6%). Serán necesarios tres años para que esa diferencia se estreche y el mercado laboral estadounidense vuelva a mostrar fortaleza. Si a esto le unimos el hecho de que la Fed ha primado tradicionalmente el crecimiento económico sobre el control de la inflación, no cabe esperar un incremento de tipos por su parte hasta principios de 2012, dada la fragilidad de la actual recuperación.
 
Adicionalmente, existen diferencias importantes en el mercado laboral europeo y norteamericano. El poder de presión al alza sobre los salarios por parte de los trabajadores europeos, más dados al sindicalismo y a la negociación colectiva, es mayor que el de sus homólogos estadounidenses, por lo que las subidas de precios se transforman de modo diferente en inflación. Los salarios europeos se han incrementado un 1,4% en el último trimestre de 2010, la mayor subida desde que se registra el dato.
 
Está también por ver hasta qué punto las subidas de tipos en Europa o un hipotético movimiento en el mismo sentido por parte de la Fed pueden controlar una inflación cuyo principal motor es el encarecimiento del crudo, provocado a su vez por la creciente demanda de los países emergentes, un problema estructural de oferta que subyace de fondo, y las revueltas en los países árabes.