Les adelanto que la negociación para encontrar una salida al Problema griego antes de la Cumbre europea del 20 de junio será frenética. Pero, ¿el 20 de junio? Sólo partiendo de que el Parlamento griego debatirá las nuevas condiciones de ayuda (de nueva ayuda, aunque todo es muy confuso en estos momentos) el 28 de junio, las fechas comienzan a ser poco claras. Sólo sabemos que el 18 de junio (o es el mismo 20…lo ven, todo es confuso este mes) habrá un Eurogrupo donde debería estar claro todo. Antes toca definir que es este Todo.

La cuestión es doble: ¿default o no?. Aunque, también podríamos preguntar: ¿qué tipo default?. Por lo que sabemos en este momento. 1. Alemania quiere un aplazamiento de la deuda, en principio obligado; 2. el ECB rechaza cualquier reforma, con la excepción de que sea voluntaria; 3. el resto de los países, si consideramos los comentarios de Juncker, pueden consentir un ajuste que no afecte de forma negativa a los mercados. Misión imposible consensuar tanto objetivo. Y luego tenemos a los políticos (Gobierno y oposición griega) y a la ciudadanía. Esta misma semana habrá una huelga general, una más, aunque quizás ahora con un carácter simbólico mayor considerando la petición desde el FMI de que las nuevas medidas sean consensuadas por toda la clase política.
¿Y después qué? Pues tendremos a Irlanda y Portugal. Y la creciente sensibilidad, de nuevo, del mercado a España. Creo que aún nos quedan semanas y/o meses de tensión.

¿Les parece bien que volvamos al inicio? Grecia tenía problemas fiscales incluso antes de entrar en el Euro; en Irlanda fueron problemas derivados de la quiebra de su banca; Portugal adolecía de un programa económico claro. En los tres casos, un problema de liquidez que llevo al riesgo de insolvencia. Y este problema de liquidez pueden también sufrirlo otros países, mayores, de la zona EUR. Pero, ¿por qué sólo los países del EUR sufren este problema de liquidez cuando las finanzas públicas están incluso más deterioradas en otros países desarrollados? La respuesta es obvia: la unión monetaria supone una pérdida de soberanía monetaria. Si, además, consideramos que buena parte de la deuda pública está en manos de la banca nacional veremos como un deterioro en su valoración conlleva el propio deterioro de la situación financiera de la banca. Nuevos problemas de liquidez, en este caso del país, que se embarga en un círculo vicioso de difícil salida. ¿La solución? Más Europa.

Hace muchos meses que llegué a la conclusión de que la combinación de debilidad del crecimiento, deterioro de las finanzas públicas y elevado déficit exterior era un caldo de cultivo propicio para la crisis. Un país en estas condiciones no tiene margen para tratar de combatir el deterioro de la economía, lo que se traduce en que el propio deterioro de las expectativas económicas conlleva nueva desconfianza entre los mercados. Sí, más Europa. Pero he aquí que la integración monetaria no ha sido acorde con una necesaria integración fiscal, esto ya lo estamos valorando, como mucho menos con la ahora casi imprescindible integración política. Decía el presidente del ECB que el último acto a considerar, tras la ayuda condicionada y la creación de un ministerio de finanzas europeo (¿no trata la Comisión Europea de reconducir las finanzas públicas de forma preventiva ahora?) es la unión política. Pero esto no es nada fácil en momentos de debilidad económica. Realmente tampoco lo ha sido bajo un escenario económico favorable. Otra cosa es crear tiempo para que los mercados reduzcan su presión sobre los países ahora más cuestionados. Por ejemplo, crear un mecanismo que logre bajar el riesgo país.

Tanto la Fed, como el BOE y el BOJ han aplicado con menor o mayor éxito medidas tendentes a comprar deuda del estado de forma que: 1. reduzcan los tipos de interés a plazo; 2. den liquidez a este mercado. Precio y liquidez; riesgo país y liquidez. El ECB también lo ha aplicado, aunque de forma muy marginal. No le corresponde hacerlo, no al menos con el objetivo que ahora es prioritario. ¿Quieren un ejemplo? Muchos inversores van con la calculadora en la mano indagando sobre el objetivo de saldo primario de las cuentas públicas que permite compensar la diferencia entre el tipo de interés de la deuda y el crecimiento nominal de la economía. Cuanto más bajo el tipo de interés, menor el esfuerzo fiscal a realizar para que no se ponga en duda la solvencia del país. Cuando más bajo el tipo de interés, con una moneda depreciada, más posibilidades de que la economía recupere fuerza. Piensen en el caso de UK y España. Pese al mayor deterioro relativo de las finanzas públicas en UK, nuestro riesgo país es mayor. Pregúntense por la razón.

Desconozco ahora cómo superaremos esta situación. Pero tengo fe ciega en que lo haremos. La fe es así. Pero, quizás, para alcanzar la salida tengamos que ver un mayor deterioro. Los grandes pasos dentro de la EU se han producido siempre en situaciones aparentemente límite. Hoy por hoy estamos lejos de haber visto este límite