Confiar o no confiar, esa es la cuestión. Y esa es la duda que tendrá que resolver si quiere formar parte del accionariado de Clesa, perteneciente a Nueva Rumasa. Los expertos lo tienen claro: es una cuestión de confianza. Ciega, eso sí. Porque financieramente hay pocos argumentos que avalen que será una operación con éxito.
Primero fueron pagarés. Una rentabilidad garantizada del 8% con una inversión inicial de 50.000 euros y que se publicitaron como una ‘magnífica oportunidad de inversión”. Una operación que se encontró de frente con la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y que tuvo como punto de referencia ‘la confianza’ en una compañía que resurgía 26 años después de una de las mayores expropiaciones del mercado español.

Después de haber cubierto con aparente éxito, según señaló la propia entidad, cuatro emisiones de pagarés…la compañía se lanzó hace apenas un mes a una ampliación de capital en Clesa mediante la emisión de cuatro millones de nuevas participaciones sociales – por un valor unitario de 3.30 euros – y ofreciendo a los destinatarios la posibilidad de convertirse en socios mediante la suscripción de al menos 3.300 euros. ¿El objetivo? Buscar financiación para la compra de nuevas empresas por parte del grupo español. Y surge la duda ¿invertir o no invertir?

Muchos expertos ven en el propio motivo de la ampliación una de las ‘trampas’ de esta operación. En varias entrevistas, José María Ruiz Mateos (hijo) admitía querer “dar entrada a inversores en capital en todas aquellas empresas que, debido a sus planes de negocio, lo requieren y en lugar de financiarlo con deuda – que es mucho más costosa- financiarlo por vía de capital”. La realidad parece ser otra pues “tras diversos lanzamientos de pagarés con un interés superior al mercado – entre el 8-10%- con fuerte polémica por las advertencias de la CNMV, la venta de participaciones parece ser la única alternativa para reforzar su estructura financiera y hacer frente al pago de sus acreedores”, admite Teresa Bittini Llorca, profesora de valoración de empresas de Escuela de Finanzas (La Coruña) y ex directora de relaciones con los inversores de Aceralia y NH Hoteles. Esta experta reconoce que Clesa acumula una deuda de 103,8 millones de euros y fondos propios de 41 millones. Nueva Rumasa “ha reconocido tener problemas puntuales pero asegura que está buscando ayuda de fondos de inversión internacionales (…), planes que el inversor que quiera invertir en Clesa en estos momentos desconoce por lo que no puede contar con esas información para acometer su inversión”.

Desde el punto de vista financiero “un préstamo que pides a dos años para comprar una compañía es muy agresivo porque en ese plazo no sólo tendrás que generar el importe prestado sino además los intereses”, reconoce Ángel González, profesor del Centro de Estudios Financieros (CEF). En un entorno como el actual – y en un mercado en el que sólo los grandes parecen ser ganadores, cuanto menos se hará difícil creer que se lograrán esas cifras. Tampoco apoya el hecho de que la compañía esté utilizando sus principales marcas – Clesa o Dhul- para ayudar a otras empresas de su conglomerado con menor capacidad financiera. J.Venancio Salcines, presidente de Escuela de Finanzas (La Coruña) y profesor titular de mercados financieros de la Universidad de La Coruña reconoce que “los inversores han de explicarse por qué las joyas de Clesa se están buscando para fortalecer Cacaolat y no al revés. No tiene sentido intentar captar capital para una sociedad y en paralelo desviar los mejores activos hacia otra empresa del grupo, la que por cierto si tiene interés en salir al mercado regulado y supervisado, más específicamente al MAB ¿Qué ocurre?”. Este experto tiene claro que para acceder a este mercado “hace falta convencer a un grupo de inversores altamente especializado y explicar por qué desde comienzos de 2011, tanto la planta catalana como la zaragozana de Utebo, que comercializa la marca Sali, se han integrado –al menos contablemente- en Cacaolat”. Y no es la única pregunta que debería responder el grupo. Distintas publicaciones cifran en 238 millones de euros los créditos ‘cruzados’ que mantiene el grupo entre las distintas firmas que lo integran.

Ser accionista: implicaciones

Cifras empresariales aparte – si éstas se pueden dejar- a la hora de invertir en esta compañía los expertos inciden en la poca transparencia existente a la hora dar información sobre la operación. Teresa Bittini advierte de que “sólo disponemos de las últimas cuentas publicadas por la compañías – que reflejan una situación de solvencia – y algunos datos procedentes de anuncios publicitarios y comunicados de Nueva Rumasa informando de beneficios de 5.2 millones de euros en 2010 con un crecimiento del 5.1% en las ventas, hasta los 250 millones de euros”. Tanto proyecciones económicas de Clesa como situación patrimonial del grupo- con el que responden ante sus inversores- son necesarios para valorar la rentabilidad de la futura inversión.

La profesora de la Universidad de La Coruña advierte de que el emisor escapa a la supervisón de los mercados “y no facilita información suficiente para los inversores. La iliquidez y escasa visibilidad sobre su rentabilidad confieren a esta emisión un riesgo demasiado elevado que lo hace desaconsejable para inversores que no sean altamente cualificados y tengan perfil de alto riesgo”. La CNMV ya advirtió sobre su falta de consideración como “valores negociables, lo que determina que la operación no puede ser calificada como una Oferta Pública de Venta (OPV) o suscripción de valores de las reguladas en la Comisión Nacional del Mercado de Valores”. En otras palabras, un inversor que compre estas acciones puede tener muchas dificultades para venderlas “al no existir mercado secundario en torno a ellas o un proceso transparente de formación de precios”, reconoce el Profesor del Centro de Estudios Financieros (CEF).

Directamente relacionado con lo anterior, está la recuperación de la inversión. A diferencia de las sociedades cotizadas no se produce por la venta de las participaciones en el mercado a través de un sistema regulado, informatizado y casi automático “sino a un concreto comprador que otorga con carácter previo una opción de venta”. En el hipotético caso de que el comprador no adquiera las participaciones sociales en el momento de ejercitar la opción de venta – porque incurrieran en situación de insolvencia, por ejemplo- sería muy difícil transmitir las participaciones en el mercado”, reconoce Félix Gutierrez San Román, abogado de Boutique Legal. Y eso a pesar de que el grupo se compromete a comprar en el futuro las participaciones sociales adquiridas a un precio determinado –que no consta en contrato de opción de venta de participaciones sociales de la compañía- . De este modo, Inversiones Ruiz Mateos S.A ofrece una garantía meramente contractual que, en caso de incumplimiento, dejarían la demanda ante los tribunales como el único camino que le quedaría al socio. “Si la situación financiera de la entidad fuera delicada, los socios tendrían una postura muy precaria porque no tendrían condición de acreedores preferentes”, reconocen fuentes del mercado.

¿Por dónde pasa la solución? Mientras que para muchos expertos – la mayoría de los consultados por Estrategias de Inversión – la recomendación es la de alejarse de una inversión que presenta mucho riesgo en una operación que busca la financiación perpetua, desde la Asociación Española de Accionistas Minoritarios de Empresas Cotizadas (AEMEC), Ángel Fernández –Albor reconoce que lo que había que reformar es el sistema jurídico “que presenta muchas fisuras por muchas partes”. En este sentido, Fernández-Albor recuerda que la Ley del Mercado de Valores se aplica a Sociedades Anónimas que emiten acciones “pero no se aplica a Sociedades Limitadas que emiten participaciones por lo que si la finalidad es la de proteger al inversor, habrá que hacerlo tanto cuando compre acciones como participaciones”. El fondo de la cuestión será controlar la emisión de instrumentos financieros en el mercado “se llamen como se llamen y vengan de la entidad que vengan”. Parece que todavía queda mucho camino por recorrer.