El Consejo Europeo de la semana pasada arrancaba con grandes pretensiones; se esperaba que fuese el escenario para que se avanzara en la negociación sobre las medidas a tomar en Europa.
 
 Medidas que por un lado permitan detener el efecto contagio y que por otro, permitan garantizar la estabilidad del área euro. Entre las medidas formuladas quedaba descartada la creación de una agencia europea para la emisión de eurobonos pero sin embargo, los interrogantes sobre la ampliación del importe del EFSF o la posibilidad de que su finalidad fuese más allá del rescate, parecían seguir abiertos. Finalmente, las negativas desde Alemania truncaron cualquier posibilidad en la negociación y las cosas quedaron como estaban; al menos, en ese sentido. Lo que si se confirmó, fue la aprobación de un mecanismo permanente de ayuda para los países de la Zona Euro con problemas de deuda más allá del 2.013. Un mecanismo tan solo se hará efectivo si resulta indispensable para salvaguardar la estabilidad del euro en su conjunto.
 
¿Será casualidad? Sencillamente no lo se, pero tampoco promueven precisamente la estabilidad, las agencias de análisis y calificación de riesgos. En las últimas jornadas, no se si coincidiendo con la inexistencia de soluciones reales a la crisis europea, estamos viendo un llamativo activismo de las mismas; obviamente, con la atención centrada en la Eurozona. En la última semana hemos conocido la alerta de Moody´s sobre la banca española y también, sobre la deuda española, a la que sitúan con perspectiva negativa. Advertencias y rebajas en el rating por parte de Fitch a algunas comunidades autónomas y rebaja de en 5 escalones del rating de Irlanda por parte de Fitch. Y en la jornada de ayer, revisión a la baja de la calificación de la deuda de Portugal.
 
No hay duda de que Europa necesita esas medidas que permitan devolver la tranquilidad, tampoco hay duda de que las negociaciones con Alemania no serán tarea fácil. Mientras tanto y quizá como muestra de esa potencial debilidad en Europa, agencias de análisis y calificación de riesgo centran su atención en la periferia europea, los mercados de deuda soberana continúan tensionándose y el euro, queda en una situación comprometida. Y es que, tras testear la media de 200 sesiones en la jornada del lunes, ayer apenas lograba rebotar al alza.
 
Recordamos que el movimiento bajista iniciado el pasado mes de noviembre, permanecerá activo en la medida que el euro-dólar cotice por debajo de los 1,3493 y podría potenciarse con la pérdida de la media de 200 sesiones. No obstante, la clave queda centrada en la resolución de la zona de neutralidad. Una zona, que ha limitado los movimientos del euro-dólar en las tres últimas semanas y que establecemos entre la media de 200 sesiones (en los 1,3101) y la zona de resistencias de los 1,3457-1,3493.  
 
 


Así, nos toca seguir esperando la resolución de la citada zona de neutralidad porque hasta que no se resuelva, no evidenciamos riesgos de recortes/avances considerables. Consideramos como catalizador de los avances la ruptura de la resistencia de los 1,3493, en cuyo caso apoyaríamos un escenario alcista con un primer objetivo en los 1,3805 y como catalizador de los recortes, la media de 200 sesiones en 1,3114, cuya ruptura favorecería un incremento de la presión bajista y por tanto de las ventas que muy probablemente llevaría al cruce euro-dólar a testear los mínimos que se dejaron en noviembre en 1,2966. Sin duda, el verdadero catalizador de las ventas del euro.
 
Si en las próximas jornadas vemos un cierre por debajo de la media de 200 sesiones (al cierre de ayer en los 1,3101) abriremos posiciones cortas y es que además de los argumentos técnicos anteriormente expuestos, teniendo en cuenta por una parte la citada falta de consenso que dificulta avance alguno en materia de medidas a tomar en la crisis de la Eurozona y el contexto de avance en las medidas de ajuste fiscal en el Área euro por otra, consideramos la prórroga del programa de recortes fiscales Bush y las momentáneas sorpresas positivas en el frente económico de los EE.UU., como elementos potenciadotes de una paulatina penalización del euro frente al billete verde.