Tras los últimos acontecimientos, España ha vuelto a convertirse en uno de de los nuevos focos de atención de de la crisis de la zona euro. No cabe duda de que se trata de una economía que está sufriendo por la actual crisis de crédito y que continúa cargando con el el negocio inacabado de purgar la burbuja inmobiliaria.
Hoy en día el gobierno está poniendo en práctica ajustes muy drásticos, la mayoría de los cuales consecuencia de esa enorme burbuja. Con todo, el sector de la construcción todavía debe acometer reformas. Sigue representando el 10% del PIB, y desde nuestro punto de vista el ajuste de precios es todavía insuficiente, pues solo han caído un 25% desde sus máximos. Sin embargo, el abultado stock de casas sin vender es un claro síntoma de que todavía queda margen de caída.

Por supuesto, esta situación está pesando en el sector bancario, que al margen de las últimas turbulencias que está viviendo y que bien conocidas son por todos, está sufriendo una aceleración de impagos, no solo procedente del sector inmobiliario, sino también del corporativo.

El nuevo gobierno está imponiendo a las entidades bancarias mayores esfuerzos en cuanto a provisionamiento, y creemos que los bancos podrían necesitar algo de ayuda del exterior para acelerar su recapitalización. No obstante, detrás de este panorama complicado, no hemos de olvidar la fortaleza de la economía española que suele ser pasada por alto por el mercado. Por ejemplo, si nos centramos en el sector corporativo; dejando de lado la construcción y los bancos, vemos que los ajustes en términos de productividad y de rentabilidad están muy avanzados y se han reflejado, por ejemplo, en las rentabilidades estelares de las exportaciones.

Desde 2008, los exportadores españoles han batido a sus competidores alemanes cuando se compara la situación previa a la crisis y la actual. Por último, otro de los grandes puntos fuertes de la economía española radica en el hecho de que el país entró en la crisis con uno de los ratios de deuda/PIB más bajos de la zona Euro y hoy, aún después de todas las medidas puestas en práctica, todavía sigue teniendo uno de las tasas de deuda/PIB más reducidas de la Unión. Por tanto, es cierto, que el ajuste fiscal no será sencillo; sin embargo, creemos que el gobierno ha recibido un mandato político muy claro de sus ciudadanos para poner sobre la mesa las reformas y medidas necesarias para reestructurar la economía nacional y colocarla de nuevo en un nivel de deuda sostenible. Gracias a la buena voluntad del gobierno tanto entre sus ciudadanos como entre sus socios europeos, creemos que España se beneficiará de ayuda europea, ya sea mediante una asistencia de liquidez a sus bancos procedente del BCE, o una asistencia para recapitalizar estas entidades procedente del EFSF.

En resumen, a pesar de que los inversores extranjeros permanecen recelosos frente a los bonos españoles, el gobierno nos parece solvente aunque asumamos un escenario macro económico conservador. No hay que olvidar, como comentábamos antes, que detrás de las medidas de austeridad y de los ajustes, España se encuentra en una situación más avanzada y ventajosa que otros países europeos. Los hogares están pagando la deuda, arrastrando al consumo hacia abajo en el proceso, pero las empresas son más competitivas y las exportaciones han mejorado. Sólo una negativa a gran escala, por parte de los ciudadanos españoles o sus regiones, de seguir con el programa de austeridad podría amenazar la solvencia del país. No obstante, el riesgo parece pequeño a corto plazo gracias al claro mandato electoral cedido el pasado noviembre.

Raphaël Gallardo, Jefe de Investigación macroeconómica en AXA IM