El Reino Unido se enfrenta a la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial y podría necesitar aún dos años más para ver el final de la crisis, según afirmó el jueves la Autoridad de Servicios Financieros -FSA por sus siglas en inglés-.
El regulador financiero indicó en un comunicado que el Producto Interior Bruto podría llegar a registrar en los próximos trimestres una caída récord del 6%, y señaló que la tasa de paro podría alcanzar el 12% de la población activa. Según los datos oficiales, la economía británica se contrajo un 1,9% en el primer trimestre del año, el mayor descenso desde 1979, en tanto que el paro se situó por encima del 7% en marzo, con más de 2,21 millones de desempleados.

El escenario previsto por la FSA vislumbra también una caída máxima en el precio de la vivienda que rondará el 50%, un descenso que podría llegar al 60% en el caso de las propiedades comerciales.

Con todo ello, el regulador cree que no se asistirá al final de la crisis hasta 2011 y que la vuelta a la senda normal de crecimiento no se consolidará hasta 2012.

La FSA hizo esas previsiones en un documento en el que también se refiere a la capacidad del sistema bancario británico para resistir a la crisis mediante los "test de estrés" que se efectúan a las entidades.

En este sentido, el organismo precisa que sus escenarios "no son previsiones exactas de lo que va a pasar, pero están diseñados precisamente para ser muy exigentes".

Los test aplicados a las entidades financieras británicas evalúan su potencial para generar ingresos en un entorno desfavorable, así como su facultad para afrontar los pagos y el valor de su cartera de activos en un mercado inmobiliario y bursátil a la baja.

Este método ha sido utilizado para determinar la solvencia de Lloyds Banking Group Plc (LYG) y Royal Bank of Scotland Group, dos bancos que han colocado el paraguas del Tesoro sus activos tóxicos, dentro del Programa para la Protección de Activos activado a principios de año.