La volatilidad del mercado de renta variable está confiriendo interés a los bonos convertibles que se convierten en época de turbulencias en un producto atractivo para los inversores. Un híbrido entre renta fija y renta variable “apropiado para cualquier tipo de cartera a largo plazo gracias a sus características de mayor rentabilidad en relación al riesgo”. Y es que, a largo plazo, los convertibles han ofrecido mayor rentabilidad que los bonos corporativos convencionales, pero con una menor volatilidad que las acciones.
Son el producto ideal para aquellos inversores que lo que quieren es conjugar el riesgo de la bolsa con la seguridad de la renta fija. Tal y como explica Fernando Luque, de Morningstar, “los bonos convertibles se sitúan a medio camino entre la renta fija y la renta variable. Se aprovechan de las subidas bursátiles, pero con el colchón de la renta fija”. En definición, los bonos convertibles son activos de deuda emitidos por las empresas y que cuentan con la posibilidad de convertirse en acciones cuando llegue el periodo de vencimiento a un precio determinado. Productos idóneos en época de turbulencias financieras porque en un entorno de mayor volatilidad, el precio de la opción que incluyen los convertibles sube. Tal y como explica Leonard Vinille, gestor de M&G “cuando aumenta el valor de las acciones, el valor de los convertibles tiende a aumentar y suelen tener mejor rentabilidad que los bonos convencionales porque la opción de su conversión es más preciada”. En una situación inversa, es decir, cuando los valores de las acciones decrecen, “los convertibles pueden comportarse más como un bono y preservar el valor de la inversión, lo que hace que los convertibles sean atractivos cuando varían los ciclos del mercado”, explica Vinille. Además, no hay que olvidar que el aumento del volumen de las emisiones de convertibles en todo el mundo –tras años anteriores algo más escaso- equivalen a más oportunidades de diversificación. Pero estos productos no son sólo idóneos en momentos de incertidumbre bursátil sino que “son apropiados para cualquier cartera a largo plazo. Esto se debe –asegura el analista de M&G - a sus características de mayor rentabilidad en relación al riesgo. Ofrecen hasta cierto punto –dice el experto- la misma seguridad que los bonos y a la vez disfrutan del mismo potencial de rentabilidad que es propio de los valores líquidos en bolsa”. Existen muchos fondos españoles especializados en este tipo de activos. El Banif Renta Fija Convertible es el más antiguo de nuestro país –se creó en 1998- e invierte “en bonos emitidos por empresas europeas”, comenta Luque. Según datos que aporta Morningstar la cartera de este fondo está compuesta por renta fija privada y por renta variable euro –mínimo 30%-. Este fondo pretende rentabilizar las inversiones asumiendo un nivel medio alto de volatilidad, utilizando para ello los bonos convertibles. Las cinco mayores posiciones del fondo, cuyo índice de referencia es el UBS Convertible European Focus Eur, están cubiertas por Calyon Financial Products (4,6%), Bonos de BNP Paribas (4,2%), Bonos de Fortis Bank (3%), Roída Boulogne Billancourt (2,9%) y Michelin (2,9%). También dentro de la categoría de bonos convertibles, el GLG Global Convertible Fund “es sin duda, uno de los más destacados”, dice el analista de Morningstar Fernando Luque. El objetivo del fondo es obtener una revalorización invirtiendo en una cartera compuesta por bonos convertibles, warrants y acciones preferentes de emisores internacionales. Este fondo invierte principalmente en mercados de la OCDE.