La aseguradora AIG, que ha necesitado un préstamo de 85.000 millones de dólares de la Reserva Federal de EEUU para evitar la quiebra, pretende desprenderse de algunos activos. La compañía se concentrará en su negocio de seguros sobre propiedades y por accidentes, con el fin de conseguir suficiente liquidez para pagar el préstamo que recibió y modificar su estructura de capital, explicó en un comunicado de prensa. Hasta el 30 de septiembre la empresa, que opera en más de 130 países, había utilizado 61.000 millones de dólares de los fondos que puso el Banco de la Reserva Federal en Nueva York a su disposición.