«Within our mandate the ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro. And believe me, it will be enough.» Estas palabras pronunciadas por Mario Draghi el pasado verano marcaron un gran punto de inflexión en la vida de los mercados financieros en 2012. Antes, los días del euro estaban contados; después, la catástrofe anunciada ya no era ineluctable.
Detrás de estas afirmaciones se ocultaba en realidad el plan “OMT” (Outright Monetary Transaction). Resumiendo en una frase, este plan preveía que los países de la zona euro que lo solicitaran podrían refinanciarse con importes ilimitados procedentes del Banco Central Europeo. A cambio, éste exigiría garantías respecto a la política presupuestaria implementada en los países que hubieran pedido ayuda. En pocas palabras, Mario Draghi acababa de dar la mayor garantía jamás ofrecida a un mercado… Expresado en lenguaje bursátil, acababa de vender la mayor línea de “put” (opción de venta) de la historia.

El discurso de un banquero central suele ser un largo texto en el cual los adverbios moderadores, las formas condicionales y las largas propuestas correspondientes producen un halo difuso en torno a un mensaje a veces difícil de descifrar. «Si me habéis entendido, es que me he expresado mal» decía Alan Greenspan, experto en circunloquios y atajos. El 26 de julio de 2012, Mario Draghi dio la espalda a una larga tradición de discursos formales: después de los años “Norpois”, hemos entrado en la era del discurso sin florituras: «Believe me, it will be enough… »

Seis meses después, el camino recorrido es espectacular: Italia, que refinanciaba su deuda a 10 años al 6%, lo hace ahora al 4,2% y España ha pasado del 7,5% al 5,1%. Mejor aún, Rajoy declaró recientemente que, excepto en caso de nueva degradación de su deuda, ni siquiera solicitaría la ayuda del plan OMT. Seguramente es demasiado pronto para gritar victoria, pero la famosa garantía mencionada por Mario Draghi quizás no llegue a utilizarse nunca. Si el proceso de estabilización de las deudas europeas prosigue, la historia dirá sin duda que, con pocas palabras bien elegidas, un banquero central habrá “dado la vuelta” a la dinámica negativa de las deudas de la zona euro (según Eurostat, 8.524.000 millones de euros de deuda pendiente).

Esta visión será obviamente simplista: detrás de la declaración, había un trabajo de fondo para convencer a los socios europeos (y en particular a los alemanes) de que, en caso necesario, había que estar listos para movilizar esos famosos importes ilimitados. Para ser creíble, la disuasión del BCE, requería el blanc-seing alemán, y haberlo obtenido es uno de los mayores talentos del Señor Draghi.

La historia olvidará la política como el rumor bursátil y sólo recordará las palabras. Como inversores pragmáticos, recordaremos este momento especial en que la zona euro fue enderezada. Como europeístas convencidos, recordaremos sobre todo la lección de que, en una zona euro fragilizada por su primera gran crisis financiera, la determinación produce los mejores resultados. Un bonito guiño a Jean Monnet, uno de los padres de Europa, que afirmaba: «Lo importante no es ser optimista ni pesimista, sino tener determinación»

Didier Le Menestrel, Presidente de Financiere de l´Echiquier