El año que viene la economía mundial entrará en terrenos desconocidos. Por su parte, Europa está claramente enfrentándose a vientos en contra: el problema de la deuda está añadiendo sus efectos a aquellos derivados de los programas de reducción del déficit, lo que afecta los pronósticos.
Las turbulencias en la deuda soberana también están creando presiones sistemáticas en los bancos, conduciendo a un cierto grado de crisis crediticia. Además, se ha producido una crisis de confianza, lo que ha minado el consumo y la inversión, pero esta crisis de confianza también está teniendo lugar fuera de Europa como consecuencia de la incapacidad que han mostrado las instituciones europeas para actuar decisivamente con urgencia.

Sin embargo, Europa presenta fortalezas. Los países centrales están en una mucho mejor posición que en 2007. En general, las compañías han tomado menos riesgos que en la década anterior (M&A, sobreinversión, inventarios excesivos) y aunque no puede descartarse que se produzca una recesión en 2012, no tendrá el mismo carácter que tuvo en 2008-2009. Los bancos se enfrentan a cuestiones tanto de solvencia como de financiación, pero el Banco Central Europeo ha hecho un muy buen trabajo ayudándoles en lo que respecta a la liquidez y ha mostrado su compromiso de continuar. Las recientes caídas en los rendimientos de los bonos han reducido la presión en los ratios de capital y el desapalancamiento del sector bancario debería ralentizarse, reduciendo el riesgo de una crisis crediticia con todas las de la ley. Asimismo, el BCE está listo para actuar si la zona euro avanza en términos de disciplina fiscal y cohesión. Esto no se conseguirá de la noche a la mañana, pero un comienzo claro es posible y no es descartable: construir Europa siempre ha sido difícil y la actual crisis es una oportunidad para fortalecer el proceso.

Europa no opera en el vacío pues tiene muchas relaciones con la economía mundial que ofrecen apoyo. Esta es la razón por la cual el momento actual no es como una repetición de la crisis anterior. Un factor clave en ello es que el pronóstico para el mundo desarrollado es diferente. El Crecimiento en Estados Unidos puede parecer bajo, pero es seguro. El empleo y el consumo están mejorando, los bancos están en buena forma y la fuerte corrección de los excesos en el sector inmobiliario (un factor clave en 2008) ya casi se ha producido. Las cuestiones presupuestarias siguen encima de la mesa y siempre es posible un error político, pero al menos la Reserva Federal está claramente preparada para actuar. Aunque podría decirse que Japón es menos estable, no hay riesgo material de recesión.

Por último, el mundo emergente ofrece crecimiento, si bien es cierto que menos que anteriormente y Europa jugará un papel aquí con menores importaciones y menos bancos. En la mayor parte de los mercados emergentes, la inflación en 2010 y 2011 llevó a las autoridades a incrementar el coste del crédito y a limitar su disponibilidad, pero los efectos base y las caídas en el precio de algunas commodities deberían llevar al IPC anual hasta niveles más confortables en los próximos meses. En concordancia las economías emergentes crecerán más lentamente en 2012, pero contribuirán al crecimiento global cuando los bancos centrales modifiquen sus políticas monetarias hacia posturas menos restrictivas.

En conclusión, aunque el pronóstico general para 2012 parece poco animado, está lejos de anunciar una nueva fase cíclica bajista.