Regresan al mercado las dudas en torno a la capacidad de Donald Trump de poner en marcha las promesas fiscales y de inversión que han espoleado a Wall Street desde su elección el pasado mes de noviembre. Viento en contra que se suma a las elevadas valoraciones alcanzadas por la Bolsa neoyorquina, en el arranque del peor periodo estacional para la renta variable. Ya saben lo que dicen: “Sell in may, and go away…"


El riesgo político salta de un lado a otro del Atlántico y dificulta el avance de las Bolsas, aunque, de momento, no las hace descarrilar. Tras las elecciones de Francia, la incertidumbre regresa a Estados Unidos, una vez más a vueltas con la relación del presidente Donald Trump con Rusia.

Y es que la prensa norteamericana ha publicado que el republicano habría filtrado información confidencial y clasificada a Moscú. Aunque tanto la Casa Blanca como el presidente ruso, Vladimir Putin, han negado la mayor, a esta noticia se ha sumado la que apunta a que Trump habría pedido al ya ex director del FBI, James Comey, que archivara la investigación a Michael Flyn, ex asesor de Seguridad  Nacional, por sus relaciones con la propia Rusia.

La tormenta política que se ha desatado en Washington preocupa a los inversores en tanto en cuanto pone en duda la capacidad del presidente de implementar sus planes de inversión y la largamente esperada reforma fiscal, sobre los cuales se asienta en buena medida la escalada de Wall Street y la mejora de las previsiones macro del país.

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“Si el escepticismo sobre la posibilidad de que se aprueben estas medidas detuvo los avances en la Bolsa neoyorquina hace dos meses y medio, las últimas informaciones aparecidas (ya se empieza incluso a especular con una posible moción de censura), ahondan en esa línea”, apunta Daniel Pingarrón, analista de IG. Con todo, la clave para este experto es que aunque el ascenso de la renta variable “se ha detenido desde el pasado  1 de marzo (al contrario que en Europa), tampoco se está corrigiendo, sino simplemente consolidando, muy cerca de máximos históricos”.

En este sentido, Eduardo Faus, de Renta 4, apunta a que el S&P 500 fluctúa desde dicha fecha en el “interior de un rango lateral, cuya parte superior comprende la zona de los 2.400-2.405 puntos, y el soporte de los últimos día se acota en los 2.375 puntos”. La pérdida de este nivel, añade, “abriría el camino a la baja hacia los 2.320 puntos, también próximos a la zona de cierre del hueco alcista del 24 de abril”. Su recomendación es mantener/abrir cortos debajo de los 2.375 puntos.

 

 

Valoración y “sell in may”

“El tiempo se está acabando para Donald”, afirma David Madden, analista de mercado de CMC Markets UK. “Hemos asistido a un repunte constante de las Bolsas mundiales, pero sin datos económicos concretos para respaldaros, los inversores se apresuran a recoger beneficios”. Y es que, a las altas valoraciones alcanzadas por Wall Street se suma la llegada del peor periodo estacional para la renta variable.

No son pocos los analistas que, un mayo más, se preguntan si esta vez se cumplirá el dicho de “sell in may and go away”, o lo que es lo mismo salir del mercado en mayo para evitar los meses en los que tradicionalmente las acciones se comportan peor en el año. Recordemos que, desde 1950, el Dow Jones ha ganado de media apenas un 0,3% entre mayo y octubre, frente al repunta del 7,5% registrado entre noviembre y abril.

Así las cosas, para Link Securities son “precisamente las tensiones políticas en Washington el mayor riesgo que vemos a corto plazo para los mercados, ya que, de continuar esta situación (la nueva Administración no tiene ni cuatro meses de recorrido) vemos complicado que muchas de las promesas electorales de Trump se puedan aprobar. Además, no descartamos que al final terminen por desestabilizar al Gobierno estadounidense y, por tanto, impactar en la evolución económica del país convirtiéndose en el cisne negro del que tanto se viene hablando en los últimos meses”.

A vueltas con el impacto real de las medidas de Trump en la economía

Por otro lado, más allá de si saldrán adelante  o no estos estímulos, se duda también sobre la magnitud de su impacto en la economía. El Secretario del Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin, cifraba en un 3% el impulso que los recortes de impuestos darían al crecimiento.

Capital Economics reconoce que Estados Unidos podría estar mejor posicionada que otros países “para beneficiarse de una menor presión fiscal para la empresas, ya que la inversión corporativa parece baja en relación al tamaño general de la economía y este bajo capex explica en parte la caída en la productividad de los últimos años”.

Sin embargo, matizan, no podemos olvidar que el país se encuentra ya “muy cerca del pleno empleo, con una tasa de paro en su nivel más bajo de la última década y con una brecha de producción de apenas el 1% del PIB”.

Así, creen que las propuestas de la Administración Trump “en lugar de impulsar un crecimiento económico sostenible, probablemente terminen resultado en un mayor déficit en un momento en el que la carga de deuda ya es alta. Entra en escena el riesgo de que esto provoque un fuerte aumento en los tipos de interés a largo plazo, lo que terminaría compensando cualquiera de los beneficios potenciales de unos menores impuestos”. 

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