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Las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos de hoy no solo decidirán quién controla el Congreso durante los dos últimos años de presidencia de Donald Trump. También pueden marcar un punto de inflexión para determinados sectores de Wall Street. El resultado electoral condicionará la capacidad del Ejecutivo para sacar adelante su agenda económica, modificar los incentivos fiscales y avanzar en cuestiones regulatorias que afectan directamente a las empresas.
Para los inversores, el precedente histórico invita a no perder de vista la bolsa estadounidense. El S&P 500 terminó en positivo seis meses después de las 13 elecciones de mitad de mandato celebradas entre 1974 y 2022, con una rentabilidad media del 12,4%. A tres meses, el avance medio fue del 5,7%, con subidas en 11 de esos 13 procesos electorales.
Sin embargo, más allá del comportamiento general de los índices, la clave está en identificar qué compañías pueden salir reforzadas y cuáles podrían perder parte del respaldo político que ha impulsado sus valoraciones.
En este escenario, Manuel Pinto, analista de XTB, considera que una victoria demócrata en ambas cámaras del Congreso podría favorecer especialmente a los sectores de salud, fabricación solar y consumo esencial. Su escenario base, atendiendo a las probabilidades que ofrece el mercado, contempla que los demócratas consigan el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado, lo que limitaría la capacidad de Donald Trump para desarrollar su programa legislativo. Pinto advierte, no obstante, de que los mercados de predicción no son infalibles.
Qué puede pasar en Wall Street después de las elecciones
La resolución de la incertidumbre electoral podría favorecer inicialmente a la renta variable, al permitir que los inversores vuelvan a concentrarse en los resultados empresariales, la inflación y la evolución de los tipos de interés. Pero el precedente de 2018 demuestra que un balance positivo a seis meses no está reñido con episodios de elevada volatilidad.
Durante el primer mandato de Trump, el S&P 500 avanzó un 8,6% entre noviembre de 2018 y abril de 2019. Antes de esa recuperación, sin embargo, el índice sufrió una intensa corrección que lo llevó a caer hasta Nochebuena, en un contexto marcado por las tensiones comerciales y el endurecimiento de la política monetaria. La posterior recuperación llegó acompañada de una Reserva Federal más paciente. A este comportamiento se suma un patrón estacional favorable. Desde 1957, el S&P 500 ha cerrado diciembre por encima de su mínimo de cierre de octubre en aproximadamente el 93% de los ejercicios, con una recuperación media del 7,4% desde ese nivel.
El analista de XTB también recuerda otros precedentes relevantes para los mercados en otros activos. El oro registró una subida media del 4,9% durante los 120 días de negociación posteriores a las elecciones de mitad de mandato, con avances en 10 de los 13 ciclos analizados desde 1974. En ese mismo periodo, el dólar retrocedió un 0,8% de media y terminó a la baja en ocho ocasiones. Por su parte, el VIX, el conocido índice del miedo de Wall Street, acabó por debajo de su nivel electoral en ocho de los nueve ciclos estudiados desde 1990, con un descenso medio de 5,5 puntos.
Una victoria demócrata cambiaría el mapa sectorial de Wall Street
El escenario que contempla Manuel Pinto tendría como principal consecuencia un mayor control legislativo sobre la Administración Trump. Los demócratas ganarían capacidad para investigar al Ejecutivo, condicionar las negociaciones presupuestarias y bloquear determinadas iniciativas, aunque el presidente conservaría su poder de veto. Esto significa que una mayoría demócrata no podría revertir automáticamente las políticas de Trump ni aprobar por sí sola nuevos impuestos, subsidios o cambios legislativos de calado. Para sacar adelante buena parte de esas medidas necesitaría la firma presidencial o, en caso de veto, una mayoría de dos tercios en ambas cámaras.
Por eso, la principal repercusión para los mercados estaría en la defensa de los programas e incentivos existentes y en las expectativas sobre futuras reformas. La primera reacción de la bolsa podría ser de cautela ante la posibilidad de una mayor supervisión empresarial, pero el alcance real de los cambios dependería de la capacidad de negociación entre ambos partidos.
En renta variable, Pinto identifica una posible rotación hacia compañías vinculadas a la cobertura sanitaria pública, la producción de energía solar en Estados Unidos y el consumo de productos básicos. En el lado contrario, banca, petróleo y gas y determinadas compañías tecnológicas podrían perder parte de la prima política asociada a las expectativas de desregulación.
Salud: las aseguradoras vinculadas a Medicaid y Obamacare
El sector sanitario aparece entre los principales candidatos a beneficiarse de un Congreso controlado por los demócratas. El motivo está en la defensa de dos programas públicos fundamentales para el negocio de determinadas aseguradoras: Medicaid y la Ley de Asistencia Asequible (ACA), conocida popularmente como Obamacare.
Medicaid ofrece cobertura sanitaria a personas con bajos ingresos y cuenta con la participación de aseguradoras privadas que gestionan la asistencia de los beneficiarios a cambio de pagos periódicos por afiliado. Si se restringe el acceso al programa, estas compañías pueden perder clientes e ingresos. Por el contrario, la protección de su financiación y de su cobertura reduciría ese riesgo.
El segundo canal son las ayudas públicas que permiten a los hogares contratar seguros médicos a través de los mercados de la ACA. Mantener o ampliar estas subvenciones puede hacer más asequibles las pólizas, favorecer las nuevas contrataciones y mejorar las tasas de renovación.
Una mayoría demócrata tendría más capacidad para defender ambos programas durante las negociaciones presupuestarias. Esto podría proporcionar mayor visibilidad sobre los ingresos de las aseguradoras especializadas en este negocio. No obstante, Pinto advierte de que un aumento del número de asegurados no garantiza automáticamente una mejora de los beneficios. Las cantidades que reciben estas compañías deben ser suficientes para cubrir los gastos médicos de sus clientes, desde consultas y hospitalizaciones hasta tratamientos y medicamentos.
Entre las compañías que podrían aprovechar este escenario destacan Centene y Molina Healthcare. En el caso de Centene, su exposición a Medicaid y a los seguros comercializados a través de la ACA la convierte en una de las compañías más directamente vinculadas a las decisiones políticas sobre cobertura sanitaria. Una victoria demócrata que permita frenar nuevos recortes o proteger las ayudas a las pólizas reduciría el riesgo de pérdida de afiliados. El principal catalizador para la acción sería una mayor estabilidad de sus ingresos, siempre que los pagos recibidos por asegurado cubran los costes médicos.
En el caso de Molina Healthcare, buena parte de su actividad se concentra en la gestión de seguros médicos para beneficiarios de Medicaid. Los estados le pagan una cantidad por cada persona asegurada y la compañía asume los costes de su atención sanitaria. La protección del programa podría ayudarle a conservar clientes e ingresos, aunque la rentabilidad seguirá dependiendo de que las tarifas sean suficientes para cubrir consultas, hospitalizaciones y tratamientos.
Energía solar: los incentivos a la fabricación nacional, en el punto de mira
La fabricación solar es otro de los segmentos que Manuel Pinto sitúa entre los posibles beneficiados de una victoria demócrata. En este caso, la conexión con la política económica estadounidense es especialmente directa: los incentivos a la producción nacional pueden influir de forma determinante en la rentabilidad de las fábricas y en las decisiones de inversión de las compañías.
La continuidad de estas ayudas permitiría a los fabricantes justificar nuevas inversiones, ampliar su capacidad productiva y competir frente a los productores extranjeros. Además, los incentivos destinados al desarrollo de instalaciones solares podrían impulsar la demanda de paneles y otros equipos, siempre que los proyectos consigan financiación, permisos y conexión a la red eléctrica.
Un Congreso demócrata tendría más capacidad para defender estos mecanismos y reduciría el temor a nuevos recortes, aunque cualquier ampliación de las ayudas tendría que negociarse con Donald Trump. En este contexto, First Solar aparece como uno de los valores que podrían sacar partido de este escenario. La compañía cuenta con actividad de fabricación de paneles solares en Estados Unidos y, por tanto, está directamente expuesta a los incentivos destinados a impulsar la producción nacional.
La defensa de estas políticas podría mejorar la visibilidad sobre sus inversiones y la rentabilidad de los paneles que produce y comercializa. También podría favorecer la entrada de nuevos pedidos y la estabilidad de sus beneficios. Sin embargo, el alcance de esta oportunidad dependerá de que los incentivos se mantengan y de que la demanda de instalaciones solares continúe creciendo.
Consumo esencial: Dollar General y Walmart, ante la defensa del poder adquisitivo
El tercer sector que podría encontrar apoyo en un Congreso demócrata es el consumo básico, aunque su vinculación con el resultado electoral sería menos directa que en salud o energía solar. La defensa de las ayudas alimentarias y de los ingresos de los hogares con menos recursos podría contribuir a sostener el gasto en alimentación y productos de primera necesidad. En este contexto, las grandes cadenas de distribución y los establecimientos especializados en precios bajos estarían bien posicionados para captar parte de ese consumo. Además, en un entorno económico más débil, la búsqueda de precios competitivos puede favorecer a los distribuidores con capacidad para ofrecer productos básicos a bajo coste.
Pinto identifica dos compañías que podrían beneficiarse de esta dinámica. En el primer caso apunta a Dollar General, ya que su exposición a los consumidores con menores ingresos convierte a la compañía en una posible beneficiaria de las políticas destinadas a proteger el poder adquisitivo de estos hogares. El efecto podría trasladarse a un mayor número de visitas a sus establecimientos, más ventas y un incremento del gasto por cliente.
La otra beneficiada sería Walmart, ya que su fuerte presencia en alimentación y productos básicos, junto con su capacidad para competir en precios, le permitiría captar parte del consumo sostenido por las ayudas públicas. Su tesis de inversión estaría más relacionada con la resistencia del gasto esencial que con una apuesta electoral directa. La evolución de las ventas tendrá que compensar, en cualquier caso, los costes operativos y la presión competitiva.
El analista de XTB introduce aquí un matiz importante: proteger la capacidad de gasto de los hogares no garantiza que todas las cadenas de distribución aumenten sus ventas. El empleo, los salarios, la competencia y los márgenes empresariales seguirán siendo factores determinantes.
Los sectores que podrían perder atractivo: banca, petróleo y grandes tecnológicas
Si salud, energía solar y consumo básico concentran las oportunidades del escenario demócrata, otros segmentos podrían perder parte del impulso asociado a las expectativas de una política económica más favorable a sus intereses. La banca sería uno de los sectores expuestos. Un Congreso demócrata podría dificultar la aprobación de nuevas reformas legislativas orientadas a la desregulación financiera. Las entidades perderían parte de las expectativas de un marco normativo más flexible, aunque las agencias del Ejecutivo conservarían competencias relevantes.
En petróleo y gas, las compañías podrían encontrar mayores obstáculos políticos para conseguir nuevas medidas de apoyo a las infraestructuras, los permisos o la fiscalidad. No obstante, Manuel Pinto recuerda que los beneficios de estas empresas seguirán dependiendo mucho más directamente de la evolución de los precios de las materias primas, la oferta y la demanda.
Las grandes tecnológicas también podrían enfrentarse a un escenario más exigente. Alphabet, Meta y Amazon estarían expuestas a nuevas investigaciones y a una mayor presión política sobre sus posiciones de mercado y sus modelos de negocio. El riesgo se concentraría en un posible aumento de los costes legales y de cumplimiento normativo o en futuras limitaciones a determinadas prácticas empresariales.
Pero uno de los focos de atención estaría en la infraestructura necesaria para desarrollar la inteligencia artificial. La expansión de la IA ha convertido a los centros de datos en una de las grandes apuestas de inversión de las principales tecnológicas estadounidenses. Sin embargo, su elevado consumo de electricidad y agua, así como su posible impacto sobre las facturas de los hogares, podrían situarlos en el centro del debate político.
Una mayoría demócrata podría impulsar un mayor escrutinio sobre la competencia, el uso de datos y el crecimiento de estas instalaciones. Si esa presión terminase traduciéndose en nuevas exigencias regulatorias, mayores costes o retrasos en los proyectos, el impacto podría extenderse por toda la cadena de valor de la inteligencia artificial. Entre las compañías más expuestas estarían Microsoft, Amazon y Alphabet, que están ampliando sus inversiones en infraestructura. También podrían verse afectadas indirectamente Nvidia y otros proveedores tecnológicos, cuyos pedidos dependen de que continúe el despliegue de centros de datos. Meta tampoco quedaría al margen, debido a su elevado gasto en capacidad informática.
El riesgo para los inversores sería que la expansión de la IA avanzase más despacio o resultase menos rentable de lo que actualmente descuentan unas valoraciones que incorporan fuertes expectativas de crecimiento. Eso sí, una victoria demócrata no supondría una paralización automática de las inversiones. Las nuevas leyes federales seguirían sujetas al veto presidencial y muchos de los permisos relacionados con los centros de datos dependen de las autoridades estatales y locales.
Por otro lado, las empresas vinculadas a los activos digitales también podrían perder parte de la prima asociada a las expectativas de una legislación especialmente favorable al sector. En este grupo, Coinbase y otras plataformas de negociación podrían mostrar una mayor sensibilidad al resultado electoral que el propio bitcoin al contado. Una mayoría demócrata podría enfriar las expectativas de nuevas medidas favorables a las empresas del sector. Sin embargo, el impacto dependerá de las normas concretas que puedan aprobarse y de los acuerdos alcanzados entre los dos partidos. La evolución de las criptomonedas seguirá condicionada, además, por la liquidez, los flujos de inversión y el apetito por el riesgo.
Bonos, dólar, oro y petróleo: qué esperar de los principales activos
Más allá de la renta variable, el resultado electoral también podría trasladarse a otros mercados. En el caso de la deuda pública estadounidense, un escenario de bloqueo legislativo que limite nuevos estímulos fiscales y reduzca las expectativas de inflación podría presionar a la baja las rentabilidades de los bonos del Tesoro, especialmente en los vencimientos largos. Sin embargo, una mayor confrontación política o dificultades para alcanzar acuerdos presupuestarios podrían elevar la prima fiscal y cambiar esa lectura.
El dólar, por su parte, podría perder atractivo si disminuyen las expectativas de tipos de interés estadounidenses frente a los de otras economías. Una menor diferencia entre los tipos reduciría el atractivo relativo de los activos denominados en la divisa estadounidense. Aunque el dólar puede actuar como refugio en episodios de aversión al riesgo, Pinto no considera que ese vaya a ser el escenario principal.
El oro mantendría su papel como cobertura ante las dudas sobre la deuda y la gobernabilidad. Un descenso de los tipos reales o un dólar más débil podrían reforzar su atractivo, mientras que una reducción de la incertidumbre política tendría el efecto contrario.
En petróleo, una eventual distensión geopolítica podría reducir la prima de riesgo incorporada a los precios. No obstante, el analista recuerda que un Congreso demócrata no controla por sí solo la política exterior estadounidense ni puede garantizar un acuerdo con Irán. La oferta, la demanda y las decisiones de los productores continuarán siendo los factores fundamentales para el crudo.
¿Y si los republicanos conservan el Senado?
El escenario alternativo que contempla XTB es un Congreso dividido, con los demócratas controlando la Cámara de Representantes y los republicanos manteniendo el Senado. Este resultado limitaría igualmente la capacidad legislativa de Trump, pero reduciría también las posibilidades de los demócratas para impulsar sus propias propuestas. La Cámara podría intensificar las investigaciones sobre la Administración y condicionar las negociaciones presupuestarias, mientras que los republicanos conservarían en el Senado capacidad para bloquear iniciativas y facilitar la confirmación de los nombramientos presidenciales.
Para los mercados, este equilibrio podría reducir el riesgo de cambios legislativos profundos. Las grandes tecnológicas tendrían menos posibilidades de enfrentarse a nuevas restricciones impulsadas exclusivamente por los demócratas, aunque seguirían expuestas a investigaciones y a las decisiones de las autoridades estatales y locales sobre los centros de datos.
Banca, energía tradicional y activos digitales conservarían parte de las expectativas favorables asociadas a la actuación del Ejecutivo, aunque con menos margen para conseguir nuevas leyes de apoyo. Al mismo tiempo, las aseguradoras sanitarias y los fabricantes solares contarían con una Cámara de Representantes demócrata capaz de defender la financiación y los incentivos existentes, aunque tendrían más dificultades para conseguir ampliaciones.
El principal riesgo sería que las diferencias entre ambos partidos desembocasen en un bloqueo presupuestario y elevasen la incertidumbre.

