Dada la situación actual del mundo, parece haber poco margen para estar profundamente relajado. Siguen surgiendo nuevas tensiones geopolíticas, la más reciente de ellas, otro giro en la saga de los aranceles estadounidenses. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos, el máximo órgano judicial del país ha asestado un importante revés a la política comercial del presidente estadounidense. Al mismo tiempo, se intensifican las tensiones en torno a Irán, con resultados muy inciertos.
Vivimos tiempos convulsos. Aunque la política mundial se define cada vez más por los cambios en las esferas de influencia, los mercados financieros están mirando más allá de los riesgos geopolíticos que acaparan los titulares, como la reciente agitación en torno a Irán y Groenlandia, y se centran en los datos macroeconómicos, los beneficios empresariales y los factores que impulsan los rendimientos a medio plazo.
Dadas todas las incertidumbres que nos rodean al comenzar el nuevo año, vale la pena echar un vistazo a la economía para hacernos una idea de su estabilidad.
En 2026, la economía mundial entrará en un periodo en el que las hipótesis tradicionales darán paso a una dinámica cambiante.
La economía mundial demostró una notable capacidad de recuperación en el tercer trimestre, con un crecimiento del producto interior bruto (PIB) mundial ligeramente superior al potencial previsto, a pesar de las múltiples dificultades políticas y económicas. No obstante, la transición hacia un nuevo orden geopolítico y geoeconómico sigue sin completarse, lo que deja al sistema expuesto a turbulencias tanto externas como internas. Los mercados financieros se ven afectados por un clima de mayor incertidumbre.
Los inversores se preparan para una semana intensa en los mercados de capitales, con varios factores clave compitiendo por el protagonismo. ¿Serán las reuniones de tres de los principales bancos centrales, la temporada de resultados trimestrales —en un contexto de elevadas valoraciones bursátiles— o las publicaciones de datos macroeconómicos?
Es cierto que el “mítico” Oktoberfest, que ya ha traspasado las fronteras de Múnich para convertirse en un evento de alcance mundial, ya habrá terminado cuando se publiquen estas líneas. A diferencia de lo que sugiere su nombre, la famosa fiesta de la cerveza se celebra tradicionalmente en septiembre y solo se prolonga unos días en octubre. Por tanto, ¿podríamos vivir un “Oktoberfest” también en los mercados?
¿Alguien recuerda los criterios de Maastricht, aquellos requisitos mínimos fijados en su día para entrar en la zona euro?
La conocida frase “toda la política es local”, que suele atribuirse a Thomas P. “Tip” O’Neill Jr., presidente de la Cámara de Representantes de EE. UU. entre 1977 y 1987, tiene mucho sentido cuando se trata de conectar con los votantes y ganar las elecciones. Pero cuando hablamos de economía y política en clave global, quizá habría que reformularla y decir: “¡Toda la política es global!”.
Actualmente, tanto los inversores como las distintas economías están experimentando un nivel de incertidumbre sin precedentes. Esta vez, el motivo no son los conflictos geopolíticos, sino los desafíos económicos internos.