Añadir Estrategias de Inversión en Google

El informe Work Trend Index 2026 de Microsoft analizó más de 100.000 conversaciones mantenidas durante una semana de febrero con Microsoft 365 Copilot. Casi el 49% de los objetivos identificados correspondía a actividades cognitivas: analizar información, resolver problemas, evaluar alternativas o pensar creativamente. La toma de decisiones representaba el 27,5% de las actividades clasificadas.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

En cambio, buscar información suponía el 13%, elaborar documentación el 11,7%, trabajar con ordenadores el 4,7%, realizar tareas administrativas el 1,4% y organizar el calendario apenas el 0,4%. Es decir, seguimos ocupándonos de una parte considerable del trabajo mecánico mientras utilizamos la herramienta más poderosa para que nos ayude a decidir. Justo lo que deberíamos hacer nosotros.

Microsoft mide los objetivos detectados dentro de las conversaciones, no el tiempo empleado ni el número exacto de decisiones finalmente delegadas. Aun así, da miedo lo mal que usamos la IA. No es que no le saquemos todo el jugo posible, es que le pedimos que haga justo lo que deberíamos seguir haciendo nosotros. Un horror.

Imagina un inversor que pregunta a una inteligencia artificial si debe suscribir un fondo tecnológico o aumentar su exposición a renta fija. La IA puede comparar valoraciones, resumir informes, construir escenarios y detectar riesgos que al inversor se le hayan escapado. Todo eso es extraordinariamente útil. Pero, por favor, que la decisión sea tuya.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

La inteligencia artificial no sabe realmente cuánto sufrimiento puede soportar ese inversor cuando su cartera cae un 30%. Tampoco conoce por completo sus necesidades familiares, su estabilidad laboral, sus deudas, su horizonte temporal o la posibilidad de que necesite el dinero dentro de dos años. Puede procesar información, pero no sufrir con las consecuencias. Y quien no soporta las consecuencias de una decisión nunca debería tener la última palabra sobre ella.

La división eficiente del trabajo debería ser bastante clara. La IA dispone de velocidad, memoria, capacidad de cálculo y una enorme facilidad para encontrar patrones. El ser humano aporta la visión, el fin. La IA debería hacer el trabajo pesado antes de la decisión; nosotros deberíamos conservar la decisión.

Sin embargo, resulta tentador hacer lo contrario. Revisar documentos, ordenar datos, comprobar fuentes o preparar comparativas exige tiempo. Preguntar directamente ¿qué harías tú? exige 10 segundos. El problema es que nos entrega una conclusión sin obligarnos a recorrer el camino intelectual que conduce hasta ella. El mundo nos lleva a ser mini empresarios y nos negamos, según parece.

Una investigación de Microsoft Research analizó 936 ejemplos aportados por 319 trabajadores del conocimiento. Resulta que una mayor confianza en la IA estaba asociada con una menor presencia de pensamiento crítico, mientras que una mayor confianza del trabajador en su propia capacidad se relacionaba con más reflexión.

Por eso, la IA funciona mejor como un ejército de analistas que como un comité de inversiones. Podemos pedirle que recopile información, encuentre contradicciones, calcule escenarios, compare argumentos y ataque nuestra propia tesis. Pero la orden final debe seguir perteneciendo al gestor, a cada uno. Y quien dice inversiones dice casi cualquier cosa…

Primero debemos definir el problema, los objetivos y las restricciones. Después podemos pedir a la IA que encuentre información, construya alternativas y señale aquello que podríamos estar pasando por alto. Incluso conviene utilizarla como abogado del diablo. Finalmente, con todos esos elementos encima de la mesa, decidimos nosotros.

La gran ventaja de esta tecnología no debería ser permitirnos pensar menos, sino pensar mejor. Que la IA redacte el acta, ordene el Excel, busque los datos, resuma el informe y prepare los escenarios. Que nos libere de aquello que consume tiempo sin aportar. Pero que no nos libere de la incomodidad de decidir.

Decidir es elegir un objetivo, aceptar una renuncia y hacerse responsable del resultado. Las máquinas pueden ayudarnos a ver mejor el camino. Recorrerlo, y asumir adónde conduce, continúa siendo (o debería ser) cosa nuestra.