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La entrevista comenzó con una noticia inesperada. Marta contó que, tras una exitosa —lo de exitosa lo digo yo— etapa en los Estados Unidos, regresa a España: “a partir del 1 de julio, me voy para Madrid. Para que veas que hay exclusivas”. Aunque reconoce que dejar Nueva York le genera sentimientos encontrados (“cuando pienso mi vida en Madrid muy contenta, pero cuando estoy en Nueva York y estoy pensando que voy a dejar mi vida allí, no tan contenta"), la decisión responde a una lógica profesional clara. Aun con la alegría que nos da contar con Marta en suelo madrileño, lo cual es un privilegio enorme, me voy a centrar en lo que contó sobre infraestructuras.
Empezamos preguntando por la desglobalización y, es que, durante años, la eficiencia de las cadenas de suministro globales fue el norte que guio los mercados. Sin embargo, Marta nos contaba cómo la desglobalización se ha convertido en un vector de fuerza que está obligando a gobiernos e inversores a mirar de nuevo hacia “casa”.
Al analizar las tendencias macroeconómicas actuales, Marta destacaba que, aunque la descarbonización y la digitalización suelen acaparar los titulares, la desglobalización está alterando profundamente la toma de decisiones geopolíticas. Según explicaba, existe un movimiento hacia la autosuficiencia: “cada vez los gobiernos quieren que los países tengan mucha más autonomía y no tener tanta dependencia a los supply chains”.
Tratando de poner fácil los complejos movimientos de capitales en infraestructuras, me decía Marta que “cuando las cosas se ponen feas, todo el mundo quiere estar cerca de lo que conoce y quiere sus cosas donde las pueda alcanzar”. Este sentimiento ha derivado en lo que describe como un momento de urgencia nacional: “hubo un poco de pánico en un momento donde sí fue mucho más agudo”. Aunque ahora parece que las cosas se han calmado u poco…
A pesar de este empuje hacia lo local, Marta advierte que el inversor institucional no puede dejarse llevar únicamente por el proteccionismo. La desglobalización plantea un reto de gestión de riesgos: “tampoco puedes estar solamente invirtiendo en tu país (…) al final acabas estando demasiado concentrado".
La estrategia ahora consiste en encontrar un nuevo punto de equilibrio. Para Marta, la clave reside en no abandonar los principios fundamentales de la gestión de carteras. De hecho, volviendo a hacer fácil lo difícil, comentaba de forma sencilla que “diversificación es diversificación...”. Los inversores, aunque ahora valoran más la proximidad, siguen necesitando activos en diferentes geografías para protegerse.
La desglobalización está intrínsecamente ligada a la transición energética. No se trata solo de ser verdes, sino de no depender de terceros países para el suministro básico. En este sentido, Marta hablaba tres pilares de inversión:
- Electrones verdes: enfocados en almacenaje de energía.
- Líquidos verdes: centrados en el hidrógeno y similares.
- Industria verde: la descarbonización de los procesos productivos.
Marta enfatizaba que esta apuesta no es cosmética: “para nosotros ESG no es algo que ponemos en nuestro pitch sino que realmente nos lo tomamos super en serio”. De hecho, la rigurosidad de su política les lleva a descartar activos que no cumplen con sus estándares, por rentables que parezcan: “una gran parte de nuestro trabajo es decir que no a oportunidades que pueden ser muy buenas pero que no encajan dentro de nuestra política de ESG”.
Me quedo también con lo que contó sobre los centros de datos. Poseer centros de datos no es suficiente si no se tiene la energía para alimentarlos. Marta decía que “el mayor cuello de botella que están teniendo los data centers es que no tienen acceso a energía”.
Esta realidad está borrando las fronteras entre sectores: “la infraestructura digital ahora se está convirtiendo en infraestructura de energía”. Por ello, Allianz no solo busca invertir en la infraestructura, sino en la red que la sostiene.
Quizá lo que más me gustó es la visión general que tiene sobre el sector de las infraestructuras. Mirando hacia el futuro, Marta predecía un cambio radical en la percepción de las infraestructuras. Si antes eran un refugio para tiempos de crisis, ahora son el combustible del crecimiento económico. “Una de las de las grandes sorpresas que vamos a ver es que infraestructura va a pasar de defensive allocation a growth engine”.
Por otro lado, Allianz pone más al alcance de la mano inversiones que son estratosféricas. Marta comentaba con cierta ironía la escala de la inversión requerida: “cuando lees cualquier publicación sobre inversión en infraestructuras siempre es trillions, trillions, trillions (…) ya uno se pierde en los billions, en trillions ni te cuento”. Y gracias a la visión de Marta y los productos de Allianz, se nos hacen más accesibles.
Además, esta inversión viene de la mano de un inversor cada vez más educado. Marta mencionaba que el 95% de los inversores ya son “muy sofisticados” y no preguntan por los conceptos básicos, sino que demandan estrategias específicas. Para ellos, la infraestructura ofrece algo que el papel financiero no puede dar: tangibilidad y propósito. “Si yo te digo que vas a invertir en un parque eólico que te va a dar a tu pueblo electricidad verde (...) es que se lo puedes explicar a cualquier persona”, concluía Marta y subrayando la fuerza de un activo que, en un mundo incierto, ofrece la seguridad de lo que se puede ver y tocar.
Muchas más cosas hablé con ella. Creo que no hago justicia con este artículo a una persona que me parece de lo más preclaro que he conocido. Una enorme profesional a la que tendremos el enorme placer de recibir en Madrid para el curso que viene. Bienvenida Marta.

