ING considera que la Bolsa ha ganado “por goleada”, pero que le queda poco recorrido. Si hoy tuvieras que invertir 100.000 euros de un cliente con un perfil equilibrado, ¿cómo los repartirías entre Bolsa, renta fija, liquidez, oro y mercados emergentes? ¿Qué dato te haría modificar esa cartera durante los próximos seis meses?
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Creemos que la bolsa tiene un recorrido limitado en lo que queda de año, pero eso no significa que haya que salir del mercado. De hecho, en nuestra asignación de activos nos mantenemos neutrales, tanto en renta variable como en renta fija en general.
Esto significa que cada inversor debería posicionarse según su perfil de riesgo. Por ejemplo, para un inversor de perfil equilibrado y edad media (en torno a los 45 años), la cartera de referencia se situaría muy cerca del modelo estándar internacional del 60/40: una distribución donde la bolsa ocupa la mayor parte de la cartera, acompañada por un peso relevante en renta fija.
Al señalar que la bolsa carece de un amplio recorrido generalizado, nos referimos a la necesidad de profundizar en el análisis por capas para afinar la asignación, identificando las regiones y sectores que aún ofrecen atractivo.
Ante una consulta sobre cómo distribuir un capital de 100.000 euros: al menos el 50% iría destinado a renta variable. Esta partida mantendría una diversificación global, más de la mitad en EEUU, seguida de Europa, mercados emergentes y Japón, con sobreponderación en sectores como servicios financieros, ciertas áreas de tecnología y el sector salud.
El bloque restante se destinaría a renta fija seleccionada, evitando posiciones indiscriminadas. Finalmente, mantendríamos un colchón de liquidez de entre el 5% y el 10% de la cartera (5.000 a 10.000 euros) para contar con flexibilidad operativa ante posibles oportunidades sin necesidad de desinvertir de forma apresurada. Este tramo se repartiría entre oro y un fondo monetario.
Respecto a los factores que motivarían un ajuste estratégico en los próximos seis meses: la configuración actual responde a un escenario central de aterrizaje suave o soft landing, caracterizado por una desaceleración económica sin recesión, inflación bajo control y estabilidad en los tipos de interés por parte de los bancos centrales.
Si los datos macroeconómicos variasen de forma sustancial, modificaríamos la asignación. De momento, los indicadores sugieren que el consenso peca de exceso de pesimismo: la actividad económica y la inflación muestran mayor solidez de la prevista. Si la actividad y los beneficios empresariales continúan sorprendiendo al alza, pasaríamos de una postura neutral a sobreponderar la renta variable y reduciríamos la exposición a bonos. Por el contrario, en un escenario alternativo de frenazo económico acusado e hiperinflación o estancamiento, incrementaríamos significativamente la posición en renta fija soberana, aunque consideramos este último escenario el menos probable.
En cuanto a la IA y tecnología, ¿dónde encuentras ahora la mejor relación entre rentabilidad y riesgo: chips, centros de datos, energía y redes eléctricas, grandes plataformas o software? ¿Qué señal concreta te llevaría a decir que sí estamos ante una burbuja?
En el sector tecnológico mantenemos una postura continuista. A principios de año nos posicionamos en contra del consenso de mercado, que consideraba el sector agotado, sobreponderando la tecnología en nuestra cartera de renta variable a costa de reducir peso en otros sectores.
Dentro del ámbito tecnológico, priorizamos a las empresas orientadas a infraestructura y hardware como fabricantes de semiconductores, plataformas y equipamiento de redes eléctricas para suministro energético. Consideramos que nos encontramos en la primera fase de despliegue y construcción del ecosistema de la inteligencia artificial, mientras que la fase de creación de valor basada en el software aún no se ha consolidado.
Actualmente, el software tradicional está sufriendo una corrección debido a que el mercado lo percibe como una potencial víctima del avance de la inteligencia artificial. A futuro se desarrollará una nueva generación de software nativo basado en inteligencia artificial generativa que abrirá una nueva etapa de inversión, pero no estamos ahí todavía.
Por el momento, la apuesta se centra en la infraestructura básica y en firmas de mercados emergentes que cotizan a ratios de valoración más razonables.
Habéis advertido de que los bancos centrales ya no van a servir de motor para la Bolsa y los bonos y estáis reduciendo la exposición a vencimientos largos. Para un inversor que busca rentas, ¿qué duración, calidad crediticia y mercados comprarías hoy? ¿En qué segmento de la renta fija crees que el inversor no está cobrando lo suficiente por el riesgo que asume?
En materia de renta fija, orientamos el capital hacia los segmentos donde la relación riesgo-rentabilidad resulta atractiva.
Consideramos poco atractivos los bonos soberanos o de gobierno. Aunque ofrecen rentabilidades superiores a las de años anteriores, alrededor del 3% en Europa y el 4% en EEUU, el riesgo principal no estriba en el impago, sino en la elevada oferta de emisión pública, que puede erosionar el valor relativo de los títulos en mercado.
En el segmento de deuda corporativa de alta calidad crediticia (investment grade), el diferencial o spread adicional se sitúa en torno a los 70 puntos básicos, lo que supone una prima de riesgo históricamente baja.
Por el contrario, hallamos mayor atractivo en los bonos de mercados emergentes y en la deuda corporativa de alto rendimiento o high yield, donde los diferenciales alcanzan entre 100 y 200 puntos básicos adicionales. En un contexto económico sin repunte de morosidad, esta retribución compensa el riesgo asumido.
Adicionalmente, estos activos presentan una menor duración (entre 3 y 4 años) frente a los bonos soberanos que duplican esa cifra. Una hipotética subida del 1% en los tipos de interés provocaría una minusvalía estimada de solo el 3-4% en estos segmentos frente a caídas superiores en la deuda pública. La rentabilidad del cupón actúa aquí como un amortiguador eficiente ante oscilaciones del mercado.
ING apuesta por tecnología, financieras, emergentes y oro, pero son inversiones que pueden responder a escenarios económicos distintos. ¿Cuál de esas apuestas tiene para ti mayor convicción y cuál retirarías primero si vuelven a repuntar el petróleo y la inflación? Y, sobre todo, ¿qué venderías de una cartera para financiarla?
Para obtener liquidez o financiar rotaciones estratégicas, reduciríamos exposición en compañías defensivas con valoraciones elevadas. Firmas consolidadas de consumo masivo o distribución como Coca-Cola, Walmart o Costco han llegado a cotizar a múltiplos excesivos propios de compañías de alto crecimiento tecnológico, por encima de 40 veces beneficios. Pagar cotizaciones tan elevadas convierte a estos activos defensivos en una cobertura demasiado costosa en términos de coste de oportunidad.
Asimismo, contemplamos reducir peso en dos áreas específicas:
- Sector Salud: Tras haber sido una posición destacada durante los últimos dos años, observamos una desaceleración en el ritmo de crecimiento de sus beneficios y una creciente presión regulatoria con intervención de precios de medicamentos por parte de las autoridades en Europa y EEUU.
- Oro: Aunque cumple su función como activo refugio y mantiene una valoración adecuada, protege principalmente ante escenarios de estanflación o hiperinflación. Si el riesgo principal deriva de un choque de oferta energético, resulta más eficiente utilizar el propio sector energético como activo de protección en la cartera.
ING acaba de entrar en el capital de Singular Bank y prepara su desembarco en la banca privada. ¿Significa este movimiento que una oferta basada principalmente en fondos sencillos y de bajo coste ya no es suficiente para los clientes con más patrimonio? ¿En qué decisiones aporta valor real el asesoramiento y en cuáles solo añade complejidad y comisiones?
La propuesta de ING para la banca privada atiende a dos tipos de necesidades del inversor:
- Operativa autónoma: Necesidades financieras transaccionales o de inversión directa que el cliente puede gestionar de forma independiente mediante una plataforma y catálogo de productos ampliados.
- Asesoramiento patrimonial: Decisiones estratégicas complejas como los "momentos de la verdad" donde la asesoría experta aporta valor añadido, tales como la planificación financiera a largo plazo, la gestión de la volatilidad o la incorporación de activos alternativos e ilíquidos.
Estamos potenciando esta segunda vía de asesoramiento para ofrecer una solución integral. El cliente dispone de autonomía total para gestionar sus posiciones y, simultáneamente, del soporte de especialistas para la estructuración de su patrimonio.
Este desarrollo es independiente de la toma de participación en Singular Bank. La estrategia descrita constituye el eje operativo actual de ING. Singular Bank representa un proyecto distinto con objetivos propios, del cual extraer aprendizajes y posibles complementos puntuales, manteniendo nuestro foco de inversión, capital y equipo en consolidar la propuesta de banca privada dentro de ING.